martes, 20 de diciembre de 2022

Mallorca. Una mirada simbólica

1. Introducción

En días venideros estaremos compartiendo en este espacio algunas entradas del nuevo Cuaderno de la Colección Aleteo de Mercurio 9 titulado: Mallorca. Una mirada simbólica por Mireia Valls y Marc García.

Les adelantamos unas palabras de los autores extraídas de la Introducción al texto:

Los cien capítulos cortos de esta obra son más bien el reflejo fresco de un recorrido vital e interno por una constelación de símbolos que la isla atesora, de un viaje cuyas claves se han ido desvelando con el apoyo de una enseñanza, una geografía significativa y unas costumbres, leyendas y manifestaciones culturales que en última instancia evocan la existencia de otros planos o mundos invisibles –pero reales– más próximos a nuestro Origen.

De modo que este libro, un tanto inclasificable, invita a fluir revisitando lugares, hechos o situaciones que uno ya creía conocer, pero que con la luz del símbolo y el mito adquieren una dimensión mucho más amplia, conectada con ideas universales de las que se va dejando testimonio en estas páginas.

Son pequeños toques de atención, insinuaciones, pistas que animan al habitante-viajero de la isla a redescubrir que detrás de aquello que tantas veces ha visto y oído se esconden posibilidades ocultas que, en última instancia, nos hablan de nosotros mismos. Y de pronto, inesperadamente y de forma asombrosa, ese viaje sobre la piel de la tierra deviene un tránsito por las entretelas de la conciencia, o lo que es análogo, por el alma del mundo.

Y el mar, siempre el mar, en medio del cual emerge una isla. Un prototipo, presente en muchas tradiciones, de una tierra primigenia en la que se desarrolla lo que en el origen era pura potencia, y en la que sus habitantes tienen la oportunidad de conocerse más allá de su personalidad asumida o supuesta. Eso es lo que ha significado para nosotros recorrer estos lugares de Mallorca paso a paso: un viaje hacia adentro utilizando como soporte el espejo de lo que los ojos contemplan y de lo que los oídos escuchan en las leyendas, cuentos y músicas de otros tiempos, reunidos en un presente reiterado. Por lo que ésta es una obra inacabada, tanto para los que la hemos escrito como para los que la quieran tomar como compañera del viaje simbólico al que todos estamos invitados, pues la aventura sólo finaliza cuando se alcanza el origen del cual todo salió.


Imagen:
Un palmeral de Mallorca.

Colección Aleteo de Mercurio 9.
Mallorca. Una mirada simbólica.
Mireia Valls y Marc García.
Ed. Libros del Innombrable, Zaragoza, 2022.



lunes, 5 de diciembre de 2022

Mitos del cielo de otoño

4. Triángulo

Dice Manilio que el Triángulo debe su nombre a su parecido con el polígono de tres lados. Arato lo denomina Delta y destaca el brillo de sus tres estrellas así como que las longitudes de dos de los tres lados son muy semejantes.

Eratóstenes explica que se halla en una posición desde la que corona a Aries, pues al estar dicha constelación zodiacal compuesta por estrellas poco brillantes, el dios Hermes, “encargado de ubicar las diversas constelaciones”, la distinguió con un signo bien visible, “un triángulo, que es la letra inicial del nombre Δtóv” (= Zeus en genitivo). Según otra tradición, el Triángulo representa la figura de Egipto, “país al que el Nilo configuró en dicha forma; el río también ha procurado al país una gran estabilidad, una muy fácil siembra y una recolección de frutos muy favorable cada año”.

Higino añade que, según algunos, el Triángulo tiene la forma de Sicilia, “mientras que para otros, como los antiguos dividieron el mundo en tres partes, se han establecido tres ángulos”.


Imagen:
El Triángulo (Deltoton) coronando a la constelación de Aries. Petrus Apianus, Astronomicum Caesareum.

Colección Aleteo de Mercurio 7.
Mitos del Cielo Estrellado.
Marc García.
Ed. Libros del Innombrable, Zaragoza, 2020.



lunes, 21 de noviembre de 2022

Mitos del cielo de otoño

3. Aries

Como la constelación de la Popa en invierno, Aries nos remite a la gesta simbólica de la conquista del Vellocino de Oro protagonizada por Jasón y los Argonautas. Escribe Eratóstenes:

Fue el carnero que transportó a Frixo y a Hele. Se trataba de un animal inmortal, regalado a los dos niños por su madre, Nefele. Según narran tanto Ferécides como Hesíodo, su lana era de oro. Cuando los llevaba por los aires, dejó caer a Hele sobre la zona más estrecha del mar, que recibió de ella el nombre de Helesponto [hoy en día conocido como los Dardanelos, el estrecho que comunica el mar Egeo con el mar de Mármara], al tiempo que se le cayó uno de sus cuernos. El dios Poseidón salvó a la joven y se unió a ella, con la que tuvo un hijo llamado Peón. El carnero, por su parte, transportó a salvo a Frixo hasta el Ponto Euxino, a casa de Eetes, a quien regaló el vellocino de oro como recuerdo. El carnero ascendió así al cielo, y por eso es una constelación de brillo tenue.

Higino recoge una tradición que relaciona al dios Líber (el Dioniso itálico) con Aries. Se dice que el dios llegó con su ejército a un lugar de África lleno de arena y sin agua. Mientras deliberaban como proseguir la campaña se les apareció un carnero errante que echó a correr huyendo en busca de refugio. Unos soldados lo persiguieron hasta perderlo de vista pero encontraron lo que aún deseaban más, un oasis con una gran cantidad de agua para poder saciarse y recuperar las fuerzas. Corrieron a decírselo a Líber y éste condujo a todo su ejército hasta aquel enclave, en el cual resolvió erigir un templo a Júpiter Amón (Zeus) con una estatua hecha de cuernos de carnero. Líber “representó al carnero al lado de todas las demás constelaciones, de tal modo que, cuando el sol se detiene en este signo, todas las creaciones fortalece (hecho que ocurre en primavera), principalmente porque su huida fortaleció al ejército de Líber. Además, quiso que fuera el primero de los doce signos, porque se convirtió en el mejor guía de su ejército”.

Cornelius y Devereux explican que la figuración de Aries como un carnero se remonta a la astronomía mesopotámica del tercer milenio a.C., y que la constelación de Aries ha estado dedicada en distintos lugares a Atenea, a Zeus y al dios desconocido. El punto vernal estuvo situado en Aries durante los dos milenios anteriores a nuestra era.


Imagen:
Aries. Johann Leonhard Rost, Atlas Portatilis Coelestis. Nuremberg, 1780.

Colección Aleteo de Mercurio 7.
Mitos del Cielo Estrellado.
Marc García.
Ed. Libros del Innombrable, Zaragoza, 2020.



domingo, 6 de noviembre de 2022

Mitos del cielo de otoño

2. Acuario

Es una constelación que es difícil distinguir porque sus estrellas son muy débiles. La brillante Formalhaut de Piscis Australis es el mejor indicador para encontrarla –esta estrella recibe el caudal que el aguador vierte hacia el sur tras describir una gran curva sobre la eclíptica por el noroeste–.

Cornelius explica que los babilonios se figuraban el jarro de Acuario como una urna que se desborda y lo asociaban con su undécimo mes –nuestro enero-febrero–, al que llamaban “el curso de la lluvia”. Los egipcios veían en este asterismo la representación de Hapi, el dios del Nilo encargado de distribuir las aguas vitales del gran río.

