domingo, 5 de julio de 2020

Las constelaciones del Triángulo de Verano III

Águila

Del águila se explica que es el único ave que puede volar mirando directamente al Sol. Eratóstenes cuenta que los dioses se repartieron las criaturas aladas a suertes y que a Zeus le tocó el águila, figurando ésta desde entonces en el firmamento.




La constelación del Águila evoca el rapto de Ganímedes, hijo del rey Tros de Troya. El mito narra que siendo Ganímedes el joven más hermoso de la Tierra, los dioses le eligieron para llevar la copa dorada de su néctar y le concedieron el don de la eterna juventud. Zeus lo deseaba y lo raptó, transformado en águila, para convertirlo en su copero personal en el Olimpo, desplazando de este modo a Hebe, hija de Hera y diosa de la juventud. Hera, ofendida, quiso avergonzar a Zeus ante los dioses por su amor a un joven, pero Zeus, enfurecido y determinado a glorificar a Ganímedes, lo elevó al cielo donde ahora es la constelación de Acuario.

Imagen:
Ptolomeo, Almagesto.
Versión traducida al latín de Gerardo de Cremona, c. 149.

Colección Aleteo de Mercurio 7.
Mitos del Cielo Estrellado.
Marc García.
Ed. Libros del Innombrable, Zaragoza, Febrero, 2020.



jueves, 18 de junio de 2020

Las constelaciones del Triángulo de Verano II

Cisne

Esta constelación se asemeja a un cisne que se aleja del polo volando sobre la Vía Láctea. Dice Eratóstenes que Zeus adoptó la forma de este ave cuando se enamoró de Némesis, diosa primordial hija de Nicte, la cual se había transformado en cisne para intentar conservar su virginidad. El dios voló hasta el Ática y consiguió seducirla, surgiendo de su unión un huevo del que nacería la bella Helena; y quiso por ello que figurase un cisne en vuelo entre las constelaciones del cielo.




Otra tradición cuenta que Leda, esposa del rey Tíndaro de Esparta, compartía su lecho con Zeus, el cual adoptaba la forma de un cisne para sus encuentros amorosos furtivos. Leda puso dos huevos: del primero nació Helena de Troya y Clitemnestra, y del segundo, los Dioscuros (Cástor y Pólux, a quienes recuerda la constelación de Géminis). Cástor era mortal, mientras que Pólux, hijo de Zeus, nació inmortal.

(Continuará).

Imagen:
Detalle del Cisne.
Giovanni Antonio de Varese (atribución).
Bóveda de la Sala del Mapamundi del Palazzo Farnese de Caprarola, 1573-1575.

Colección Aleteo de Mercurio 7.
Mitos del Cielo Estrellado.
Marc García.
Ed. Libros del Innombrable, Zaragoza, Febrero, 2020.



viernes, 5 de junio de 2020

Las constelaciones del Triángulo de Verano I

Las constelaciones del Triángulo de Verano I: Lira

Tres estrellas muy brillantes forman el denominado Triángulo de Verano: Vega, de color azul-blanco, perteneciente a la constelación de Lira; Deneb, azul-blanca, que forma parte de la constelación del Cisne; y Altaïr, blanca, integrante de la constelación del Águila. Deneb y Altaïr se hallan sobre la Vía Láctea.




Lira

Se dice que es la lira inventada por Hermes con el caparazón de una tortuga y los cuernos de las vacas de Apolo. Tenía 7 cuerdas en memoria de las hijas de Atlas. Hermes se la entregó a Apolo y éste a Orfeo, el cual aumentó el número de sus cuerdas a 9 en honor a las Musas. Cuenta Eratóstenes que un día Orfeo, quien embelesaba a las piedras y a las fieras con su canto, dejó de honrar a Dioniso y comenzó a venerar a Apolo como dios principal. Pasado el tiempo ocurrió que Orfeo se desveló una noche y se dirigió al monte Pangeo para esperar la salida del Sol. Irritado por la defección de Orfeo, Dioniso azuzó a las Basárides –mujeres de la Tracia– en su contra y éstas lo descuartizaron, desperdigando sus miembros. Las Musas los reunieron, les dieron sepultura en Libetra y pidieron a Zeus que transformase la lira de Orfeo en estrellas para que permaneciese en el cielo en memoria de las hijas de Mnemosine y del poeta. También se dice que la constelación de Lira se oculta en algunos momentos del año como testimonio de la desgracia ocurrida a Orfeo.

