jueves, 9 de septiembre de 2021

Mitos del cielo de verano

5. La Flecha

La Flecha es la tercera constelación más pequeña del firmamento, y al parecer los hebreos y los persas también la relacionaban con una saeta. Explica Eratóstenes en sus Catasterismos:

Ésta es la flecha de Apolo, con la que dicen que mató a los Cíclopes que habían fabricado el rayo de Zeus, todo ello por ayudar a Asclepio. Luego el dios Apolo la escondió en el país de los Hiperbóreos, donde se encuentra un templo de columnas. Se cuenta que más tarde la recuperó cuando Zeus le absolvió del asesinato y concluyó sus trabajos al servicio de Admeto (tema del que trata Eurípides en su Alcestis). Parece que entonces esta flecha ascendió al cielo llena de sazonados frutos. Heráclides del Ponto afirma en su tratado Sobre la Justicia que se trataba de una flecha descomunal. Desde entonces Apolo la colocó en el firmamento transformándola en estrella, para que sirviera de recuerdo de su combate.

Arato reseña, breve y misteriosamente, que “más adelante ha sido lanzada otra Flecha, sola, sin arco”.


Por su parte, Higinio explica que es una de las armas de Heracles con la que mató al águila que se comía el hígado de Prometeo. Los antiguos ofrecían grandes sacrificios a los dioses y consumían todas sus víctimas en las llamas sagradas. El ingenioso titán Prometeo, benefactor del género humano, había conseguido de Zeus que de cada víctima sólo una parte fuese ofrendada en el fuego y que la otra sirviese para el alimento de los hombres. Pero Prometeo había urdido una estratagema para conseguir un provecho aún mayor:

Primero, colocó en un altar sus hígados y juntó el resto de la carne de cada toro, recomponiéndolo en una sola pieza y cubriéndolo con una piel de buey. Los huesos los cubrió con el resto de la piel. Los colocó a la vista y le dio a Júpiter la posibilidad de elegir la parte que él quisiera. (...) Engañado por Prometeo al confiar que cada una de las partes era del toro, eligió para él la parte de los huesos.

Zeus lo descubrió y, enfurecido, arrebató a los mortales el fuego “para que el favor de Prometeo no prevaleciera sobre el poder de los dioses”. Mas Prometeo concibió cómo robar el fuego a los dioses y devolvérselo a los hombres:

Alejado de todo el mundo, llegó hasta el fuego de Júpiter, lo redujo y lo encerró en su vara. Gozoso parecía volar más que correr y blandía la vara, con el fin de que la emanación del humo, que estaba encerrado en esta angostura, no extinguiera la luz.

Zeus castigó por esta ofensa a los hombres entregándoles a Pandora, una mujer creada por Hefesto a imitación de las diosas y llena de dones divinos (el encanto de Afrodita, el conocimiento de las artes de la casa de Atenea, y la palabra, la curiosidad y la mentira de Hermes), y una jarra sellada de la que acabarán saliendo todas las desgracias de la Humanidad; y a Prometeo, encadenándolo en el Cáucaso y enviándole un águila que le devorara constantemente el hígado, el cual volvía a renacer por la noche.
Mucho tiempo después, Heracles salió en busca de las manzanas del jardín de las Hespérides sin conocer su paradero y llegó hasta Prometeo encadenado. Éste le aconsejó eficazmente y el héroe, agradecido tras su victoria, logró poner fin al tormento del titán. Higino relata de este modo cómo Prometeo llega a recuperar finalmente la libertad:

Júpiter, seducido por la belleza física de Tetis, la solicitaba en matrimonio, pero sólo obtenía negativas de la temerosa jovencita. Por aquel entonces —dicen— las Parcas vaticinaron (...) que el que desposara a Tetis tendría un hijo que gozaría de mayor renombre que su padre. Prometeo (...) anunció a Júpiter lo que había oído. Éste, temeroso por lo que en circunstancias semejantes había hecho a su padre Saturno (...) abandonó la idea de tomar a Tetis por esposa y a Prometeo, por su buena acción, le expresó su merecido agradecimiento y lo liberó de las cadenas.