Eratóstenes dice que Acuario recibe su nombre por el trabajo que realiza y que otros autores griegos afirman que se trata de Ganímedes, muchacho amado por Zeus y raptado por éste en forma de águila –hecho al que alude la constelación del Águila del cielo de verano– para que fuese su copero y sirviese también a los dioses, alcanzando “un tipo de inmortalidad hasta entonces desconocida entre los hombres”. El agua de Acuario, un río representado por más de treinta estrellas apenas visibles a simple vista, “se asemeja al néctar, que es la bebida de los dioses”.

Higino menciona que el filósofo Hegesias relacionaba a la constelación con Deucalión, rey de Tesalia, hijo de Prometeo y esposo de Pirra bajo cuyo reinado Zeus decidió poner fin a la edad de bronce con un gran diluvio. Deucalión y Pirra se refugiaron en un arca que aquél construyó por consejo de Prometeo en la que estuvieron navegando durante nueve días y nueve noches. Al término del diluvio volvieron a tierra firme y resolvieron consultar al oráculo de Delfos –entonces regentado por la diosa Temis– sobre cómo repoblar la tierra. El oráculo les respondió que debían arrojar los huesos de su madre por encima de su hombro. Deucalión y Pirra comprendieron que su madre era Gea, y los huesos, las rocas, por lo que se pusieron a tirar piedras a sus espaldas. Y éstas se iban convirtiendo en seres humanos, las lanzadas por Deucalión en hombres y las de Pirra en mujeres.

Cuenta también Higino que el comediógrafo ateniense Eubulo sostenía que Acuario representa al mítico rey Cécrope o Erecteo del Ática, nacido sobrenaturalmente con cabeza y torso de hombre y mitad inferior del cuerpo con forma de serpiente, el cual reinó sabiamente durante un largo tiempo sobre las gentes del Ática antes de que se diera a conocer el vino a los humanos, razón por la cual “se utilizaba agua en los sacrificios de los dioses”.


Imagen:
Acuario derramando el líquido de su vasija sobre la estrella Formalhaut de Piscis Australis. Zacharias Born-mann, Astra. Bratislava, 1596.

Colección Aleteo de Mercurio 7.
Mitos del Cielo Estrellado.
Marc García.
Ed. Libros del Innombrable, Zaragoza, 2020.



viernes, 21 de octubre de 2022

Mitos del cielo de otoño

1. Piscis Australis

Según Eratóstenes, este asterismo representa a un gran pez que remonta el chorro de agua que mana de Acuario. También se dice que al principio vivía en una laguna cerca de la antigua ciudad de Bámbice (la actual Manbij) en la que se veneraba a la diosa siria Atargatis –análoga a la griega Dérceto, hija de Afrodita–, diosa con forma de pez y con cabeza, brazos y pechos de mujer. Cierta noche la diosa cayó al agua de la laguna y este pez la salvó. Se cuenta además que los dos peces de la constelación de Piscis son nietos del gran pez austral.

Manilio explica que se trata del Pez Notio, el cual se llama así porque sale por la parte del viento Noto –también llamado Austro y Ábrego, o sea el viento del sur–, y que

junto a él fluyen los ríos sinuosos de estrellas dando enormes vueltas: Acuario junta sus aguas con las fuentes del otro río [el Eridano] uniéndose en el centro y mezclando sus estrellas.


Higino observa que el pez parece recibir con su boca el agua procedente de Acuario y que se cree que una vez salvó a Isis cuando ésta se encontraba en peligro, siendo la diosa quien colocó en su imagen y la de sus hijos en el cielo como agradecimiento. El autor añade que éste sería el motivo por el que “muchos sirios no comen peces y rinden culto a sus estatuas doradas, como si de dioses penates se trataran”.

Pisicis Australis, o Austrinus, está compuesta por estrellas débiles con la excepción de la blanca Formalhaut (de magnitud 1), situada sobre la boca del pez –eso es precisamente lo que significa su nombre de origen árabe–. Es la estrella más brillante del cielo de otoño y ha sido, tradicionalmente, una de las más importantes para la navegación. A nuestra latitud se la ve baja sobre el horizonte. Explica Cornelius que la condición de Formalhaut como estrella más brillante al sur de la eclíptica hizo que en la antigua cultura mesopotámica formase parte de las cuatro Estrellas Reales u “observadores celestiales”: Régulo de Leo, Aldebarán de Tauro, Antares de Escorpio y Formalhaut de Piscis Australis –vinculada por su mito a Acuario–. Estas cuatro estrellas y las constelaciones zodiacales con las que se relacionan (Leo, Tauro, Escorpio y Acuario) son los extremos de una cruz que divide a la bóveda celeste en cuatro cuadrantes. Además, cada uno de los signos zodiacales homónimos se vincula con un elemento de la alquimia (Leo con el fuego, Tauro con la tierra, Acuario con el aire y Escorpio con el agua).


Imágenes:
1. Piscis Australis. Johannes Regiomontanus, Kalendarius teütsch Maister Joannis Küngspergers. Augsburgo, 1512.
2. Pisicis Australis. Globo celeste de Gerardo Mercator. Lovaina, 1551.

Colección Aleteo de Mercurio 7.
Mitos del Cielo Estrellado.
Marc García.
Ed. Libros del Innombrable, Zaragoza, 2020.



domingo, 9 de octubre de 2022

Nuestro destino es nuestro origen

Con el derrocamiento de Cronos-Saturno se abre un ciclo en el que el hombre está llamado a recordar su verdadera Identidad y su Origen divino, reconociendo (recordando) en él su auténtico Destino. Uniendo en sí mismo principio y fin, se cierra un ciclo, paradójicamente sin solución de continuidad, accediendo a través de la renovación perpetua al ámbito de lo eterno. Ouros significa en griego “guardián”, y boros “que devora”, siendo así el Ouroboros el guardián del Ser del Tiempo.


Hay víboras de dos cabezas y es sabido por los campesinos que las serpientes no se matan con cuchillo pues su cuerpo vuelve a regenerarse, sino simplemente con un golpe en la cabeza. El Ouroboros es una serpiente que se muerde la cola, indicando la resurrección de los cuerpos y por supuesto de las almas. Es también la imagen del tiempo y por ello asimismo de la eternidad (Platón, Timeo, 37d), simbolizando la rueda del mundo en acción (1).

Notas:
1. Federico González Frías, Diccionario de Símbolos y Temas Misteriosos, entrada: “Ouroboros”.

Colección Aleteo de Mercurio 4.
En el Taller Hermético. Notas y bocetos alquímicos.
Ana Contreras.
Ed. Libros del Innombrable, Zaragoza, 2018.



lunes, 19 de septiembre de 2022

El elixir de larga vida

Elixir es el nombre que se da en la Alquimia a la coagulación del Conocimiento en distintos grados, o mundos. Toma también el nombre de “Elixir de larga vida” por sus efectos sobre el alquimista; la conquista de la Verdad, así como la perpetuación de ésta en el tiempo y en todo lo creado (1).


Así pues, el metal de los filósofos es su elixir perfecto y cumplido de espíritu, de cuerpo y de alma (2).

Notas:
1. Federico González Frías, Diccionario de Símbolos y Temas Misteriosos, entrada: “Elixir”.
2. Nicolas Flamel, El deseo deseado, “Sexta palabra de los Filósofos”.

