sábado, 20 de noviembre de 2021

Al dios del vino y del teatro

2. A Sileno

Viejo sabio Paposileno,
patriarca de todos los sátiros,
eres hijo del guardián de las puertas
Hermes psicopompo.
Beodo y barrigudo, de gran corazón,
nadie como tú conoce los secretos
que guarda la sagrada Vid.
Mandatario de la crianza de Dioniso plutodotes,
de quien eres protector y leal compañero
y al que coronaste dios supremo
de la embriaguez iniciática.
A lomos de tu asno, ebrio, renqueante y solaz
asistes a las frenéticas procesiones del tíaso,
de rendición al éxtasis y al exceso
porque nunca nada fue suficiente.
Bajo el influjo de la noche y la luna,
corren las Ménades furiosas
despedazando animales y niños
jactándose embriagadas por el sagrado vino.
Itifálico equino de potencia sexual perturbadora,
de colosales guerras internas,
que atesoras singular sabiduría
y el don de la profecía,
tus visiones proféticas son alivio de todos.
Señor de los bosques, voraz e insaciable,
tosco y delicado, de semblante ridículo,
te asimilas a la nada en tu huida incesante
de lo que está determinado.
Mentor del alegre dios de la risa,
en tu suma ebriedad
y en ceremoniosa epifanía,
te asomas siempre al abismo
y renaces de nuevo a la clarividencia, la luz y la calma.


Colección Aleteo de Mercurio 6.
Himnos del Agartha.
Textos del Ateneo del Agartha.
Ilustraciones de Ana Contreras.
Ed. Libros del Innombrable, Zaragoza, 2019.



sábado, 6 de noviembre de 2021

Al dios del vino y del teatro

1. A Dioniso y sus ménades

Braman los montes, braman los valles,
¡Evohé, Evohé!, se oye clamar al tíaso.
Llega “el Libertador”, anunciado por sus ménades
que entre aulós y címbalos avanzan serpenteando
celebrando tu llegada entre vítores y alabanzas.
Te manifiestas glorioso desde el corazón de la Tierra,
evocando, Dimorfo, tu más sagrada estirpe
mientras escoltado por fieras avanza el ruidoso séquito
esgrimiendo los tirsos ornados de hiedra y parra.
Divina locura a la que invitan tus danzas,
que de puro entusiasmo contagian al orbe entero.
Acudimos sin demora a la cita tus iniciados
entonando exaltados ditirambos,
e integrados a tu séquito nos despojamos de ceñidores.
Confundidos entre tus ménades
se arquea sin control el cuerpo
describiendo extáticos giros
al perderse el vínculo que nos ata a los sentidos.
Del tirso penden los lazos que nos unen con lo divino
y se agitan como serpientes danzando en la algarabía.
Dios inmortal del vino que mana de los manantiales,
de él se embriaga el alma del mundo
para devolver a su Origen a las presas del olvido.
A lo lejos retumba el monte y silencioso queda el fértil valle
al acompasarse a tu corazón el mío.
Atrás quedan címbalos y flautas
cuando el Misterio te rapta y tu nombre borra por siempre
esfumándolo en la Nada.
Ya no importa quiénes fuimos;
se disuelven las ilusiones y renace lo verdadero,
y tendidos exhaustos sobre la fría hiedra
se abre nuestra mirada más allá de las estrellas.
De lo más negro de la noche del alma
surge el desgarrado clamor que libre te evoca,
Dioniso, Misterioso, invocando tu llegada.
¡Evohé!


Colección Aleteo de Mercurio 6.
Himnos del Agartha.
Textos del Ateneo del Agartha.
Ilustraciones de Ana Contreras.
Ed. Libros del Innombrable, Zaragoza, 2019.



martes, 19 de octubre de 2021

Mitos del cielo de verano

8. Sagitario

Arato se refiere al Sagitario como “el que blande el arco” y dice que tiende la cuerda muy cerca del dardo. Análogamente, Eratóstenes expone que es una figura en pie disparando un arco y razona que puesto que “ningún centauro ha usado dicho arma”, debe verse más bien como la imagen de un hombre con patas de caballo y cola de sátiro, concretamente la de Croto, el hijo de Pan y de Eufeme, nodriza de las Musas.
Croto habitaba en el monte Helicón y departía con las hijas de Mnemosine, con cuya compañía gozaba grandemente, siendo ellas quienes le transmitieron el arte de lanzar las flechas con las que podía cazar a las fieras que le servían de sustento. Explica el autor de los Catasterismos que Croto –palabra griega que significa “aplauso”– es también como se denomina al gesto de admiración que un día nació en él al oír cantar a las Musas y al que se sumaron todos sus compañeros. Por ello

las Musas, al ver que gracias a la iniciativa de Croto su labor era apreciada por todos, decidieron que Zeus debía recompensarlo por su piedad; y de este modo fue ascendido al cielo, batiendo sus manos y blandiendo además su arco.