(Continuará).

Imagen:
Detalle de las constelaciones del Triángulo de Verano.
Giovanni Antonio de Varese (atribución).
Bóveda de la Sala del Mapamundi del Palazzo Farnese de Caprarola, 1573-1575.

Colección Aleteo de Mercurio 7.
Mitos del Cielo Estrellado.
Marc García.
Ed. Libros del Innombrable, Zaragoza, Febrero, 2020.



miércoles, 20 de mayo de 2020

Mitos del cielo de invierno

Cáncer

Cuando el Sol se encuentra sobre Capricornio, las estrellas de Cáncer alumbran sobre el meridiano nocturno con su brillo pálido (y a la inversa, es en los días que el Sol ilumina desde Cáncer cuando vemos a Capricornio en lo alto de la bóveda estrellada nocturna). He aquí el relato de Eratóstenes acerca de la constelación del cangrejo:

Parece que fue la diosa Hera quien lo colocó en el firmamento. Cuenta Paniasis en su obra Heraclia que un cangrejo salió de la laguna en la que Hércules luchaba con la hidra y le mordió el pie él solo, sin concurso de otros. Hércules, irritado, lo aplastó con el pie, y desde entonces el cangrejo alcanzó una gran fama y se le cuenta como uno de los doce signos del Zodíaco. Algunas estrellas de esta constelación reciben el nombre de Asnos, y fue el dios Dioniso el que los elevó al cielo. Anexo a ellos se encuentra el llamado Pesebre. He aquí su historia: cuando los dioses partieron a la guerra contra los Gigantes, se dice que el dios Dioniso, Hefesto y unos sátiros subieron a lomos de unos asnos; cuando aún los Gigantes no los habían divisado, los asnos se pusieron a rebuznar hallándose a corta distancia, y los Gigantes echaron a correr al oír los rebuznos. En recompensa por dicha acción los asnos pasaron a formar parte de la constelación de Cáncer a la zona de poniente.

Cáncer tiene dos estrellas muy brillantes sobre su caparazón, que son los Asnos, y una nebulosa que se encuentra entre éstos compone el llamado Pesebre; da la impresión de estar flanqueado por los Asnos. Cáncer tiene una estrella de escaso brillo sobre cada pata del lado derecho y en la pata anterior del lado izquierdo dos poco brillantes, otras dos sobre la pata segunda, una en la tercera; igualmente presenta una en el extremo de la cuarta pata, otra sobre la boca y tres iguales y no muy grandes sobre la pinza de la derecha; otras dos iguales, no de gran tamaño, sobre la pinza de la izquierda. Suman un total de dieciocho.




Imagen:
El Sol junto a la constelación de Cáncer en el hemisferio boreal.
Giuliano de Arrigo (más conocido como Pesello), Hemisferio celeste.
Cúpula de la sacristía vieja de la basílica de San Lorenzo, Florencia, 1442-1446.

Colección Aleteo de Mercurio 7.
Mitos del Cielo Estrellado.
Marc García.
Ed. Libros del Innombrable, Zaragoza, Febrero, 2020.



martes, 5 de mayo de 2020

Mitos del cielo de otoño

Piscis

Dice Eratóstenes que los dos peces son descendientes del Gran Pez (Piscis Australis) y que están retenidos por el mismo sedal de un modo tal que “convergen en dirección a la pezuña de Aries”. Ambos se encuentran sobre la eclíptica, aunque en distinta zona.

Arato cuenta que uno es más rápido que el otro y que siente más de cerca al viento Bóreas cuando comienza a descender del norte, y también que a la estrella en que se unen los cordones asidos a sus colas se le llama Nudo. Cornelius observa que dicho astro es una estrella doble que los árabes denominan Alrischa, nombre que significa “cuerda” y que posiblemente deriva del babilónico riksu, “tratado” en el sentido de acuerdo o pacto que vincula. Higino comenta que “se trata no sólo del nudo de los peces, sino también de la esfera en su totalidad”, aludiendo a que en aquel tiempo la longitud celeste de la estrella coincidía aproximadamente con el punto vernal en que se anudan el ecuador celeste y la eclíptica, hoy en día desplazado hacia Acuario debido al movimiento de precesión de los equinoccios.