Colección Aleteo de Mercurio 4.
En el Taller Hermético. Notas y bocetos alquímicos.
Ana Contreras.
Ed. Libros del Innombrable, Zaragoza, 2018.



martes, 6 de septiembre de 2022

El cuerno de la abundancia

Dicen que Aqueloo, “Príncipe de los ríos, el Grande”, como lo describe Pausanias en su Descripción de Grecia, nace del desconsolado llanto de Niobe, cuya soberbia es vengada por los ofendidos hijos de Leto, Apolo y Artemisa, quienes con sus flechas matan a toda su prole menos a un hijo y una hija.

Su nombre en griego significa “el que huye de su pesar”, y aparece representado ya como un anciano, ya como un joven, con barba, cuernos, y cuerpo de serpiente. “Por sus tupidas barbas caían los chorros de una fuente manantial” (1).

Se cuenta que en su disputa con Heracles por Deyanira, Aqueloo, durante sus múltiples metamorfosis, pierde uno de sus cuernos, y que “las náyades lo llenaron de frutos y de flores olorosas y lo consagraron al dios, y la Bienhechora Abundancia es rica con [su] cuerno” (2).

La cornucopia o cuerno de la abundancia es símbolo de fertilidad y uno de los atributos de Hermes y de sus adeptos. De ella se derrama el Oro que el Niño también simboliza como nuevo estado de la conciencia y portador de Bienes procedentes del Cielo.

Dicen que de su unión con Melpómene nacen las sirenas, aladas guardianas de los estados superiores de la conciencia, quienes impiden a los navegantes el paso hacia la Isla del Sol, o Isla de los Bienaventurados, engañándoles con su canto, pues ningún mortal que no sea digno de ello tiene acceso a lo que está mas allá del Sol.

Digo mis misterios a los que son dignos de mis misterios (3).


Notas:
1. Sófocles, Las traquinias, 1-48.
2. Ovidio, Las metamorfosis, Libro IX, “Aqueloo y Hércules”.
3. Antonio Piñero, Todos los Evangelios, Evangelio de Tomás.

Colección Aleteo de Mercurio 4.
En el Taller Hermético. Notas y bocetos alquímicos.
Ana Contreras.
Ed. Libros del Innombrable, Zaragoza, 2018.



viernes, 26 de agosto de 2022

Volver al Sí Mismo

Peregrinar es buscar nuestro propio fantasma, nuestra sombra, o sea, al otro, oculto en los repliegues más profundos de nuestro ser. Peregrinar es volver al sí mismo, entender que toda la historia es siempre anecdótica, que el mundo es un conjunto especular de fenómenos, seres y cosas, que se refieren a uno mismo. La peregrinación es una imagen en pequeño del viaje que todos realizamos en la vida; peregrinar es ser en la medida en que fuimos de acuerdo al camino que vamos trazando respecto a un centro fijo. Ir y volver son dos aspectos de una misma y única mecánica (1).


Notas:
1. Federico González Frías, Diccionario de Símbolos y Temas Misteriosos, entrada: “Peregrinar”.

Colección Aleteo de Mercurio 4.
En el Taller Hermético. Notas y bocetos alquímicos.
Ana Contreras.
Ed. Libros del Innombrable, Zaragoza, 2018.



sábado, 6 de agosto de 2022

La iniciación

Traspasar el umbral de una puerta es pasar de un espacio a otro, de la intemperie salvaje a la protección ordenada. Esto es claro en el caso del templo donde ese traslado va de lo profano o exterior, a lo sagrado o interno. Éste es un símbolo fundamental de lo que significa el paso de un mundo a otro mundo, de un estado a otro, y por lo mismo vinculado directamente con la iniciación (1).

Nacer a una nueva visión es pasar de la oscuridad a la Luz, y tiene que ver, en mayor o menor medida, con una identificación con la Unidad que se va produciendo gradualmente a medida que se asciende por la escala del Conocimiento.

Por la “puerta de los hombres” se nace o entra en el cosmos. [...] Por la Iniciación, el cosmos, con todos sus mundos y planos, aparece como la auténtica casa o morada del ser humano, en la cual ya no se siente extraño o ajeno, pues ha muerto al hombre viejo, y se ha reintegrado al latir del ritmo universal, del que forma parte (2).


Notas:
1. Federico González Frías, Diccionario de Símbolos y Temas Misteriosos, entrada: “Puerta”.
2. Federico González y colaboradores, Introducción a la Ciencia Sagrada, Programa Agartha, mod. I, “Las columnas y la puerta”.

Colección Aleteo de Mercurio 4.
En el Taller Hermético. Notas y bocetos alquímicos.
Ana Contreras.
Ed. Libros del Innombrable, Zaragoza, 2018.



martes, 19 de julio de 2022

A los Lares, Manes y Penates

Mediante la oración diaria del corazón
invocamos vuestra sutil presencia,
Lares, Manes y Penates.
Brindamos por vosotros gozando
de vuestra benéfica compañía y protección
que mantiene el fuego interno encendido.

¡Compañeros de la virginal Hestia!
que ocupan conjuntamente el centro invisible
de todo hogar desde donde realizan sus tareas domésticas;
yendo y viniendo, subiendo y bajando,
traen bienes, alegría, paz y unión.
Mediante alimentos y sacrificios
os expresamos nuestra gratitud,
por propiciar el ágape que mantiene unida a la familia del espíritu.

A los Lares pan, aceite y miel.
¡Ágiles hijos de la ninfa Lara y el alado Mercurio!,
que habiendo heredado la naturaleza de vuestro padre,
os encargáis de velar en las encrucijadas.
Presentes en el día a día y en toda celebración,
procurando siempre la cohesión.

¡Que no falten las violetas y las rosas a los queridísimos Manes!
¡Los Benévolos!
Ninguno de vosotros será olvidado,
puesto que permanecen por siempre vivos en la Memoria.

También os cantamos a vosotros, Penates.
¡Hermosos démones alados!
Que nos raptáis de vez en cuando hacia otros mundos.
Se os dedica la sal, ¿será porque simbolizáis la unión?

Dice Federico, nada menos, de vosotros:
“¿Qué sería del orbe sin la protección de los penates que,
por ventura, han subsistido?”


La cita es de Federico González Frías, Diccionario de Símbolos y Temas Misteriosos.

Colección Aleteo de Mercurio 6.
Himnos del Agartha.
Textos del Ateneo del Agartha.
Ilustraciones de Ana Contreras.
Ed. Libros del Innombrable, Zaragoza, 2019.



martes, 5 de julio de 2022

A Jano

En la quietud del solsticio eres invocado,
oh Jano, en el único y dilatado instante
en que se hace audible el llamado
que del Sí mismo brota
rompiendo el silencio con un humilde llanto.

Acepta mi ofrenda y ábrase tu corazón, la puerta,
la que mira de frente, la que mira a los ojos,
la que todo lo abarca y en eterno presente
transmuta mi pensamiento.

En el crujir de una rama o el murmullo del agua,
en el suave aleteo o el crepitar del fuego,
me reconozco y me entrego porque no hay mañana.
Tu mensaje está en el éter y se hacen eco los bardos
que la Eternidad cantan más allá de las palabras
para que la puerta se abra
y la visión trascienda lo que la vista engaña.

Nada queda pendiente
cuando en tu seno me acoges, oh Bifronte
entre pasado y futuro,
ardiendo en tu ara toda sombra de vanidad.

No es hoy sino siempre:
allá donde me detenga y a lo inaudible preste oído
y erguido como tu herma cierre los ojos y vea
el camino que me indicas
sin más señas que el silencio.


