martes, 20 de febrero de 2024

4. El alumbramiento.

No hay pueblo, cultura o civilización que no invoque a la fecundidad con sus cantos, himnos, danzas o amuletos, en definitiva a través de símbolos y ritos que actualizan esta energía, necesaria para que la rueda de la existencia se perpetúe en un movimiento siempre renovado. En el Antiguo Egipto, y en innumerables culturas, se buscaba atraer la fertilidad y la protección sobre todo aquello relacionado con el reciclaje de la vida, tal los instantes de tránsito de un estado a otro, como el del nacimiento de una nueva criatura, que se ponía bajo la advocación de entidades que reunían en sí lo gracioso y benéfico con lo terrible y desgarrador del alumbramiento. De ahí el aspecto grotesco, provocativo y a la vez simpático de muchos de estos símbolos condensadores de la poderosa energía de la vida y de la muerte, los cuales ejercían una acción facilitadora y protectora, ahuyentando a su vez las influencias nocivas.


Lo mismo cabe decir de los lares y penates, entidades protectoras del hogar entre los romanos, a los que dedicaban un lugar especial en la casa, un pequeño templo o altar donde se depositaban las estatuillas o bien se las pintaba en frescos. Entre ellos queremos destacar a los relacionados directamente con el período de embarazo de la mujer, el parto y el primer crecimiento del niño. Así tenemos a Carmenta, la protectora del parto, juntamente con sus hermanas Antevorta y Posvorta (con la misma función aparece la Lucina sabea o la Ilitía griega); Alemona, diosa encargada de alimentar al niño en el vientre materno; Decima, la diosa que protege a la madre y al hijo en el último mes de embarazo; Diespiter, dios que conduce al niño hacia la luz, justo en el momento de salir del vientre materno y Candelífera, la diosa a la que se enciende una candela de cera llegada la hora del parto. Cuva y Cunina son diosas que cuidan al niño en la cuna; Genita Mana, diosa del nacimiento y de la muerte; Intercidona, diosa provista de un hacha que vigila la puerta de la casa para evitar que Silvanus atormente a la madre durante el sueño; Rumina, la diosa que enseña al niño a mamar. Y sigue un largo etcétera de entidades que presiden cada una de las habilidades y capacidades que se van desvelando y desarrollando en el niño, desde los primeros balbuceos, hasta la articulación de palabras, el fortalecimiento de huesos y músculos, así como el aprender a andar, a cantar, a calcular, a contar, a salir y volver solo de la casa y muchas y muchas más; actividades y procesos que están estrechamente vigilados, protegidos y auspiciados por las energías invisibles que pueblan el universo sagrado.

Pero tal fertilidad y fecundidad no sólo se expresa en la tierra produciendo toda clase de mieses y frutos, o favoreciendo la reproducción y crecimiento de los animales y de los seres humanos, sino también en las manifestaciones culturales, intelectuales y artísticas; y sobre todo se trata de despertarla y abonarla en el alma. De hecho, el ánima puede ser un campo yermo y muy estéril o bien una “tierra” apta para ser fecundada por los efluvios del intelecto, los que la harán nacer a otras posibilidades de sí misma.

(continuará)

Imagen:
1. Lararium de la Villa romana de Carranque con Fortuna y otros dioses protectores.

Colección Aleteo de Mercurio 2.
Las diosas se revelan.
Mireia Valls,
con la colaboración de Lucrecia Herrera.
Ed. Libros del Innombrable, Zaragoza, 2017.



lunes, 5 de febrero de 2024

3. La fertilidad, los nacimientos, muertes y renacimientos

Todas las diosas son facetas de la diosa, energía complementaria a la del dios, pareja arquetípica con la que se expresa la polarización de la Unidad, del Principio del cosmos, al que no se dará el nombre de “Dios” dado los equívocos a que se ve sometida hoy en día esta palabra.

