domingo, 20 de diciembre de 2020

La Vía Láctea

La Vía Láctea es un conjunto estelar que contiene nueve décimas partes de los astros visibles en la bóveda celeste. Dice Manilio que “no hay necesidad de buscarlo: espontáneamente se ofrece a los ojos, se muestra a sí mismo y obliga a que se le mire. En efecto, es un círculo blanco que brilla en el cielo azul, como si de improviso fuese a traer el día y a abrir el cielo”. Arato escribe sobre ella:

Si alguna vez en una noche serena, cuando la celeste Noche muestra a los hombres todas las refulgentes estrellas, y ninguna de ellas se oscurece a causa del plenilunio, sino que todas lucen claramente a través de las tinieblas; si alguna vez la admiración cautivó tu corazón en ese momento al contemplar el cielo dividido en toda su extensión por un ancho círculo, o si algún otro, próximo a ti, te señaló este anillo resplandeciente, sabe que lo llaman la Leche.

Higino, citando otras fuentes, explica que “cuando Ops [asimilada a Rea] presentó a Saturno [Cronos] una piedra en lugar del niño nacido [Zeus], él ordenó que lo amamantara. Mientras ella oprimía su mama, la leche derramada dio forma al círculo, al que ya nos hemos referido anteriormente”.

Manilio cita diversas tradiciones acerca de la génesis de la Vía Láctea: una luz nueva que se proyecta a causa del resquebrajamiento de la bóveda celeste, o por el contrario, una cicatriz o sutura luminosa formada al unir los cielos “sus espacios separados” para conformar el universo. También ha sido vista como un sendero de astros quemados por el tránsito del carro del Sol con sus caballos “durante los tiempos primigenios”, o bien por Faetón “volando a través de las constelaciones en el carro de su padre, mientras admiraba desde más cerca el insólito espectáculo del universo”. Y añade:

¿O acaso son las almas heroicas y nombres dignos del cielo que, separados de sus cuerpos y de la tierra, son devueltos desde el mundo y viajan aquí para ocupar su lugar en el cielo, vivir una vida en el éter y disfrutar del universo?


Cornelius reseña que para la tradición hebrea era un río de Luz, en la India era vista como la imagen celeste del río Ganges, y en el antiguo Egipto, como la contraparte o continuación celestial del Nilo. Según la tradición del pueblo peruano de Misminay, próximo al Cuzco, la Vía Láctea es un río que recoge agua del océano en el cual flota la Tierra devolviéndosela en forma de lluvia, y el río Vilcanota es el reflejo terrenal de dicho río celeste. Abundando en estas correspondencias simbólicas, en un acápite titulado Geografía Sagrada de la Introducción a la Ciencia Sagrada de Federico González y colaboradores leemos:

Muchas veces la propia toponimia revela las analogías y correspondencias que existen entre el orden terrestre y el celeste. Tal es el caso, por ejemplo, de la ciudad de Santiago de Compostela, palabra ésta que precisamente quiere decir “campo de estrellas”. El trazado mismo del Camino de Santiago se considera como una proyección terrestre de la Vía Láctea, queriéndose indicar así el origen celeste de ese camino.

Imagen:
La Vía Láctea como un río de leche que recorre el firmamento.
Giovanni Antonio de Varese (atribución), bóveda de la Sala del Mapamundi del Palazzo Farnese de Caprarola, 1573-1575.

Colección Aleteo de Mercurio 7.
Mitos del Cielo Estrellado.
Marc García.
Ed. Libros del Innombrable, Zaragoza, Febrero, 2020.



viernes, 4 de diciembre de 2020

Mitos del cielo de invierno

Monoceros o Unicornio

Las estrellas –apenas perceptibles en los cielos contaminados lumínicamente de nuestras ciudades– que ocupan el interior del Triángulo de invierno pertenecen a la constelación de Monoceros o Unicornio. Fue el astrónomo holandés Petrus Plancius quien dio este nombre al asterismo en el siglo XVII.

El gesto de Monoceros es el de un animal que salta por encima de la Vía Láctea. Federico González Frías escribe en la entrada “Unicornio” de su Diccionario de Símbolos y Temas Misteriosos:

El Unicornio es un caballo blanco con pezuñas divididas y barba de cabra, con un cuerno frontal impelido hacia arriba y que toma forma espiral, tal cual se lo puede observar en el famoso tapiz que lo representa, depositado en la abadía de Cluny. En la iconografía cristiana indica curiosamente a la Virgen fecundada por el rayo del espíritu, por eso se los vincula en muchas iconografías. En todo caso siempre está relacionado con el rayo que toca a los hombres para despertarlos, al mismo tiempo que simboliza un arma de defensa. Posteriormente esta criatura imaginaria ha sido el protagonista de numerosos escritos y leyendas que han dado lugar a múltiples obras de arte relacionadas con los contenidos de la psiqué. En China fue durante un periodo el emblema real y en Inglaterra forma parte –con el león– del escudo del monarca británico.


El Fisiólogo griego, un conocido bestiario de la Edad Media, cuenta este mito acerca del unicornio:

Hay un animal llamado dajja, extremadamente gentil, que los cazadores son incapaces de atrapar debido a su gran fortaleza. Tiene un solo cuerno en medio de la frente. Pero observad la estratagema con la que los cazadores lo atrapan. Traen a una joven doncella, pura y casta, a la que se dirige el animal cuando la ve, lanzándose sobre ella. Entonces la joven le ofrece sus senos, y el animal comienza a mamar de los pechos de la doncella, y a conducirse familiarmente con ella. La muchacha, entonces, mientras sigue sentada tranquilamente, alarga la mano y aferra el cuerno que el animal lleva en la frente; en este momento llegan los cazadores, atrapan a la bestia y la conducen ante el rey.

Imagen:
El Unicornio entre las constelaciones del Can Mayor y el Can Menor.
Alexander Jamieson, A celestial atlas comprising a systematic display of the Heaven. Londres, 1822.

Colección Aleteo de Mercurio 7.
Mitos del Cielo Estrellado.
Marc García.
Ed. Libros del Innombrable, Zaragoza, Febrero, 2020.