Colección Aleteo de Mercurio 6.
Himnos del Agartha.
Textos del Ateneo del Agartha.
Ilustraciones de Ana Contreras.
Ed. Libros del Innombrable, Zaragoza, 2019.



lunes, 27 de junio de 2022

Para cerrar la puerta y abrirla

No nos olvidamos en estos cantos de los dioses tutelares y protectores del hogar, los Lares; tampoco de los Manes o almas de los difuntos ni de los démones que habitan cada pequeño segmento del universo que se conocen como Penates. A todos ellos un vívido recuerdo y ofrendas diarias.


Y, contigo, Jano, (...) tú que portas las llaves, el que abre y cierra las puertas solsticiales, el que tiene la barca preparada para navegar por los ciclos perpetuos y para emprender rumbo al viaje sin retorno. Estamos un tanto fatigados de tantas reiteraciones, mirando ora al pasado, ora al futuro, por eso ponemos toda la concentración e ímpetu en atravesar ese tercer rostro invisible que nos libere de todos estos, esos o aquellos y por supuesto del yo egótico que nos aprisiona, incluso del nosotros, para fundirnos, sin confusión, en el Océano de lo Eterno e Infinito.

Colección Aleteo de Mercurio 6.
Himnos del Agartha.
Textos del Ateneo del Agartha.
Ilustraciones de Ana Contreras.
Ed. Libros del Innombrable, Zaragoza, 2019.



lunes, 20 de junio de 2022

Hunab Ku

Creían los indios de Yucatán que había un dios único,
vivo y verdadero, que decían ser el mayor de los dioses,
y que no tenía figura ni se podía representar por ser incorpóreo.
A éste llamaban Hunab Ku, y decían que de él procedían todas las cosas;
y como era incorpóreo no lo adoraban con imagen alguna, ni la tenían de él.
Tenía un hijo a quien llamaban Hun Itzamná o Yax Coc Ah Mut.

Este dios era mayor que todos los otros, y le llamaban también Kinch Ahau.
Era casado y su mujer fue inventora del tejer las telas de algodón con que se vestían.
Por eso la adoraron por diosa, y la llamaban Ix Azal Voh.
El hijo del dios único, que llamaban Itzamná, tengo por cierto que fue el [mismo]
que entre ellos inventó primero los caracteres que servían de letras a los indios;
porque a éste le llamaban también Itzamná, y lo adoraban por dios.


Relato mítico de los mayas yucatecos, compilado por Samuel Feijóo en Mitología americana. Mitos y leyendas del Nuevo Mundo.

Colección Aleteo de Mercurio 3.
Entre el No Ser y el Ser. Antología para hamacados.
Selección de Marc García.
Fotografías de Lucrecia Herrera.
Ed. Libros del Innombrable, Zaragoza, 2017.



domingo, 5 de junio de 2022

El lugar donde estaba el cielo

En el año y en el día de la oscuridad y tinieblas, antes que hubiese días, ni años,
estando el mundo en grande oscuridad, que todo era caos y confusión,
estaba la tierra cubierta de agua, sólo había limo y lama sobre la haz de la tierra.
En aquel tiempo, dicen los indios que aparecieron visiblemente un dios que tuvo por nombre “un ciervo”, y por sobrenombre, “culebra de león”; y una diosa muy linda y hermosa, cuyo nombre era “un ciervo” y por sobrenombre “culebra de tigre”.
Estos dos dioses dicen haber sido principio de los demás dioses que los indios tuvieron. Luego que aparecieron estos dos dioses en el mundo, y con figura humana,
cuentan las historias de esta gente, que en su omnipotencia y sabiduría
hicieron y fundaron una grande Peña [sacándola fuera del agua]
sobre la cual edificaron unos muy suntuosos palacios, hechos con grandísimo artificio, adonde fue su asiento y morada en la tierra. Encima de lo más alto de la casa y habitación de estos dioses estaba una hacha de cobre, el corte hacia arriba, sobre la cual estaba el cielo.


Esta peña y palacios de los dioses estaba en un cerro muy alto, junto al pueblo de Apoala que está en la provincia que llaman Mixteca Alta. Esta peña en lengua de la gente tenía por nombre “lugar donde estaba el cielo”. [Quisieron significar en esto, que era lugar de paraíso y gloria, donde había suma felicidad y abundancia de todo bien, sin haber falta de cosa alguna. Éste fue el primer lugar que los dioses tuvieron para su morada en la tierra, adonde estuvieron muchos siglos en lugar ameno y deleitable, estando en este tiempo el mundo en oscuridad y tinieblas...]

De un mito mixteco de la creación. En: Walter Krickeberg, Mitos y leyendas de los aztecas, incas, mayas y muiscas.

Colección Aleteo de Mercurio 3.
Entre el No Ser y el Ser. Antología para hamacados.
Selección de Marc García.
Fotografías de Lucrecia Herrera.
Ed. Libros del Innombrable, Zaragoza, 2017.



sábado, 21 de mayo de 2022

Las bendiciones del Gran Misterio

Para nosotros, las grandes llanuras abiertas, las hermosas
colinas onduladas y los ríos serpenteantes y de curso enmarañado,
no eran salvajes. Sólo para el hombre blanco era salvaje la naturaleza,
y sólo para él estaba la tierra infestada de animales salvajes y gentes bárbaras.

Para nosotros era dócil. La tierra era generosa
y estábamos rodeados de las bendiciones del Gran Misterio.
Para nosotros no fue salvaje hasta que llegó el hombre velludo del este
y con brutal frenesí amontonó injusticias sobre nosotros y las familias que amábamos. Cuando los mismos animales del bosque empezaron a huir de su proximidad,
entonces empezó para nosotros el Salvaje Oeste.


De Luther Oso Erecto, jefe sioux. Texto de la antología Madre Tierra, Padre Cielo, compilada por J. E. Brown.

Colección Aleteo de Mercurio 3.
Entre el No Ser y el Ser. Antología para hamacados.
Selección de Marc García.
Fotografías de Lucrecia Herrera.
Ed. Libros del Innombrable, Zaragoza, 2017.



jueves, 5 de mayo de 2022

La madre de nuestras semillas

En el comienzo, la madre de nuestros cantos, la madre de nuestras semillas nos hizo nacer, por lo cual es la madre de todo tipo de nombres, la madre de todas las naciones.
Es madre del trueno, madre de los arroyos, madre de los árboles y de las cosas.
Es madre del mundo y de los hermanos mayores, la gente de piedra.
Es madre de los frutos de la tierra y de todas las cosas.
Es la madre de los hermanos menores, los franceses y los extranjeros.
Es la madre de los adornos que usamos para la danza en todos nuestros templos y es la única madre que poseemos.
Sólo ella es madre del fuego, del Sol y de la Vía Láctea...
Es madre de la lluvia y la única madre que poseemos.
Y nos ha dejado un recuerdo en todos los templos..., un recuerdo en forma de cánticos y danzas.

A ella no se rinde culto ni se le dirigen oraciones en forma directa,
pero cuando los campos se han sembrado y los sacerdotes cantan sus hechizos,
los Kagaba dicen: “... entonces pensamos en la única y sola madre de las cosas que crecen, en la madre de todas las cosas”. Se ha registrado esta oración:
“Madre nuestra de los campos florecientes, madre nuestra de los arroyos, ten piedad de nosotros. ¿A quién pertenecemos? ¿De quién somos semillas? Sólo pertenecemos a nuestra madre”.

Enseñanzas del pueblo kagaba de Colombia citadas por Mircea Eliade en Dioses, Diosas y Mitos de la Creación.