La diosa simboliza al principio femenino del Universo. La suya es una energía pasiva, receptiva y a la vez restrictiva. Es la substancia indiferenciada que al ser fecundada gestará y dará vida a todos los seres de la manifestación, y a ella le corresponde instaurar los límites imprescindibles para que todo sea. La fecundidad y la generosidad la caracterizan, y también el rigor, la destrucción y la muerte.

Todo lo manifestado está sometido a la ley cíclica —una ley universal— que se expresa por un nacimiento, crecimiento, madurez, senectud y muerte, la cual se abre inexorablemente a un nuevo ciclo. En esta rueda de la vida, a la energía femenina le corresponde la función matricial: ser un receptáculo que acoge las semillas y les da cobijo, las nutre y desarrolla y una vez completado su desarrollo, las alumbra a un nuevo estado. Da la vida pero también la muerte, pues ya se sabe que todo lo que nace, muere. La diosa es pues virgen, esposa y madre; hija y nodriza; comadrona y portadora de la guadaña. Todo simultáneamente, tal su función cósmica.


La pura potencialidad femenina no daría ningún fruto de no ser fecundada por el principio masculino; a su vez, la semilla activa no se desarrollaría sin un receptáculo que la recibiera. He aquí la simbólica de la cópula sagrada, de la unión del dios y de la diosa que operada a los distintos niveles de la manifestación engendrará las innumerables producciones cósmicas.


Afrodita, Venus o Ishtar son distintos nombres de la diosa del amor. Core, Perséfone o Proserpina simbolizan la virginidad. Artemisa-Diana e Ilitía, siendo también doncellas, presiden paradójicamente los partos y los nacimientos. Gea, Cibeles, Tlazoltéotl, Caguana, Hathor, etc. son representantes de la fertilidad y la fructificación, así como también Deméter-Ceres e Isis, que además simbolizan al arquetipo de la madre. Deidades que reúnen todas las cualidades de lo femenino y que bajo un disfraz u otro acentúan alguna de sus facetas, aunque en realidad se sintetizan en un único arquetipo.

(continuará)

Imágenes:
1. La diosa Nut (cielo) cubriendo al dios Geb (tierra), papiro egipcio.
2. Cópula alquímica, Rosarium philosophorum, s. XVI. Stadtbibliothek, Vadiana, St. Gallen.

Colección Aleteo de Mercurio 2.
Las diosas se revelan.
Mireia Valls,
con la colaboración de Lucrecia Herrera.
Ed. Libros del Innombrable, Zaragoza, 2017.



martes, 23 de enero de 2024

2. ¡Venid, Musas, a inspirar este canto!


¡Abrid con premura la celosía del corazón y restituid el recuerdo del Paraíso que mora virgen en el centro de todo ser! ¡No dejéis de salmodiar cómo lo eterno se revela en el tiempo circular, y aun en el lineal, a través de la armonía y la memoria! Y a aquéllos que todavía os mentan, señaladles con sutiles toques el sendero ascendente del eje diamantino del mundo. Inspirad la doctrina inmutable que al proferirse es siempre novedosa y actual. Que el susurro del Verbo primigenio se torne en vosotras palabra ritmada, melodía o canto, danza, tragedia o comedia, vehículo mágico de revelación de la sublime arquitectura del cosmos. ¡Y velad, hasta la última exhalación, por el linaje de los que os escuchan en silencio y se hacen eco vivo de vuestros versos imperecederos! (1)

Invoquemos con todo ardor a las sagradas Musas Heliconíadas que habitan la divina cumbre del Helicón, y danzan en torno a la Fuente del Caballo, “y el altar del muy poderoso Cronión... partiendo desde allí, envueltas en densa niebla marchan al abrigo de la noche, lanzando al viento su maravillosa voz con himnos a Zeus portador de la égida” y a los sempiternos dioses.