Higino cuenta que la constelación es una imagen celeste diseñada por Zeus para poder exponer todas las habilidades de Croto:

Le dio patas de caballo porque era un gran jinete, y le añadió unas flechas para que, de este modo, se pudiera ver su sagacidad y su rapidez. Puso en su cuerpo una cola de sátiro porque las Musas se deleitaron con Croto no menos que Líber con los sátiros.

Y añade:

Ante sus pies se encuentran algunas estrellas dispuestas en círculo. Hay quienes opinan que se trataba de una corona, abandonada como por un juego.

Cornelius sugiere que la vinculación de Sagitario con un cazador puede provenir del dios-arquero Nergal de Mesopotamia, también asociado con el dios de la guerra y del fuego Irra.


Imagen:
Sagitario. Zāhir al-Dīn Ulūġh Beg Kūrakan, Souwar al-kawakib al-thabita. Samarcanda, 1436.

Colección Aleteo de Mercurio 7.
Mitos del Cielo Estrellado.
Marc García.
Ed. Libros del Innombrable, Zaragoza, 2020.



martes, 5 de octubre de 2021

Mitos del cielo de verano

7. Capricornio

Dice Eratóstenes que es el hijo de Egipán (etimológicamente, “el dios Pan transformado en cabra”). Éste era hijo de la cabra Amaltea –luego hermano de leche de Zeus– y habitó con el dios en la cueva del monte Ida en que Rea había ocultado a su hijo para sustraerlo a Cronos. Su parte inferior era de fiera y tenía cuernos en la cabeza.
Egipán luchó al lado de Zeus en la Titanomaquia y fue quien encontró la concha de caracol marino cuyo estruendo hizo huir a los titanes (de los cuales Higino dice que experimentaron el primer “terror pánico”). Es en recuerdo de dicha concha por lo que Capricornio tiene cola de pez.
Egipán también auxilió a Zeus en su combate con Tifón, a quien Gea engendró tras la derrota de los titanes. Escribe Antonio Ruiz de Elvira en su Mitología Clásica citando a Apolodoro:

Tifón superaba en estatura a los más altos montes, tocando los astros con la cabeza; de las manos le salían cien cabezas de serpientes y sus extremidades inferiores estaban formadas por anillos de víboras; todo el cuerpo lo tenía provisto de alas.

Los olímpicos se metamorfosearon en animales para escapar de Tifón aunque Zeus acabaría trabando un cruento combate con éste en el monte Casio de Siria. Zeus lanza a Tifón sus rayos fulminantes pero él lo envuelve con sus extremidades de víbora y logra cortarle los tendones, los cuales entrega al monstruo femenino Delfine –híbrido de mujer y serpiente– para que los custodie. Tifón carga a Zeus a cuestas y lo recluye en la cueva Coricia de Cilicia; mas Hermes y Egipán consiguen hacerse con los tendones y restituírselos a Zeus. Con sus energías repuestas, el dios persigue a Tifón hasta la Tracia, donde éste se defiende arrancando montañas enteras y arrojándoselas para aplastarlo. Finalmente, Zeus logra vencer a Tifón en Sicilia y lo aprisiona bajo el monte Etna.
Higino explica que es por la metamorfosis de los dioses olímpicos para huir de Tifón que los egipcios veneran y prohiben maltratar a los animales en que aquéllos se convierten (Zeus en toro, Hera en vaca, Apolo en cuervo, Artemisa en gato, Hermes en ibis, Baco en macho cabrío, Afrodita en pez) pues son imágenes divinas. En cuanto a Pan (Egipán), dice que “se arrojó al río y la parte posterior de su cuerpo se transformó en pez, mientras que la otra tomó la forma de un macho cabrío”, estratagema que asombró a Zeus y por la que éste “fijó su imagen en el cielo”.
Cornelius apunta que la representación de Capricornio como una cabra marina puede tener orígenes asirio-babilónicos, cuyo dios de la sabiduría Oannes, o Uanna, era mitad hombre, mitad pez. De Oannes, un ser mitológico conocido en todo el golfo Pérsico, se cuenta que solía hablar con los humanos y que les enseñó la escritura, las matemáticas y la arquitectura, así como a vivir en sociedad.
En la tradición astronómica india, a Capricornio se lo figura como un cocodrilo.