Colección Aleteo de Mercurio 3.
Entre el No Ser y el Ser. Antología para hamacados.
Selección de Marc García.
Fotografías de Lucrecia Herrera.
Ed. Libros del Innombrable, Zaragoza, 2017.



miércoles, 20 de abril de 2022

El teatro actual

2. Ritos y ceremonias sagradas

Entre la documentación recopilada en el libro Tres Teatro Tres (1), encontramos información precisa acerca de un grupo de teatro con intereses iniciáticos y por eso mismo metafísicos. En un mensaje con fecha del tres de enero de dos mil diez dirigido a los miembros de la compañía, el director explica que “el teatro y la actuación en general, basada en el espectáculo constante en que se vive, puede hacer salir del sueño tomando conciencia de ello, optando por el camino del despertar que a veces es negación, ejemplo: no soy esto, no soy aquello, ni eso, ni él, ella, o lo que tales consideran la realidad” (2).

Además, los miembros de esta entidad encriptada, al igual que encriptado es aquello mismo que representa, combinan la escenificación ritual con otras disciplinas. El objetivo “es obtener la atención concentrada, la reminiscencia y recuerdo de uno mismo, y el conocimiento de los secretos cosmogónicos, de cara a abordar la metafísica y la contemplación efectuando determinadas prácticas y ejercicios, como el estudio y la meditación, e igualmente el cultivo de ciertas potencias anímicas en relación con las imágenes visuales y mentales que se producen en nosotros y que actúan como despertadores de conciencia” (3). De este modo, cada quien dispone de las herramientas necesarias con las que ir afinando gradualmente su actuación en el Gran Teatro del Mundo, "produciéndose cada vez por medio de transmutaciones, muertes y nacimientos, una concepción totalmente nueva del Universo que se expresará en todos los ámbitos de la vida de un modo permanentemente nuevo y de una forma que algunos podrían tildar de Teúrgica” (4).

“Las armas estratégicas son la fe y la paciencia en los momentos en que por muy distintos motivos éstas son imprescindibles” (5). “Y todo esto casi sin que el propio actor se entere de que está siendo así, trabajando no para un supuesto espectador sino fundamentalmente para sí mismo” (6).

En la realización de la Obra Teúrgica hay cierta teatralidad, se trate o no de ceremonias propiamente dichas. Esto es efectivamente lógico si se considera que el adepto es sacado totalmente de su condicionamiento puesto que sus valorizaciones son ya otras, al punto que la programación que le servía hasta el momento no es válida para diferentes espacios mentales y distintos tiempos internos. Esto produce una contradicción, un drama (o comedia), en la psiqué del chaman (actor), un auténtico psicodrama que incluye a veces extraños comportamientos o actitudes inhabituales, no sólo para los demás, sino para el mismo mago (intérprete), inmovilizado de asombro. En el entrenamiento del arte de percibir la teatralidad constante de la vida se presiente y comienza a recorrer una superestructura que la comprende a ésta, la cual, sin embargo, no es distinta de ella, aunque constituye un espacio otro (7).

Entre el repertorio de obras representadas por esta tropa teatral adscrita a la Tradición Hermética, se encuentra Noche de Brujas, auto sacramental en dos actos escenificado en el solsticio de verano. En palabras del personaje introductor a este vuelo: “un aquelarre auténtico donde la magia y la teúrgia se dan la mano para fecundar nuestro mundo” (8). O sea, un rito como los que se celebraban en la Edad Media y Renacimiento, cuya estructura remite a cultos y prácticas mágicas que tienen lugar en el viejo continente desde muy antiguo, referentes a la fecundación de la Gran Madre Tierra por parte de las energías uránicas, manifestadas a través de los ritmos y ciclos cósmicos. Se trata entonces de las nupcias entre el Cielo y la Tierra, lo que tanto el Diablo, ejecutor permanente de órdenes divinas, como las brujas que lo invocan, se encargan de representar con total efectividad y desasimiento.


Todo consiste en dejarse llevar por la Magia de la actuación y el discurso, lo que no es poca cosa “dada la índole esotérica del mismo y su difícil comprensión, puesto que no hay las pausas suficientes para analizarlo lógicamente, lo cual, por otra parte, es lo que se trata de romper” (9). Así lo explica el autor y director de la obra, Federico González Frías, en otro mensaje a los integrantes de la compañía, donde también puntualiza el modo en que son efectivas estas prácticas:

El nuestro es un teatro de actores y para actores así como el rito es fundamentalmente para aquellos que lo ejercitan y sólo secundariamente intervienen en él los que lo observan de lejos, y sólo en la medida en que se abandonan y lo siguen es válida esa participación (10).

Notas:
1. Federico González Frías. Tres teatro tres. Ed. Libros del Innombrable, Zaragoza, 2011.
2. Ibíd.
3. Federico González y col. Introducción a la Ciencia Sagrada. “La labor cotidiana”. Ed. Symbolos, Guatemala, 2003.
4. Federico González Frías. Tres teatro tres, ibíd.
5. Ibíd.
6. Ibíd.
7. Federico González. Simbolismo y Arte. “Arte Teúrgica. Ed. Libros del Innombrable, Zaragoza, 2004.
8. Federico González. Noche de Brujas, auto sacramental en dos actos. Ed. Symbolos, Barcelona, 2007
9. Federico González Frías. Tres teatro tres, ibíd.
10. Ibíd.

Imagen:
Representación de Noche de Brujas, 2008.

Colección Aleteo de Mercurio 8.
Teatro Sagrado. El juego mágico de la Memoria o el arte de percibir la teatralidad de la vida.
Carlos Alcolea.
Ed. Libros del Innombrable, Zaragoza, 2021.



martes, 5 de abril de 2022

El teatro actual

1. Ritos y ceremonias sagradas

El Teatro es una de las artes tradicionales de realizar un trabajo de transmutación interna; por eso es sagrado en muchas civilizaciones y culturas, entre ellas la griega que lo ponía bajo el patrocinio de Talía y Melpómene, la comedia y la tragedia, las dos carátulas de la escena griega (1).


En los años treinta del siglo pasado, Antonin Artaud, actor, director y autor teatral con cualidades notorias, escribe unos manifiestos que tendrán una considerable repercusión en el teatro de occidente. Entre otras cosas, explica que el objeto del teatro “no es resolver conflictos sociales o psicológicos, ni servir de campo de batalla a las pasiones morales, sino expresar objetivamente ciertas verdades secretas, sacar a la luz por medio de gestos activos ciertos aspectos de la verdad que se han ocultado en formas en sus encuentros con el devenir” (2). Propósito al que apunta igualmente Peter Brook, autor y director artístico que en su trayectoria cuenta con haber dirigido una adaptación para teatro y cine de El Mahabharata, epopeya mítica de la tradición hindú que comienza con Vyasa, el escriba divino revelándole a un niño el poema que acaba de escribir: “la historia poética de la humanidad”, acerca de la cual le dice: “si escuchas con atención, al final serás una persona diferente”.

Tanto Brook como Artaud, reconocen en el teatro un método efectivo de realización trascendente, una vía de comunicación con lo sobrenatural, el “tuteo reiterado con los dioses” (3). Ahí está como referente conocido el teatro balinés, el Kathakali y el Noh japonés en su constante necesidad de rememorar y actuar el mito, como procedimiento real de reproducir en la cinta de lo que transcurre, lo que está más allá del tiempo.