Aquéllas iban entonces hacia el Olimpo, engalanadas con su bello canto, inmortal melodía. Retumbaba en torno la oscura tierra al son de sus cantos, y un delicioso ruido subía de debajo de sus pies al tiempo que marchaban al palacio de su padre, que reina sobre el cielo y es dueño del trueno y del llameante rayo... (2)

¡Se tú, Musa, quien hable a nuestro través! Que tu voz resuene en nuestra alma despertando la memoria del Origen narrando desde el Principio cómo todo ha venido al Ser –desde el Caos, cuando nada era aún–, cantando al “unísono” el presente, el pasado y el futuro y la sagrada estirpe de los dioses, los inmortales, “a los que engendraron Gea y el vasto Urano y los que de aquellos nacieron, los dioses dadores de bienes” (3).

(continuará)



Notas:
1. Mireia Valls, Mujeres Herméticas. Voces de la Sabiduría en Occidente, “Himno a las Musas”. Mtm editores, Barcelona, 2007.
2. Hesíodo, Teogonía. Ed. Gredos, Madrid, 1990.
3. Ibid.

Imágenes:
1. Andrea Mantegna, El Parnaso. Museo del Louvre, París.
2. Joos de Momper, Helicón o Minerva visita a las Musas. Royal Museum of Fine Arts, Amberes.

Colección Aleteo de Mercurio 2.
Las diosas se revelan.
Mireia Valls,
con la colaboración de Lucrecia Herrera.
Ed. Libros del Innombrable, Zaragoza, 2017.



viernes, 5 de enero de 2024

1. Las diosas se revelan

Dioses y diosas tejen y destejen permanentemente la trama y la urdimbre del cosmos significativo; sus energías se trenzan a cada instante, y lo sabemos porque hemos experimentado esta realidad en nuestra conciencia. El cuaderno, empero, está dedicado especialmente a las diosas porque siempre nos ha interesado ahondar en la simbólica de la corriente femenina del Universo y en la ubicación de la mujer respecto del conocimiento de su auténtica identidad, que en última instancia es la misma que la del varón, pues uno y único es el Principio que se polariza en macho y hembra, y uno solo el destino al que aboca la constante conjugación de los aparentes opuestos.

Permitámonos esta irrupción de las diosas, su revelación y estemos atentos a sus gestos, enseñanzas y atributos que señalan los hitos del viaje iniciático, guiándolo y nombrando sus etapas; también nos advierten de los peligros, las trampas, traiciones o deserciones, y siempre, siempre, cantan el orden de la cosmogonía e indican, a veces veladamente, las puertas de pasaje de un estado a otro de la conciencia hasta la culminación de la realización espiritual, que es la plena vivencia de los misterios de la vida, la muerte y la regeneración.


Os invito, pues, a despertar y sumergiros en otra cualidad del tiempo, más allá del cronológico y del cíclico, y a vivir el eterno presente, el ahora, a través de la contemplación de la Belleza y Armonía que destila cada mito y las vivencias de sus protagonistas, aunque a veces no podamos evadir el embate de la rebelión de esas mismas entidades (las diosas se rebelan y también revelan) que nos dejan tirados en la cuneta y, por fortuna, desmoronan la estulticia e ignorancia, dándonos la oportunidad de volver a comenzar y reconocer que ellas son los estados superiores del ser humano (1).

Nota:
1. Presentación. Mireia Valls, Barcelona, abril, 2017.

Imagen:
Giovanni Santi, La Musa Erato. Galería Corsini, Florencia.

Colección Aleteo de Mercurio 2.
Las diosas se revelan.
Mireia Valls,
con la colaboración de Lucrecia Herrera.
Ed. Libros del Innombrable, Zaragoza, 2017.



miércoles, 20 de diciembre de 2023

Foguerons

La victoria de la luz sobre las tinieblas continúa celebrándose en la isla después del solsticio de invierno. Tras la Navidad, tiempo del sol invicto, de dioses y de ángeles, es el turno de los demonios y sus fuegos, de las cálidas y brillantes llamas de los númenes de la tierra. Llegan las festividades de San Honorato y San Antonio, y con ellas los foguerons que prenden los diablos encargados de ello (o quienes les sustituyen ad hoc) en las plazas de muchos pueblos de Mallorca. Son hogueras generosas que aportan calor en la noche fría y brasas imprescindibles para cocinar las ricas viandas que cada cual ha dispuesto en alguna de las múltiples parrillas plantadas en la vía pública.


