VII. Galileo Galilei (1564 – 1642)
Galileo di Vincenzo Bonaiuti de’ Galilei nace un 15 de febrero de 1564 en el seno de una familia pisana acomodada dedicada al comercio. Desde niño Galileo se interesó por la filosofía de los antiguos, lo que le hizo destacar en lenguas como el latín y el griego. Y, aunque su padre lo forzó a matricularse en estudios de medicina, fue en ámbitos como la poesía, la música, el dibujo o la pintura donde Galileo despuntó. Asumiendo la obligación familiar y teniendo en cuenta que era el mayor de siete hermanos, el joven estudiante accedió a los deseos de su padre e ingresó en la facultad de medicina de la universidad de Pisa, donde rápidamente, y dado su carácter curioso e inconformista, se ganó el sobrenombre de “El Peleón”. Siguiendo una constante que como veremos persigue a todos los hombres de ciencia presentados en el presente volumen, él estaba interesado en menesteres más universales, lejos de los autoimpuestos por la familia y las limitaciones sujetas a cualquier campo, lo cual provocó finalmente un rendimiento universitario insuficiente y, en última instancia, su expulsión de la universidad.
Sin embargo, es justo en este instante en el que parece todo perdido cuando la entidad intermediaria que conocemos como Hermes-Mercurio, patrón de la comunicación, las ciencias y las lenguas, aparece de forma súbita en la vida del autor.
En este contexto, Galileo conoce al profesor florentino de matemáticas Ostilio Ricci, quién le inició en el estudio de la obra de Pitágoras, Euclides y Platón, descubriendo asimismo la teoría que Nicolás Copérnico había publicado algunos años antes. El joven tenía todavía diecinueve años. Su sed de conocer aparecía ahora encauzada bajo una metodología que utilizaba el carácter profundo y sagrado de los números para explorar el cosmos y dar una respuesta inteligente a todo lo que acontece en él. A partir de entonces, la fama de Galileo se fue acrecentando entre los grupos de intelectuales de forma exponencial hasta que llegó a oídos de la familia más poderosa de aquel tiempo, los Médici, quienes marcados por su brillantez decidieron acogerlo como tutor del joven Cosme II, el que más adelante tomaría la regencia como Gran Duque de Florencia.
Bajo su gobierno, Cosme le procuró un lugar destacado en la corte donde desempeñaba las funciones de filósofo, astrónomo y matemático (1). Su prestigio fue acrecentándose más y más, tan es así que también fue llamado a ocupar una cátedra en la universidad de Pisa.
Sin embargo, el clima favorable que reinaba en Florencia dio un giro de ciento ochenta grados cuando el joven duque muere a la prematura edad de treinta y un años. En este momento el ducado pasó a manos de Fernando II y Cristina de Lorena (2), quienes no compartían la amplitud de miras de su predecesor, lo que unido a la corriente disolutiva que la Iglesia resultante del Concilio de Trento estaba esparciendo desde hacía años por Italia, acabaría yugulando el espíritu renacentista de tolerancia y libertad que había imperado hasta entonces en la Toscana.
A partir de este momento los adversarios del autor se fueron multiplicando así como también la cadencia de sus golpes y la gravedad de sus acciones. La naturaleza de éstos era bien diversa; por un lado, estaban los intelectuales de la época que seguían la corriente aristotélica y que entre sus filas contaban con altos miembros de la nobleza, respetados hombres de ciencia, teólogos, entidades monásticas y un sinfín de mediocres miembros de la sociedad de la época, todos ellos ignorantes y perpetuos enemigos de la libertad intelectual —pues nunca un sistema encerrado en sí mismo puede entrever la grandeza y el esplendor del Conocimiento que emana en última instancia de la Nada Ilimitada—. Por otro lado estaba el tema familiar, ligado directamente a la existencia humana y sujeto por lo tanto a las idas y venidas del mundo de las formas, lo que incluye la inexorable vivencia del ciclo de la vida, con sus constantes muertes y nacimientos. Así, tras la muerte de su padre, Galileo se tuvo que ocupar de la educación de sus seis hermanos así como del mantenimiento de su madre. Para más inri, el joven pisano también contrajo artritis, lo que le causaría intensos dolores hasta el fin de sus días (3).