La realidad visible oculta otra invisible a la que simboliza, pero como dice Peter Brook, “comprender la visibilidad de lo invisible es tarea de una vida. El arte sagrado es una ayuda a esto, y así llegamos a una definición del teatro sagrado. Un teatro sagrado no sólo muestra lo invisible, sino que también ofrece las condiciones que hacen posible su percepción” (4). En las ceremonias mágicas juegan ideas arquetípicas, entidades universales materializan, y su arrebatadora presencia induce al entusiasmo y al rapto mistérico.


Notas:
1. Federico González Frías. Diccionario de Símbolos y Temas Misteriosos, entrada: “Teatro”. Ed. Libros del Innombrable, Zaragoza, 2013.
2. Antonin Artaud. El teatro y su doble. Ed. Edhasa, Barcelona, 1990.
3. Federico González. Antología. “Mayéutica”. Libros del Innombrable, Zaragoza, 2008.
4. Peter Brook. El espacio vacío. Ed. Nexos, Barcelona, 1986.

Imágenes:
1. Ilustración Sarcófago de las Musas, detalle Talía y Melpómene, s. II d.c. Museo del Louvre.
2. Publii Virgilii Maronis. La reina Amata y su hija Lavinia bailando con las Bacantes. Alecto volando en el aire en dirección a Juno.

Colección Aleteo de Mercurio 8.
Teatro Sagrado. El juego mágico de la Memoria o el arte de percibir la teatralidad de la vida.
Carlos Alcolea.
Ed. Libros del Innombrable, Zaragoza, 2021.



sábado, 19 de marzo de 2022

El teatro en el Renacimiento

2. El Teatro de la Memoria

La Idea del Teatro es el título de la obra que Giulio Camillo diseñó, tomando como modelo un teatro al modo clásico con siete gradas, cada una de las cuales está dividida en otras tantas porciones y distintas escenas con los dioses y diosas celestes y ctónicos en combinación con nombres cabalísticos, signos, constelaciones zodiacales, elementos, planetas, metales, estados, situaciones, etc., etc. El propio Camillo reconoce haberse “esforzado por hallar, para estas siete dimensiones, un orden adecuado, preciso y diferenciado que mantenga siempre los sentidos despiertos, y la memoria, estimulada” (1). Para ello el espectador ha de situarse en el centro del escenario, desde donde contempla el conjunto de la creación.

Siguiendo el orden de la creación del mundo, situaremos en los primeros grados las cosas más simples o de mayor dignidad, o bien las que podamos imaginar que van, por disposición divina, antes que las demás cosas creadas. A continuación, colocaremos de grado en grado las que las siguen sucesivamente, de tal modo que el séptimo, o sea, el último grado superior, albergará todas las artes y capacidades sujetas a regla, no por su poca importancia, sino por una razón cronológica, ya que son las últimas que los hombres han descubierto (2).

Partiendo de la designación de ciertos nombres de poder cabalísticos recogidos del Árbol de la Vida, se invoca con ellos a los siete dioses: siete Potencias invisibles que materializan adoptando el aspecto de planetas –que son, por así decir, sus máscaras–, si bien se muestran en un orden que difiere en la forma conocida cabalística sin desviarse de lo esencial. Lo que se busca es activar la facultad de la Memoria

a través de símbolos, señales, códigos, talismanes, etc. que, como por ejemplo el Árbol de la Vida Sefirótico, vinculan simpáticamente los distintos órdenes de la realidad, los que se tornan conscientes en el alma del teúrgo. Este, a la vez que redescubre que la estructura de su psiqué es una con la del modelo simbólico con que trabaja –lo que le da la oportunidad de conocerse–, también advierte la posibilidad de actuar como reverberador de todas las secretas relaciones del diseño universal (3).


Los antiguos guardan la costumbre, nos dice Giulio Camillo, de transmitir bajo ocultos velos los secretos de Dios. Velos que enmascaran lo que sólo a unos pocos se les permite reconocer, mientras que los demás únicamente pueden conocerlo mediante parábolas “para que viendo no vean y oyendo no entiendan” (4). Sabiendo entonces que no es posible concebir lo infinito e innombrable si no es por medio de símbolos y signos, propone que nos hemos de valer de ellos para elevarnos a aquello que está fuera del alcance de los sentidos, “a fin de que a través de las cosas visibles, nos elevemos a las invisibles” (5). Obviamente hemos de aprender entonces qué son los símbolos, lo que cada cual representa y las relaciones igualmente simbólicas que pueden establecerse entre sí, todo un entramado significativo y coherente que cohesiona y da sentido a la creación.

Notas:
1. Giulio Camilo. La Idea del Teatro, Ed. Siruela, Madrid, 2006.
2. Ibid.
3. Federico González y Mireia Valls. Presencia Viva de la Cábala II. “Giordano Bruno”. Ed. Libros del Innombrable, Zaragoza, 2013.
4. Mt. 7, 6 y 13, 11-14.
5. Giulio Camilo. La Idea del Teatro, ibíd.

Imágen:
Giulio Camillo. Diseño Teatro de la Memoria.

Colección Aleteo de Mercurio 8.
Teatro Sagrado. El juego mágico de la Memoria o el arte de percibir la teatralidad de la vida.
Carlos Alcolea.
Ed. Libros del Innombrable, Zaragoza, 2021.



viernes, 4 de marzo de 2022

El teatro en el Renacimiento

1. El Teatro de la Memoria

La memoria del Sí Mismo deja un rastro invisible en aquellos que han tenido la gracia de presentirla, lo que los incita, en el tiempo, a hallarla nuevamente. Recuperar dicha memoria es fundamental y debe hacerse todo para eso. Componente esencial de la vida del ser humano, sin la cual no pueden fijarse los conceptos más existenciales, pues sin ella somos incapaces de recordar, ni siquiera, el ritmo de nuestras actividades motoras, tan ensamblado está el todo en el ser humano; igualmente éste en el Universo, un conjunto análogo de características más amplias (1).


Se dice que Zeus concibió a las Musas en sagrada unión con Mnemosine, la Memoria, en nueve noches distintas, número circular que simboliza la totalidad. Teniendo en cuenta la creencia de que aquéllas revelan a los hombres las Artes y Ciencias, mediante las cuales afinar nuestra participación en el concierto universal, no es de extrañar que los antiguos considerasen a la memoria una entidad superlativa, reveladora de la auténtica y oculta naturaleza del plano de realidad que se percibe ordinariamente, un entramado de símbolos vivos y actuantes. Nada que ver con la acostumbrada “multiplicación horizontal de gestos indefinidos que se realizan en forma mecánica –casi sin que lo queramos– y que nada dice a nadie en razón de la autocensura que trae aparejada el entrenamiento que la sociedad contemporánea nos otorga” (2). Afortunadamente es posible otra manera de encarar la creación y nuestro papel en ella, “una expresión directa de los principios, las fuerzas y las energías originales” (3) que toman cuerpo en formas impactantes y se imprimen con imborrable fijeza, tal cual lo representan las imágenes que pueblan las distintas cosmovisiones con sus númenes de aspecto sobrecogedor. Del Thot egipcio al Hermes griego, del Mercurio romano al Quetzalcoátl mesoamericano y al Wotan u Odín nórdico, todos son una sola y única entidad: el escriba divino –poeta y guerrero–, encargado de la correspondencia entre la divinidad y el hombre, para lo cual no se priva de realizar escaramuzas si con ello logra sus propósitos. A decir verdad, existe una tropa impresionante de dioses y héroes míticos civilizadores, cuyas gestas son evocadas en el escenario de la conciencia donde actúan cabalmente disfrazados para la ocasión.