Imágenes:
1. La Flecha. Arato, Fenómenos. Versión traducida al latín por Marco Tulio Cicerón. Manuscrito Harley 2506, British Library, c. 1040.
2. La Flecha rodeada por las constelaciones del Delfín, el Águila y el Cisne. Athanasius Kircher, Ars magna lucis et umbrae. Roma, 1646.

Colección Aleteo de Mercurio 7.
Mitos del Cielo Estrellado.
Marc García.
Ed. Libros del Innombrable, Zaragoza, 2020.



viernes, 20 de agosto de 2021

Mitos del cielo de verano

4. Ofiuco y la Serpiente

Ofiuco (o Serpentario), situado entre Hércules y Escorpio, sostiene en sus manos una gran serpiente que atraviesa toda la constelación. La Antigüedad grecorromana lo relacionó con Asclepios (Esculapio), hijo de Apolo y de Coronis. Cuenta el mito que Coronis se dejó seducir por el mortal Isquis cuando ya estaba encinta de Asclepios y que el dios hiperbóreo la mató para castigar su infidelidad. En el momento en que el cuerpo de Coronis iba a ser incinerado, Apolo (o Hermes según otros relatos) extrajo al niño nonato del vientre de su madre.
Apolo confió a su hijo al centauro Quirón y éste lo instruyó en el arte de la medicina. Asclepios puso su ciencia al servicio de los mortales, realizando muchas curaciones y resucitando a muertos con la sangre de Medusa que Atenea le había entregado (procedente del lado derecho de la górgona, la cual tenía el poder de dar la vida, mientras que la sangre del lado izquierdo era un veneno virulento). El poder de Asclepios se convirtió en un grave perjuicio para el reino de Hades y éste protestó ante Zeus. El dios olímpico, para evitar que el orden del mundo se alterase, decidió aniquilar a Asclepios con uno de sus rayos, y Apolo vengó este acto matando a flechazos a los Cíclopes, gigantes forjadores de los rayos de Zeus, un acto por el cual éste condenó a Apolo a servir a Admeto, rey de Tesalia, durante un año.
Otra tradición relaciona el destino de Asclepios con el del mortal Hipólito, hijo de Teseo y de la reina de las Amazonas. Hipólito veneraba a la diosa virgen Artemisa y desdeñaba a Afrodita. La diosa del amor resolvió vengar la afrenta haciendo que Fedra, madrastra de Hipólito, se enamorase locamente de él, pasión que la lleva a suicidarse al ver su amor despreciado. Hipólito es acusado falsamente de haber intentado violar a Fedra y de ser el responsable de su muerte. Teseo da crédito a la acusación y pide a Poseidón que inflija un castigo divino a su hijo. El dios hace que un monstruo temible surja de las profundidades del mar y espante a los caballos del carro de Hipólito mientras éste viajaba por la costa de Trecén. Hipólito cae del carro y los animales, presos del pánico, lo arrastran en su carrera desenfrenada causando su muerte. Artemisa se apiada del infortunio de Hipólito y pide a Asclepios que resucite al joven, lo que consigue valiéndose de sus artes médicas. El designio funesto del dios del mar y de la tierra había sido contravenido y Zeus, enojado por tal subversión del orden de la existencia, fulmina a Asclepios. Elevado al cielo tras su muerte, le fue concedida la inmortalidad y el rango de dios.


Imagen:
Ofiuco y la Serpiente. Zacharias Bornmann, Astra. Bratislava, 1596.

Colección Aleteo de Mercurio 7.
Mitos del Cielo Estrellado.
Marc García.
Ed. Libros del Innombrable, Zaragoza, 2020.



jueves, 5 de agosto de 2021

Mitos del cielo de verano

3. Hércules

Se trata de una constelación muy extensa si bien sus estrellas son poco brillantes. En la Antigüedad también se la llamaba “El Arrodillado” por su forma. En la iconografía hermética se la figura como Hércules-Heracles blandiendo una maza, con la piel del león de Nemea enrollada en un brazo y apoyando un pie sobre la cabeza del Dragón.