El gesto de prender las fogatas nos recuerda a Prometeo, titán amigo de los hombres que les entrega el fuego que roba a los dioses. Y es que aquí en la isla, los demonios son amigos del personal. Se sabe dónde viven y tienen vestidos inconfundibles que se reconocen a la legua; pero no se crea que se los toma a la ligera. Zurran al que pillan desprevenido, y si uno no se resguarda adecuadamente de sus bestias de fuego, artefactos incendiarios y pirotecnia, puede acabar en el dispensario médico con quemaduras.

Ángeles caídos por su amor a las mujeres y a los hombres según cuenta el mito, dibujan campos de estrellas sobre la geografía de la isla. Un planisferio de luces llameantes en la noche análogo a la bóveda celeste, hacia la cual se elevan chispas ardientes como precursoras del ascenso de nuestro pensamiento por regiones remotas donde todo es más auténtico.


Imágenes
1. Brasas ardientes de los foguerons.
2. Un dimoni durante los foguerons de Pina.

Colección Aleteo de Mercurio 9.
Mallorca. Una mirada simbólica.
Mireia Valls y Marc García.
Ed. Libros del Innombrable, Zaragoza, 2022.



martes, 5 de diciembre de 2023

El pesebre de Algaida

El sol, invencible, ha dejado de descender y triunfa sobre las tinieblas. Se ha detenido en este mismo instante y en el cielo se ha abierto una puerta que los antiguos llamaban la puerta de los dioses. Es el solsticio de invierno, un hito en el ciclo anual y en la conciencia de quienes conocen su profunda significación.

Las escenas fijas del pesebre parecen sumarse a este momento que siendo paradójicamente el más oscuro del año, es también el más luminoso. Una luz de otro orden es alumbrada en el interior de una cueva, en los corazones de cada hombre y cada mujer permeables a las influencias del Espíritu.

Así lo transmiten los dioramas de este Belén de la iglesia de Algaida, realizado con todo amor por un artesano que Navidad tras Navidad nos ha regalado, durante muchos años, un escenario único e irrepetible que invita a la contemplación. Sumémonos al rito y quieran los hados, o los cuerpos celestes, guiarnos a través de la brecha que se abre en la bóveda celeste. En el centro del portal que arropa al niño recién nacido se halla el eje invisible al que poder asirnos para ascender más allá del cénit. ¡Vamos, vamos a Belén, a la casa del pan de vida!




Imágenes:
1-2-3. Dioramas del pesebre de Algaida, diciembre de 2019.

Colección Aleteo de Mercurio 9.
Mallorca. Una mirada simbólica.
Mireia Valls y Marc García.
Ed. Libros del Innombrable, Zaragoza, 2022.



sábado, 11 de noviembre de 2023

11 de noviembre

Escribe el poeta:

Nuestra galaxia no es sino el intervalo respiratorio de un hombre grande. Navegaremos entre las islas en busca de nuestro destino. Cada vez uno se acostumbra más a esta idea. La de un viaje perpetuo hacia el dónde y el cuándo. Afortunadamente esta situación tiene una salida olvidada, una puerta que se nos muestra ayudados por ciertos ritos mágicos y muchísima paciencia. Se está hablando de trasponer el cosmos, que es a la vez la entrada y la salida (1).

Y aquí seguimos, navegando contigo al frente.


Nota:
1. Federico González, En el Vientre de la Ballena. Textos Alquímicos. Ed. Obelisco, Barcelona, 1990.

Imagen:
1. El caduceo de Mercurio siguiendo al sol poniente, S’Estanyol de Migjorn, Lluc-major.

Colección Aleteo de Mercurio 9.
Mallorca. Una mirada simbólica.
Mireia Valls y Marc García.
Ed. Libros del Innombrable, Zaragoza, 2022.