Cicerón afirma (De Oratore II, 88, 359), que es útil poner máscaras teatrales a los conceptos hasta transformarlos en imágenes activas en nuestra memoria (4).


Los dioses y diosas en sus reinos celestes e infernales, así como los de los mundos intermediarios, han de poder ser recordados y traídos al presente con viveza y precisión. De modo que estas entidades enigmáticas se presentarán siempre con sus respectivos atributos, en el argot teatral el atrezzo, que junto con el vestuario y demás aparato escénico que las acompaña, definen su categoría y su correspondiente función, es decir a qué reino pertenecen y qué papel encarnan en la gran obra de Dios que es la Cosmogonía.

Notas:
1. Federico González Frías. Diccionario de Símbolos y Temas Misteriosos, entrada: “Memoria”. Ed. Libros del Innombrable, Zaragoza, 2013.
2. Federico González. El Simbolismo Precolombino. Cosmogonía, Teogonía, Cultura. Ed. Libros del Innombrable, Zaragoza, 2016.
3. Ibíd.
4. Giulio Camilo. La Idea del Teatro. Ed. Siruela, Madrid, 2006.

Imágenes:
1. Antón Raphael Mengs. Parnaso. Apolo, Mnemosine y las Musas, 1761. Museo Hermitage.
2. Sarcófago con las Musas, detalle, 280-290 d.C. Museo Nazionale Romano Palazzo Mássimo.

Colección Aleteo de Mercurio 8.
Teatro Sagrado. El juego mágico de la Memoria o el arte de percibir la teatralidad de la vida.
Carlos Alcolea.
Ed. Libros del Innombrable, Zaragoza, 2021.



sábado, 19 de febrero de 2022

5. El teatro en el Renacimiento

La Magia en la época Isabelina

En el Renacimiento existen grupos herméticos y organizaciones en las que pervive el influjo espiritual, la teúrgia universal, la transmisión de la doctrina que efectiviza la realización interior-intelectual, pero por la propia naturaleza de sus cometidos espirituales suelen mantenerse al abrigo de las miradas profanas y con frecuencia no dejan pruebas escritas de su existencia, o sea, que permanecen al “margen” de la historia. (...) Entidades donde las enseñanzas de Thot-Hermes se iban actualizando y vehiculando de una manera fresca, viva, y no exenta de paradojas. Otra cosa es la degeneración a la que se vieron sometidas algunas de ellas posteriormente, o bien la imitación burda y grosera que sufrieron por parte de ciertos seres ubicados totalmente en un punto de vista exotérico (1).


Con lo que llevamos visto, hace cuatro siglos poco más o menos, el teatro se considera en ciertos círculos un vehículo de Conocimiento y un soporte ritual que promueve auténticas revoluciones internas, el despertar espiritual, el recuerdo de la existencia de otros estados “donde se producen las teofanías y se revelan entidades angélicas y divinas” (2). Las fuerzas uránicas se concretan en un juego mágico que recrea la Unidad, reflejada en la égida imperial de la que emana el orden y el buen gobierno. En la Inglaterra Isabelina, se tiene noticia de espectaculares puestas en escena que teatralizan historias ejemplares con entidades legendarias y divinidades, que se presentan como los antepasados míticos de la realeza, lo que la legitima como garante en el alumbramiento de la nueva Albión, que habrá de renacer de entre sus cenizas cual ave Fénix.


La propia soberanía contribuye a difundir y engrandecer la famosa Historia de los Reyes de Britania (3), que narra el viaje de Bruto —descendiente del Eneas troyano— a la mítica isla, dando comienzo al linaje de reyes que culmina con el rey Arturo y se perpetúa hasta el presente, en que la decadencia y el caos se cierne sobre Occidente debido a enconados enfrentamientos ideológicos, que revelan una acentuada rigidez en las propias estructuras culturales. A todo esto, un nutrido grupo de artistas afines a la Corona se sumarán a dicho engrandecimiento; desde poemas como el que Edmund Spenser le dedica a Isabel I, La Reina de las Hadas, donde se refiere a tan extraordinaria ascendencia, hasta libretos teatrales como Cimbelino o El Rey Lear, nombres de reyes predecesores de la saga artúrica que entronca con la actual reina virgen. También el mago John Dee hará su aportación a la causa, encabezando este movimiento amplificador reformista con epicentro en la corte isabelina, que no por ello dejará de ser un nido de intrigas en el que se gestan engaños por doquier que juegan en contra y que ciertos personajes tratan de contrarrestar, como es el caso de Dee, en contacto directo con las principales corrientes gnósticas de las que bebe, a la par que ofrece a sus allegados esa misma posibilidad, que incluye el libre acceso al Conocimiento depositado en su extraordinaria biblioteca, generándose un círculo de personalidades en torno a un único fin, el más elevado y profundo al que se pueda aspirar. Estamos hablando de escritores, actores, músicos, pintores, etc., etc., poetas como Edmund Spenser y Philip Sidney; o Íñigo Jones, célebre arquitecto, escenógrafo y figurinista con inspiradas aportaciones en estos campos, además de popularizar las Mascaradas como género teatral que se representa en la corte. No olvidemos al gran William Shakespeare, cuya obra —a la que no le faltarán detractores— será elogiada desde el principio por sus extraordinarias cualidades.

Notas:
1. Federico González y Mireia Valls. Presencia Viva de la Cábala II. “Enrique Cornelio Agrippa”. Ed. Libros del Innombrable, Zaragoza, 2013.
2. Federico González y col. Introducción a la Ciencia Sagrada. Programa Agartha. “Nota”. Ed. Symbolos, Barcelona, 2003.
3. Escrita en el siglo XII por Geoffrey de Monmouth.

Imágenes:
1. José del Castillo. Minerva encargando a Mercurio la protección de las Artes, detalle, 1762.
2. Giovanni Burnacini. Diseño escenográfico. Apolo venciendo a Pitón.

Colección Aleteo de Mercurio 8.
Teatro Sagrado. El juego mágico de la Memoria o el arte de percibir la teatralidad de la vida.
Carlos Alcolea.
Ed. Libros del Innombrable, Zaragoza, 2021.



domingo, 6 de febrero de 2022

4. El Teatro en la Edad Media

Los Misterios Medioevales

El teatro, en efecto, no está forzosamente limitado a representar el mundo humano, es decir un único estado de manifestación; puede también representar al mismo tiempo los mundos superiores e inferiores. En los “misterios” del medioevo, la escena estaba, por esta razón, dividida en varios pisos que correspondían a los diferentes mundos, generalmente repartidos según la división ternaria: cielo, tierra, infierno; y la acción, que tenía lugar simultáneamente en estas diferentes divisiones, representaba la simultaneidad esencial de los estados del ser (1).