Heracles es hijo de Zeus y de la mortal Alcmena, hija a su vez de Perseo. Al nacer, Hera envía dos serpientes para matar a Heracles pero éste, dotado de una fuerza prodigiosa, las estrangula. De joven es instruido en las artes de conducir carros, manejar el arco y tocar la lira. Habiendo liberado Tebas, su ciudad natal, del tirano Ergino, el rey Creonte le entrega en agradecimiento a su hija Mégara, con la cual se une y tiene hijos. Pero Heracles es enloquecido por Hera y mata a sus hijos en un rapto de locura. Cuando el héroe recupera la cordura, abandona la ciudad por consejo de la Pitia y emprende los trabajos que habrán de permitirle expiar su crimen.

Leemos en la Introducción a la Ciencia Sagrada de Federico González y colaboradores:

Esta figura, prototipo del héroe triunfante, es decir del hombre que a través de una serie de esfuerzos y aventuras logra “divinizarse”, o mejor, retornar a sus orígenes divinos (ya que es hijo de Zeus-Júpiter), es tal vez la más importante y ejemplificadora de la antigüedad greco-latina. Su simbólica incluye no sólo los doce famosos trabajos y pruebas que debe realizar a exigencias de Hera-Juno, la contra-parte femenina de Zeus-Júpiter (este último símbolo del espíritu fecundador), sino igualmente una serie de fabulosas victorias que corren parejas con sus nutridas flaquezas. Esta oposición entre las energías masculinas, celestes y espirituales, y las femeninas, terrestres y materiales, prefiguradas por la pareja olímpica Zeus-Hera (Júpiter-Juno para los romanos), marcará la vida de Heracles-Hércules, nacido humano, y el que por medio de los combates purificadores de toda su existencia es recibido en el Olimpo como el hijo preferido de su Padre celestial en razón del continuado sacrificio mediante el cual no sólo ha vencido a innumerables enemigos externos, sino que ha podido salir victorioso de los combates internos contra sus indefinidas tendencias hacia la densidad, reflejo de sus innumerables egos, antes de acceder al conocimiento y la paz, emblemas de la inmortalidad del alma y la vida eterna que finalmente logra por su espíritu combativo, sublimizado por la búsqueda constante del Espíritu y la Verdad, a través de un recorrido jalonado de errores, rectificaciones y logros.
Narrar los trabajos, hazañas y aventuras de este héroe llevaría por lo menos un volumen. Nos limitaremos a dar a los lectores algunos de los elementos de la rica simbólica de este personaje mítico, recordando que todos sus infortunios y caídas son provocados por Hera, imagen de sus impulsos destructores y descendentes, puesto que esta divinidad le maldijo por el hecho de ser hijo de su esposo Zeus (el espíritu ascendente), el que le fue infiel al procrear a Heracles fuera de su olímpico matrimonio, razón por la que el héroe humano debe ser objeto de su venganza y su nefasta influencia. Es importante recordar que el nombre Heracles significa “la gloria de Hera”. Señalaremos que todos estos “trabajos” o combates tienen el discurso de un poema continuado y se refieren a la purificación del espíritu gracias a la victoria sobre los oscuros impulsos “materiales”, es decir entre la oposición y la complementación de lo más sutil y lo más denso.
En sus primeras acciones Heracles domina al jabalí de Erimanto, vence al toro de Creta y ahoga al león de Nemea. Todos estos animales simbolizan a las fuerzas vivas de las pasiones, a las que el héroe debe imponerse sin negarlas, ya que debe enfrentarlas como obstáculos en su camino. Igualmente sojuzga a la reina de las amazonas, o sea a su parte pasiva y oscura, uno de sus egos inestables. También mata a la hidra de Lerna, imagen de esos egos serpentinos a los que es casi imposible cortar la cabeza, labor que se le facilita por haber anteriormente limpiado de estiércol las caballerizas de Augías. Luego se impondrá sobre el gigante Geriones y sobre Anteo y Diomedes, símbolos de la bestialidad y lo antiespiritual, y puede así cazar a los emisarios celestes, los pájaros del lago de Estinfalo, lo que le permitirá obtener viva a la cierva de los pies de bronce, imagen de la ligereza, levedad y rapidez. Finalmente llega al jardín de las Hespérides, donde obtiene el fruto áureo de sus esfuerzos, lo que le facilita dominar al perro-monstruo de tres cabezas, Cerbero, guardián del Tártaro (como el dragón en otras tradiciones), último de sus obstáculos en el camino de la reintegración al Sí Mismo.