Imagen:
Capricornio. Sidney Hall, Urania’s Mirror. Londres, 1824.

Colección Aleteo de Mercurio 7.
Mitos del Cielo Estrellado.
Marc García.
Ed. Libros del Innombrable, Zaragoza, 2020.



lunes, 20 de septiembre de 2021

Mitos del cielo de verano

6. El grupo de Andrómeda

Cuenta el mito que la reina Casiopea y su hija Andrómeda eran muy bellas. Un día, Casiopea proclamó orgullosamente que eran más bellas que las Nereidas –las cincuenta ninfas del mar hijas de Nereo– y éstas se quejaron a Poseidón, su protector. Poseidón agitó las aguas con su tridente inundando Palestina y convocó a la monstruosa ballena Cetus. Viendo a su reino amenazado, el rey Cefeo, esposo de Casiopea, acudió al oráculo de Amón para preguntar cómo podría salvarlo y éste le respondió que debía ofrecer a la bella Andrómeda como víctima expiatoria al monstruo. Para cumplir con el designio oracular, Cefeo encadenó a Andrómeda a unas rocas ante la costa de Jope (la actual Jaffa o Yafo junto a Tel Aviv, donde los arrecifes naturales que resguardan su pequeño puerto pesquero son denominados aún hoy en día Rocas de Andrómeda). Eratóstenes dice que Andrómeda se muestra en el cielo con los brazos en cruz tal como fue encadenada.


Cuando Cetus ya se aproximaba a su presa, Perseo acudió a lomos de su caballo alado Pegaso y se declaró dispuesto a combatir al monstruo marino a cambio de la mano de Andrómeda, trato al cual Cefeo y Casiopea se avinieron. Volando sobre la superficie marina, Perseo logró confundir a Cetus con su sombra, y cayendo sobre éste, lo mató con la espada.
Devuelta la paz al reino, se celebraron los fastos del matrimonio de Perseo con Andrómeda. En medio de la fiesta, un celoso pretendiente de la princesa (su tío Fineo, según algunas versiones) conjurado con Casiopea lanzó a 200 guerreros contra la pareja nupcial. Perseo sacó rápidamente la horrible cabeza de Medusa de su zurrón y los atacantes quedaron petrificados al verla.

El mito de Perseo

El oráculo de Delfos revela a Acrisio, rey de Argos, que no tendrá descendencia masculina y que un nieto suyo lo matará, por lo que decide encerrar a su hija Dánae en una torre de bronce. Pero Zeus logra penetrar en ella a través de una grieta en forma de lluvia de oro y fecunda a Dánae, quien da a luz a Perseo. Dánae consigue ocultarlo durante cuatro años, mas Acrisio acaba descubriéndolo y ordena que ella y Perseo sean lanzados al mar en un cofre. Éste es transportado por las corrientes hasta la isla de Sérifos y allí son rescatados por el pescador Dictys, hermano del rey Polidectes.
Polidectes se enamora de Dánae, y Perseo, para liberar a su madre, pacta con el rey traerle a cambio la cabeza de la górgona Medusa, sacerdotisa de Atenea violada por Poseidón y transformada por ello en una criatura terrorífica con la cabeza cubierta de serpientes cuya visión petrificaba al mortal que la mirase. Perseo logra llevar a cabo esta gesta con la hoz que le brinda Hermes, el escudo bruñido que le ofrece Atenea –con el cual alcanza a ver el reflejo de Medusa sin mirarla– y las sandalias aladas, el zurrón y el casco de invisibilidad de Hades que le entregan las ninfas Estigias.
Regresa a Argos tras su matrimonio con Andrómeda y se entera que Polidectes ha intentado violar a su madre en su ausencia. En un banquete con el rey, Perseo saca la cabeza de Medusa del zurrón y convierte en piedra a Polidectes y a su corte. Más tarde devuelve a Hermes y a Atenea los instrumentos con los que ha realizado su hazaña, y la diosa coloca la cabeza de Medusa en el centro de su escudo.