Higino explica asimismo que uno de los peces se llama Austral y el otro Boreal, y que “el denominado Boreal se encuentra ubicado entre el círculo equinoccial y el estival, bajo el brazo de Andrómeda, y mira hacia el polo ártico” mientras que su compañero, situado “bajo el lomo del caballo” (se refiere a Pegaso), está “no muy alejado del círculo equinoccial y orientado hacia el ocaso”.




Ovidio cita en sus Fastos un mito que vincula a Pisicis con Venus y Cupido:

Cuentan que tú y tu hermano (pues sois estrellas que brilláis juntas) llevasteis a lomos a dos dioses. Huyendo una vez Dione [Venus] del terrible Tifón, por los tiempos en que Júpiter empuñó las armas en defensa del cielo, llegó hasta el Éufrates acompañada del pequeño Cupido y se sentó a la orilla del agua palestina. El chopo y los cañaverales dominaban las elevaciones de las riberas, y los sauces prometían la esperanza de que podrían ocultarse ellos también. Mientras estaba escondida, resonó el bosque con el viento; pálida de miedo, creyó que había llegado algún tropel de enemigos, y conforme tenía al hijo en el pecho, dijo: “Socorredme, ninfas, traed auxilio a dos dioses”. Y sin dilación dio un salto adelante. Dos peces gemelos los recogieron sobre sus lomos; por ello ahora poseen las estrellas, un digno regalo. De ahí que los reverentes sirios consideren un sacrilegio servir a la mesa esta especie y no profanen sus bocas con peces.

Imagen:
Piscis.
Arato, Fenómenos.
Versión traducida al latín por Marco Tulio Cicerón.
Manuscrito Harley 2506, British Library, c. 1040.

Colección Aleteo de Mercurio 7.
Mitos del Cielo Estrellado.
Marc García.
Ed. Libros del Innombrable, Zaragoza, Febrero, 2020.



lunes, 20 de abril de 2020

Mitos del cielo de verano

El Delfin

El Delfín se encuentra justo en el ecuador celeste y por ello es visible desde cualquier parte del mundo excepto la Antártida. Dice Manilio que el Delfín es “orgullo del océano y del cielo y en ambos lugares venerado”. Según Eratóstenes,

se dice que está en el firmamento por el siguiente motivo: cuando Poseidón quiso tomar a Anfitrite por esposa, ella, recelosa, escapó hacia donde mora Atlas, buscando conservar su virginidad. Mientras estuvo escondida, Poseidón envió muchos emisarios, entre los cuales uno era un delfín. Tras largo errar por los confines de las islas de Atlas, da con ella, se lo comunica a Poseidón y la lleva ante él. Éste se casó con Anfitrite y en recompensa concedió al delfín todo tipo de honores en el mar, lo declaró sagrado y colocó su figura en el firmamento. Y cuantos buscan congraciarse con Poseidón lo representan con un delfín en su mano, asignándole gran fama de ser benévolo.

Anfitrite (etimológicamente “la que rodea el mundo”) era hija de Nereo, el anciano del mar, y de Dóride. Poseidón la había visto por primera vez cuando jugaba con las demás nereidas, sus hermanas, en las orillas de Naxos. Tras desposarse con el dios, Anfitrite se convirtió en reina de los mares y prohijó a Tritón, mitad hombre y mitad pez.

Higino transmite otras dos tradiciones acerca del Delfín, la primera de las cuales se relaciona con el dios Líber-Dioniso. Unos navegantes tirrenos acogen al dios aún niño para llevarlo a Naxos junto a sus acompañantes, y deseosos de hacerse con el botín urden desviarse de su rumbo. Dioniso, que lo sospecha, manda a sus compañeros cantar a coro una música que embelesa a los tirrenos y los mueve a bailar tan frenéticamente que se arrojan al mar, convirtiéndose en delfines. Fue el propio Dioniso quien colocó en el cielo la imagen de uno de ellos porque “quiso confiar a los hombres su proyecto”.