Heracles regresa a su patria purificado de su delito de sangre y se casa con Deyanira, hija del rey Eneo. Cuenta el mito que el centauro Neso quiso violarla y que Heracles lo atravesó con una flecha. Neso, antes de morir, entrega a Deyanira una túnica envenenada con su sangre haciéndole creer que con ella podrá reavivar el amor de su esposo si éste algún día se debi- lita. Transcurrido el tiempo, Heracles se enamora de la hija del rey Éurito y se apodera de ella. Deyanira le ofrece entonces la túnica; Heracles se la pone y al instante es atacado por el violento veneno que la impregna. Devorado por atroces dolores, el héroe ordena levantar una pira en el monte Etna y se lanza sobre ella. Zeus lo saca de las llamas y lo conduce al Olimpo, donde le concede la inmortalidad.


Imágenes:
1. Hércules. Ludovico de Angulo, De figura seu imagine mundi tam astronomice quam historiographice. Lyon, 1456.
2. Hércules. Arato, Fenómenos. Manuscrito Aratea, Universidad de Leiden, c. 816.

Colección Aleteo de Mercurio 7.
Mitos del Cielo Estrellado.
Marc García.
Ed. Libros del Innombrable, Zaragoza, 2020.



miércoles, 21 de julio de 2021

Mitos del cielo de verano

2. La Corona Boreal

Se la divisa junto al Boyero y está situada entre dicha constelación y Hércules. Según Eratóstenes, esta pequeña diadema de 9 estrellas visibles a simple vista representa la corona con la que Ariadna, hija del rey Minos de Creta, se engalanó en su boda con Dioniso en la isla de Naxos. Se dice que Hefesto la hizo con oro fundido y con piedras preciosas de la India, que era un obsequio de las Horas y de Afrodita y que fue Dioniso quien la elevó a los cielos. Otra tradición cuenta que es el hilo de oro que permitió a Teseo salir del laberinto tras su victoria sobre el Minotauro.
Minos había derrotado a los atenienses y en las capitulaciones había impuesto la condición de que cada nueve años se transportaran a Creta siete muchachos y siete muchachas de Atenas elegidos al azar para introducirlos en el laberinto y ser devorados por su monstruoso hijastro, engendro de Pasifae tras ser montada por un toro blanco que Minos no había querido sacrificar al dios Poseidón. Se habían enviado ya dos contingentes de jóvenes a Creta y Teseo, hijo del rey Egeo, creyendo que podría aniquilar al Minotauro y librar de ese modo a la juventud ateniense del sorteo funesto, se ofrece a formar parte del tercer viaje. La nave llega a Creta y Ariadna, al ver a Teseo, concibe una gran pasión hacia el príncipe y le ofrece ayudarlo si él la desposa y la lleva consigo a Atenas. El príncipe accede y Ariadna ruega al arquitecto Dédalo que le revele la estructura del laberinto. Dédalo lo hace y le da un ovillo áureo con el que, si uno lo desenrolla a medida que se interna en el laberinto y lo resigue en sentido inverso, puede encontrar la salida. Ariadna entrega el ovillo a Teseo y el príncipe consigue aniquilar al Minotauro y retornar triunfante. Teseo embarca a Ariadna y a los jóvenes que le acompañaban en su nave y pone rumbo a Atenas. Al llegar a la altura de la isla de Naxos (también llamada Día), el navío fondea y los amantes saltan a tierra. Ariadna se queda dormida y al despertar ve que la nave ha partido sin ella. Dioniso acude entonces en su carro tirado por panteras y su bullicioso cortejo, y fascinado por la belleza de la joven, la seduce y la convence para que se case con él.
La constelación de la Corona Boreal contiene un racimo de 400 galaxias situadas a más de 1.000 millones de años luz de la Tierra.