Acerca de Pegaso

Se dice que Pegaso fue concebido por Medusa cuando Poseidón la sedujo disfrazado de caballo. Cuando Perseo degolló a la górgona, Pegaso salió de su interior completamente formado. También se cuenta que nació una fuente en el monte Helicón (a la cual los pastores llamaron Hipocrene, según Arato) de la huella de sus cascos, la cual fue consagrada a las Musas, y que fue montado por el héroe Belerofontes para librar a las gentes del Asia Menor de la temible Quimera.


Imágenes:
1. Andreas Cellarius, Harmonia Macrocósmica. Amsterdam, 1660.
2. Andreas Cellarius, Harmonia Macrocósmica. Amsterdam, 1660. Detalle del cuadrante en que se encuentran las constelaciones del grupo de Andrómeda (a excepción de Cetus, que pertenece al hemisferio austral).

Colección Aleteo de Mercurio 7.
Mitos del Cielo Estrellado.
Marc García.
Ed. Libros del Innombrable, Zaragoza, 2020.



jueves, 9 de septiembre de 2021

Mitos del cielo de verano

5. La Flecha

La Flecha es la tercera constelación más pequeña del firmamento, y al parecer los hebreos y los persas también la relacionaban con una saeta. Explica Eratóstenes en sus Catasterismos:

Ésta es la flecha de Apolo, con la que dicen que mató a los Cíclopes que habían fabricado el rayo de Zeus, todo ello por ayudar a Asclepio. Luego el dios Apolo la escondió en el país de los Hiperbóreos, donde se encuentra un templo de columnas. Se cuenta que más tarde la recuperó cuando Zeus le absolvió del asesinato y concluyó sus trabajos al servicio de Admeto (tema del que trata Eurípides en su Alcestis). Parece que entonces esta flecha ascendió al cielo llena de sazonados frutos. Heráclides del Ponto afirma en su tratado Sobre la Justicia que se trataba de una flecha descomunal. Desde entonces Apolo la colocó en el firmamento transformándola en estrella, para que sirviera de recuerdo de su combate.

Arato reseña, breve y misteriosamente, que “más adelante ha sido lanzada otra Flecha, sola, sin arco”.


Por su parte, Higinio explica que es una de las armas de Heracles con la que mató al águila que se comía el hígado de Prometeo. Los antiguos ofrecían grandes sacrificios a los dioses y consumían todas sus víctimas en las llamas sagradas. El ingenioso titán Prometeo, benefactor del género humano, había conseguido de Zeus que de cada víctima sólo una parte fuese ofrendada en el fuego y que la otra sirviese para el alimento de los hombres. Pero Prometeo había urdido una estratagema para conseguir un provecho aún mayor:

Primero, colocó en un altar sus hígados y juntó el resto de la carne de cada toro, recomponiéndolo en una sola pieza y cubriéndolo con una piel de buey. Los huesos los cubrió con el resto de la piel. Los colocó a la vista y le dio a Júpiter la posibilidad de elegir la parte que él quisiera. (...) Engañado por Prometeo al confiar que cada una de las partes era del toro, eligió para él la parte de los huesos.

Zeus lo descubrió y, enfurecido, arrebató a los mortales el fuego “para que el favor de Prometeo no prevaleciera sobre el poder de los dioses”. Mas Prometeo concibió cómo robar el fuego a los dioses y devolvérselo a los hombres:

Alejado de todo el mundo, llegó hasta el fuego de Júpiter, lo redujo y lo encerró en su vara. Gozoso parecía volar más que correr y blandía la vara, con el fin de que la emanación del humo, que estaba encerrado en esta angostura, no extinguiera la luz.

Zeus castigó por esta ofensa a los hombres entregándoles a Pandora, una mujer creada por Hefesto a imitación de las diosas y llena de dones divinos (el encanto de Afrodita, el conocimiento de las artes de la casa de Atenea, y la palabra, la curiosidad y la mentira de Hermes), y una jarra sellada de la que acabarán saliendo todas las desgracias de la Humanidad; y a Prometeo, encadenándolo en el Cáucaso y enviándole un águila que le devorara constantemente el hígado, el cual volvía a renacer por la noche.
Mucho tiempo después, Heracles salió en busca de las manzanas del jardín de las Hespérides sin conocer su paradero y llegó hasta Prometeo encadenado. Éste le aconsejó eficazmente y el héroe, agradecido tras su victoria, logró poner fin al tormento del titán. Higino relata de este modo cómo Prometeo llega a recuperar finalmente la libertad:

Júpiter, seducido por la belleza física de Tetis, la solicitaba en matrimonio, pero sólo obtenía negativas de la temerosa jovencita. Por aquel entonces —dicen— las Parcas vaticinaron (...) que el que desposara a Tetis tendría un hijo que gozaría de mayor renombre que su padre. Prometeo (...) anunció a Júpiter lo que había oído. Éste, temeroso por lo que en circunstancias semejantes había hecho a su padre Saturno (...) abandonó la idea de tomar a Tetis por esposa y a Prometeo, por su buena acción, le expresó su merecido agradecimiento y lo liberó de las cadenas.


Imágenes:
1. La Flecha. Arato, Fenómenos. Versión traducida al latín por Marco Tulio Cicerón. Manuscrito Harley 2506, British Library, c. 1040.
2. La Flecha rodeada por las constelaciones del Delfín, el Águila y el Cisne. Athanasius Kircher, Ars magna lucis et umbrae. Roma, 1646.

Colección Aleteo de Mercurio 7.
Mitos del Cielo Estrellado.
Marc García.
Ed. Libros del Innombrable, Zaragoza, 2020.



viernes, 20 de agosto de 2021

Mitos del cielo de verano

4. Ofiuco y la Serpiente

Ofiuco (o Serpentario), situado entre Hércules y Escorpio, sostiene en sus manos una gran serpiente que atraviesa toda la constelación. La Antigüedad grecorromana lo relacionó con Asclepios (Esculapio), hijo de Apolo y de Coronis. Cuenta el mito que Coronis se dejó seducir por el mortal Isquis cuando ya estaba encinta de Asclepios y que el dios hiperbóreo la mató para castigar su infidelidad. En el momento en que el cuerpo de Coronis iba a ser incinerado, Apolo (o Hermes según otros relatos) extrajo al niño nonato del vientre de su madre.
Apolo confió a su hijo al centauro Quirón y éste lo instruyó en el arte de la medicina. Asclepios puso su ciencia al servicio de los mortales, realizando muchas curaciones y resucitando a muertos con la sangre de Medusa que Atenea le había entregado (procedente del lado derecho de la górgona, la cual tenía el poder de dar la vida, mientras que la sangre del lado izquierdo era un veneno virulento). El poder de Asclepios se convirtió en un grave perjuicio para el reino de Hades y éste protestó ante Zeus. El dios olímpico, para evitar que el orden del mundo se alterase, decidió aniquilar a Asclepios con uno de sus rayos, y Apolo vengó este acto matando a flechazos a los Cíclopes, gigantes forjadores de los rayos de Zeus, un acto por el cual éste condenó a Apolo a servir a Admeto, rey de Tesalia, durante un año.
Otra tradición relaciona el destino de Asclepios con el del mortal Hipólito, hijo de Teseo y de la reina de las Amazonas. Hipólito veneraba a la diosa virgen Artemisa y desdeñaba a Afrodita. La diosa del amor resolvió vengar la afrenta haciendo que Fedra, madrastra de Hipólito, se enamorase locamente de él, pasión que la lleva a suicidarse al ver su amor despreciado. Hipólito es acusado falsamente de haber intentado violar a Fedra y de ser el responsable de su muerte. Teseo da crédito a la acusación y pide a Poseidón que inflija un castigo divino a su hijo. El dios hace que un monstruo temible surja de las profundidades del mar y espante a los caballos del carro de Hipólito mientras éste viajaba por la costa de Trecén. Hipólito cae del carro y los animales, presos del pánico, lo arrastran en su carrera desenfrenada causando su muerte. Artemisa se apiada del infortunio de Hipólito y pide a Asclepios que resucite al joven, lo que consigue valiéndose de sus artes médicas. El designio funesto del dios del mar y de la tierra había sido contravenido y Zeus, enojado por tal subversión del orden de la existencia, fulmina a Asclepios. Elevado al cielo tras su muerte, le fue concedida la inmortalidad y el rango de dios.


Imagen:
Ofiuco y la Serpiente. Zacharias Bornmann, Astra. Bratislava, 1596.

Colección Aleteo de Mercurio 7.
Mitos del Cielo Estrellado.
Marc García.
Ed. Libros del Innombrable, Zaragoza, 2020.