La segunda leyenda la menciona también Agustín de Hipona en La ciudad de Dios. Arión era un citarista de la ciudad de Lesbos que vivía en tiempos de los siete sabios de Grecia. En una ocasión volvía de Italia por mar con grandes riquezas que había conseguido y los marineros resolvieron acabar con él para quedarse con el tesoro. Lo prenden, y Arión les pide como última gracia poder cantar un rato al son de su cítara, a lo que los malvados acceden. Su música es tan suave que los delfines acuden de todas partes y rodean la nave. Arión invoca a los dioses, se lanza al mar con su cítara y cae sobre el lomo de uno de los cetáceos, el cual lo transporta hasta Ténaro, el cabo más meridional del Peloponeso. Se dice que aún en tiempos de Agustín se podía ver en este lugar una estatua con un delfín en recuerdo de Arión.

Cornelius dice que en la India se asociaba a la constelación con la marsopa y que se consideraba portadora de fortuna. Los árabes llamaban al asterismo “piedras preciosas” y, según el autor, daban el nombre de “Sarcófago de Job” al rombo formado por sus estrellas principales.

Imagen:
El Delfín.
Abd ar-Rahman as-Sufi, Liber locis stellarum fixarum.
Manuscrito de la Forschungsbibliotek Gotha, s. XV.

Colección Aleteo de Mercurio 7.
Mitos del Cielo Estrellado.
Marc García.
Ed. Libros del Innombrable, Zaragoza, Febrero, 2020.



lunes, 6 de abril de 2020

Mitos del cielo de primavera

Centauro

Higino dice que “está representado como si tuviera los pies apoyados sobre el círculo antártico y su espalda en el círculo invernal” (trópico de Capricornio), y que “el denominado círculo lácteo separa las patas del Centauro del resto de su cuerpo”. Se trata, pues, de una constelación austral.

La astronomía grecolatina lo relaciona con el centauro Quirón, hijo de Crono y de la oceánide Fílira –hija ésta a su vez de los titanes Océano y Tetis– a la cual se unió adoptando la forma de un caballo. Su nombre deriva del griego xeir (queir), “mano”. Eratóstenes dice que Quirón superaba en justicia a todos los hombres. Vivía en una cueva en el monte Pelión y fue el preceptor de Asclepio y de Aquiles así como de Jasón y Acteón. Trabó amistad con Heracles y el héroe respetó su vida en la Centauromaquia. Heracles convivió con Quirón durante mucho tiempo y aceptaba gustoso todos los consejos y enseñanzas que éste le daba sobre las artes de la caza y la guerra, la música, la ética, el conocimiento de las plantas, la medicina y la cirugía, etc.

Cuenta el mito que Heracles, en su camino hacia el monte Erimanto en busca del jabalí al que debe dar caza en su cuarto trabajo, se hospeda en casa de Folo y pide vino de un tonel que era propiedad común de los centauros. Pese a las advertencias de su anfitrión, el héroe insiste y Folo ha de abrir la tinaja. Al sentir el olor, los centauros acuden armados de rocas y árboles. Heracles los rechaza con un tizón y luego los persigue con su arco y sus flechas. Los centauros se agazapan tras Quirón y una flecha lo hiere accidentalmente en la rodilla. Heracles corre a extraérsela y a aplicarle un remedio; pero las heridas de esas flechas no pueden cicatrizar y son, además de incurables, muy dolorosas. Según relata Apolodoro, Quirón, para poner fin a su agonía, intercambia su vida inmortal por la de Prometeo, al que libra de este modo de su condena. Es Heracles quien propone el trueque a Zeus, y el dios decide aceptarlo.




Según Eratóstenes, Zeus elevó a Quirón a los cielos por su piedad y allí se le ve sosteniendo con la mano derecha un pequeño animal sacrificial –algunos dicen que es un odre de vino–, y con la mano izquierda, un tirso.

Imagen:
El Centauro.
Detalle de la obra de Fernando Gallego El cielo de Salamanca.
Bóveda de la Biblioteca antigua de la Universidad de Salamanca, 1483-1492.

Colección Aleteo de Mercurio 7.
Mitos del cielo estrellado.
Marc García.
Ed. Libros del Innombrable, Zaragoza, Febrero, 2020.