Imagen:
La Corona Boreal. Cayo Julio Higino, Poeticon Astronomicon. Venecia, 1485.

Colección Aleteo de Mercurio 7.
Mitos del Cielo Estrellado.
Marc García.
Ed. Libros del Innombrable, Zaragoza, 2020.



miércoles, 7 de julio de 2021

Mitos del cielo de verano

1. El Boyero

Arato lo denomina Artofílace (=“guardián de osos”), nombre que alude a la faceta del Boyero (=“pastor de bueyes”) como perseguidor de las Osas Mayor y Menor alrededor del polo norte celeste.
Arturo, la estrella más brillante de la constelación, es de color amarillo y muy fácilmente visible en el cielo de las noches de verano. En la Antigüedad se la consideraba un presagio de tormentas, aunque la Astrología siempre la ha tenido por un astro benéfico. Arturo está situado en la rodilla del Boyero.
La tradición también identifica al Boyero con el ateniense Icario, padre de Erígone. Cuenta el mito que Dioniso reveló a Icario el secreto de la elaboración del vino y que éste obsequió la bebida a unos labradores. Éstos la bebieron hasta embriagarse, y creyendo haber sido envenenados, mataron a Icario y quemaron su cuerpo. Erígone, con la ayuda de su perra Maira, buscó la tumba de Icario y tras descubrirla, apesadumbrada, se ahorcó. Zeus (o según otras leyendas, Dioniso) elevó a los cielos a Icario como el Boyero, a Erígone como Virgo y a Maira como la estrella Procyon del Can Menor (según otras versiones, como la constelación Canes Venatici).
Virgo se sitúa a los pies del Boyero, quien extiende su mano hacia el rabo de la Osa Mayor.


Imagen:
El Boyero. Fio degli Uberti, Il Dittamondo. Versión anotada por Andrea Morena da Lodi e ilustrada por el Maître des Vitae Imperatorum. Manuscrito de la Biblioteca Nacional de Francia, Milán, 1447.

Colección Aleteo de Mercurio 7.
Mitos del Cielo Estrellado. 
Marc García.
Ed. Libros del Innombrable, Zaragoza, 2020.



sábado, 19 de junio de 2021

La Máscara Real y su Simbólica

4. La Comitiva de la Aurora y El Carro del Sol

El paso de la oscuridad de la noche al derroche de luz del día viene anunciado por la Aurora; y aquí llega ella, como una lozana amazona, precediendo al sol y trayendo consigo los colores y las luces, las cuatro estaciones y los 12 signos del zodíaco, las Musas y los Vates a los que las cantoras de la Cosmogonía inspiran, amenizado todo el conjunto por el baile circular de las Tres Gracias y por Anfión, Arión y Lino, tres personajes míticos vinculados de algún modo con Apolo por ser cantores, músicos, inventores del ritmo y la melodía, e incluso del tercero se dice que fijó definitivamente los caracteres del alfabeto fenicio.


Es obvio que a través del desfile de todas estas deidades se está presentando al amplisímo campo de la mitología y de las artes liberales como el depositario de las enseñanzas cosmogónicas, ocupando un lugar principal la astronomía, la música y la aritmética.