Obviamente cuando se escenifican los llamados “misterios” la mentalidad es otra, empezando porque se admite la existencia de distintos niveles de realidad simultáneos, mientras que nuestro modo de pensar se limita generalmente a una literalidad intrascendente y materialista, relativa a cuestiones sentimentales, ideológicas, pasionales, etc., como corresponde a un mundo solidificado en el que se desconocen otras lecturas de los hechos y las cosas en general. Por eso no es raro que a este tipo de representaciones teatrales se las considere piezas de museo, reliquias del pasado relacionadas con cultos y creencias religiosas ya superadas hace tiempo por las nuevas vanguardias artísticas, aunque también al contrario puede despertar entusiasmo entre las filas del oficialismo cultureta, con sus gurús manejados por fuerzas desconocidas mucho más poderosas, generando tendencias que van y vienen como las olas del mar. Todo lo cual supone una inversión en la manera de pensar relativamente reciente, de hace apenas tres siglos desde la aparición del racionalismo —aunque comienza su materialización con el final del Medioevo, signado por la desaparición de órdenes iniciáticas como lo fuera el Temple—, que cristaliza en una dualidad irreconciliable e implica el agotamiento de una civilización, cumplidas sus edades correspondientes análogas a las del ser humano, que como se sabe son cuatro: infancia, juventud, madurez y ancianidad. Las mismas que tiene el día: medianoche, amanecer, mediodía y atardecer; o el año: invierno, primavera, verano y otoño. Ciclos dentro de ciclos que se van consumando, a la par que se produce un opacamiento en todos los órdenes de la vida, asociado al olvido gradual de la presencia de lo sobrenatural.

Ante una mirada ciega, indiferente, el mundo se envuelve en una creciente opacidad. “En épocas anteriores, cuando el mundo no había llegado a ser tan ‘sólido’ como lo es hoy en día, y cuando la modalidad corporal y las modalidades sutiles del dominio individual no estaban tan radicalmente separadas”, el hombre “percibía muchas cosas” en un mundo que “era verdaderamente diferente cualitativamente porque una serie de posibilidades de otro orden se reflejaban en el ámbito corporal y lo ‘transfiguraban’ en cierto modo (...). Cuando ciertas ‘leyendas’ hablan por ejemplo de que hubo un tiempo en el que las piedras preciosas eran tan comunes como lo son ahora los vulgares guijarros, ello no debe entenderse sólo en un sentido puramente simbólico” (2).

Se ha de decir, que pese a encontrarnos en la última etapa de nuestra civilización, ésta no es sino el último tramo de otro ciclo mayor denominado Kali Yuga o Edad de Hierro, el que a su vez pertenece a otro ciclo aún mayor que corresponde a esta humanidad sujeta a su propia disolución, como lo estamos ya viendo desde hace rato en la aceleración con la que se suceden los acontecimientos, tendentes a la multiplicidad y el caos.


Notas:
1. René Guénon. Apreciaciones sobre la Iniciación: https://symbolos.com/083teatro. htm#6
2. John Deyme de Villedieu. El descenso cíclico: https://ciclologia.com/eldescenso ciclico4.htm

Imágenes:
1. Bernardo Buontalenti. Decorado para La Pellegrina Commedia. Intermedio IV, 1589.
2, 3, 4 y 5. Pietro da Cortona. Las cuatro edades de la humanidad, 1637-1641. Palacio Pitti, Florencia.

Colección Aleteo de Mercurio 8.
Teatro Sagrado. El juego mágico de la Memoria o el arte de percibir la teatralidad de la vida.
Carlos Alcolea.
Ed. Libros del Innombrable, Zaragoza, 2021.



viernes, 21 de enero de 2022

3. Orígenes del Teatro

Bacanales y desfiles dionisíacos: juegos y representaciones teatrales

Los juegos y representaciones teatrales han acompañado siempre las festividades como símbolos de la energía rítmica del cosmos, del ritmo del universo; también proyectan ese símbolo en el movimiento. La representación o juego teatral es el método por el cual los poderes del universo, o la Divinidad, crean y se expresan a través de la manifestación; por eso hablamos naturalmente del “juego” de esas fuerzas. También expresan la exuberante energía del Creador. Hablamos del “juego” de la luz solar, que fertiliza e ilumina, donde se da la interacción de los poderes masculino-femenino, de las fuerzas opuestas, pero complementarias. El juego significa también el papel que el hombre desempeña en el escenario de la vida. Este juego del mundo manifiesto es expresado más adecuadamente por el hinduismo y el budismo tántrico a través del juego de la deidad creadora en la Danza de Shiva, que ha creado el mundo de los fenómenos, de mâyâ o la ilusión. Es interesante señalar que la palabra “ilusión” deriva de la expresión latina “jugar o representar un juego” (1).


“Conocer el juego, es aprender a salir de él jugándolo” (2). En verdad eso es la vida, un proceso arduo con pruebas y obstáculos que superar en el que hay que tomar decisiones todo el tiempo renunciando a los resultados, es decir con desapego, de lo contrario se produce un encadenamiento, como le ocurre a Perséfone raptada por Hades y cautiva en el Tártaro al probar de sus frutos. Lo cual nos lleva a preguntarnos por nuestra posición con respecto “al mundo y sus negocios, económicos y políticos, sentimentales, ideológicos, pasionales, etc., etc.” (3), un escenario laberíntico con los demonios desatados en el que lo queramos o no, estamos metidos.

Tanto las danzas como las representaciones tradicionales se rigen por reglas. En los juegos hay movimientos o jugadas ganadoras o perdedoras, acciones y opciones que influyen en el resultado del juego, y que son irreversibles una vez que se toman. En la danza, el movimiento rítmico trasforma el espacio en tiempo, en imitación del juego divino y refuerza su potencia en el plano de la emoción y la actividad (4).


La abundancia de escenas en los vasos de Paestum y también en los vasos áticos de mejor calidad, dan fe de lo populares que en su momento llegan a ser los desfiles dionisíacos y otras representaciones en las que los dioses cantan, bailan y actúan de modo un tanto demencial, pasándolo a lo grande como niños ensimismados en estos juegos recreativos, mientras el espectador quizá no termina de encajar lo que ocurre, ya que todo aquello es imposible de definir. Incluso puede llegar a resultar excesivo y desproporcionado hasta el rechazo y el horror, por lo grotesco de los personajes y las situaciones, y paradójicamente experimentarse una atracción indescriptible semejante a la de un vértigo, al punto de producirse insospechadas aperturas, la percepción de otras realidades, “mundos nuevos que permanecían invisibles y sin embargo nos son familiares” (5). Por lo que lo cómico y lo grotesco, también tiene un lugar dentro del amplio abanico de aspectos y formas que adopta la danza de la divinidad. La profusión de representaciones de Phlyax en la cerámica, pone de manifiesto la importancia de este tipo de juegos escénicos originados en la Magna Grecia.


Notas:
1. J. C. Cooper, El Simbolismo, Lenguaje Universal. Ed. Lidium, Buenos Aires, 1988.
2. Federico González. En el vientre de la ballena. Textos alquímicos. Ed. Obelisco, Barcelona, 1990.
3. Federico González Frías. Diccionario de Símbolos y Temas Misteriosos, entrada: “Horror”. Ed. Libros del Innombrable, Zaragoza, 2013.
4. J. C. Cooper, El Simbolismo, Lenguaje Universal, op. cit.
5. Federico González y col. Introducción a la Ciencia Sagrada. Programa Agartha. “La Vía Simbólica”. Ed. Symbolos, Barcelona, 2003.

Imágenes:
1. Nicolás Poussin. El Triunfo de Baco, 1635-36. The Nelson-Atkins Museum of Art.
2, 3, 4 y 5. Ménades. Réplica romana de un original griego del s. V a.C. Museo del Prado.
6. Cáliz terracota, detalle Phlyax, ca. 350-325 a.C. Metropolitan Museum of Art.
7. Cáliz terracota, detalle Phlyax, ca. 360- 350 a.C. J. Paul Getty Museum.

Colección Aleteo de Mercurio 8.
Teatro Sagrado. El juego mágico de la Memoria o el arte de percibir la teatralidad de la vida.
Carlos Alcolea.
Ed. Libros del Innombrable, Zaragoza, 2021.