Apolo, el que gobierna el carro de las nueve Musas, el que tañe la lira que le ha regalado Hermes, el que conoce las íntimas proporciones que regulan los ciclos cósmicos, las eras, los tiempos, las circunstancias y hasta los acontecimientos concretos, los módulos de todas las construcciones geométricas, ya sean arquitecturas, jardines, partituras, objetos, etc., comparece ahora con su carro dorado inundando toda la escena con su luz y su brillo y señalando el eje directo que une la tierra, la luna, él mismo y la estrella Polar. Su padre Júpiter le sucede acompañado de Juno y las aves que los simbolizan, o sea el águila y el pavo real respectivamente, la pareja olímpica por excelencia, más dos deidades muy antiguas, preolímpicas, que son Astrea y Temis, las que remontan a un tiempo más primordial de esta humanidad. La primera, hija de Júpiter y la propia Temis, es diosa de la justicia y símbolo de la virtud que regía en la Edad de Oro, y fue transformada posteriormente en la constelación de Virgo. Temis, a su vez, es hija de Gea y Urano, diosa del orden y la justicia y se habla de sus dones proféticos. Al fondo de la escena, otro carro rebosante de flores y frutos, transporta a tres diosas de la vegetación que son Vetumno, Pomona y Flora. Cada una tiene sus atribuciones y ejemplifica un aspecto del alma del mundo, visto como un inmenso vergel en el que florecen todas las posibilidades, las que sometidas a la rueda de las mutaciones y revoluciones testifican la vida de un cosmos vivo, significativo y revelador de un Misterio subyacente en cualquiera de sus rincones o comarcas.

Imágenes:
1. Grabado de la Comitiva de la Aurora.
2. Grabado del Carro del Sol.

Colección Aleteo de Mercurio 1.
La Máscara Real y su Simbólica.
Mireia Valls.
Marc García.
Ed. Libros del Innombrable, Zaragoza, 2017.



sábado, 5 de junio de 2021

La Máscara Real y su Simbólica

3. El Carro de Eolo

¿Quién contempla hoy en día el firmamento no como algo ajeno a nuestra vida sino como el depositario de las claves del Universo y del pequeño cosmos que somos todos y cada uno de nosotros?


¡Mucha atención! Tres carros majestuosos irrumpen con Eolo, Marte y Venus y Cinthia. Eolo, el Señor de los vientos que vivía sobre la isla flotante de Eolia tenía seis hijos y seis hijas desposados entre sí, y se dice que Zeus le otorgó el poder de controlar las corrientes de aire, apresándolas o liberándolas a su antojo. Estos flujos invisibles desatan tan pronto tempestades que arrasan lo que encuentran a su paso, como suaves brisas benéficas portadoras de mensajes y diversidad de gérmenes. A veces facilitan los viajes y otras los malogran, o interrumpen, por lo que siempre se debe estar atento a escuchar por dónde te lleva la corriente; decidir si hay que dejarse fluir, luchar o detenerse, y en todo caso siempre jugar a conjugar los opuestos, tal cual la conjunción que Venus y Marte simboliza. El Amor y la Guerra parten de un punto superior del que emana su aparente polarización y la alianza de estas dos deidades mantiene el delicado equilibrio de las tensas fuerzas universales. Tras los dos amantes, la casta Cinthia –cuyo nombre en griego es el gentilicio de Kynthos que significa “Del monte Kynthos, diosa de la Luna”– cierra este primer grupo de carros celestes. El astro de los crecimientos y decrecimientos, el más cercano a la tierra, el que signa los flujos y reflujos de las aguas e ilumina en medio de la negra noche, abre su puerta a una esfera más alta del firmamento, dando paso a aquella deidad que anuncia la llegada de su hermano gemelo, es decir, Apolo.

Imagen:
Grabado del Carro de Eolo.

Colección Aleteo de Mercurio 1.
La Máscara Real y su Simbólica.
Mireia Valls.
Marc García.
Ed. Libros del Innombrable, Zaragoza, 2017.