El autor luchó toda su vida en aras de la Verdad, y aun habiendo nacido en un momento histórico en el que la Iglesia estaba imbuida de una escolástica rígidamente aferrada a los postulados aristotélicos, su fama como científico se acrecentó y llegó a ser recibido con honores por el propio Papa Pablo V. Su visita fue acogida con entusiasmo por los círculos de astrónomos y matemáticos del Colegio Romano, importante institución jesuita que agrupaba a muchos científicos de la época. Aunque esto duró poco, pues sus postulados científicos hicieron temer a la Iglesia la pérdida de su poder, sustentado en la fe de sus acólitos en su doctrina. A partir de entonces, el cardenal jesuita Bellarmino —quien años antes había contribuido a quemar vivo al gran Giordano Bruno— y la corriente más conservadora de los dominicos emprendieron una guerra soterrada contra el joven científico (4).
(Continuará)
Notas:
1. A uno de sus más célebres descubrimientos, cuatro lunas que giran en torno a Júpiter, lo bautizó como “astros mediceos” en honor a la casa que le procuraba el mecenazgo.
2. Bajo su regencia se fundó la Accademia del Cimento, una de las primeras sociedades científicas que, sin embargo, cerró sus puertas sólo diez años después cuando su principal mecenas junto con Fernando II, el príncipe Leopoldo de Médicis, fue nombrado cardenal en Roma (se dice que ésta fue una condición impuesta para su nombramiento).
3. Es importante destacar este punto no por la particularidad con la que tuvo que lidiar este científico sino por la constante presencia de impedimentos de toda índole que van apareciendo en el camino de búsqueda del Conocimiento y que el adepto tiene que sortear. También para prevenir de la idealización de un tiempo otro, pues teniendo presente que éste está organizado cualitativamente en ciclos, lo mismo que se presentó en la Italia de la contrarreforma se nos presenta ahora, así como las mismas energías que golpearon a Galileo son las mismas que nos golpean hoy (siempre con formas adecuadas y cercanas, o sea, a través de rostros conocidos y mediante las necesidades básicas materiales como la salud, el alimento y la enfermedad, o las psicológicas como el sentirse querido, el chantaje emocional, el amor carnal, el ansia de éxito, etc.).
4. Galileo representaba el prestigio científico de los Médici, lo cual le salvó del fatal destino de muchos otros contrarios a la opinión de la Iglesia de entonces, encabezados por Giordano Bruno. El joven científico fue únicamente amonestado e invitado a retractarse pasados unos años.
1. A uno de sus más célebres descubrimientos, cuatro lunas que giran en torno a Júpiter, lo bautizó como “astros mediceos” en honor a la casa que le procuraba el mecenazgo.
2. Bajo su regencia se fundó la Accademia del Cimento, una de las primeras sociedades científicas que, sin embargo, cerró sus puertas sólo diez años después cuando su principal mecenas junto con Fernando II, el príncipe Leopoldo de Médicis, fue nombrado cardenal en Roma (se dice que ésta fue una condición impuesta para su nombramiento).
3. Es importante destacar este punto no por la particularidad con la que tuvo que lidiar este científico sino por la constante presencia de impedimentos de toda índole que van apareciendo en el camino de búsqueda del Conocimiento y que el adepto tiene que sortear. También para prevenir de la idealización de un tiempo otro, pues teniendo presente que éste está organizado cualitativamente en ciclos, lo mismo que se presentó en la Italia de la contrarreforma se nos presenta ahora, así como las mismas energías que golpearon a Galileo son las mismas que nos golpean hoy (siempre con formas adecuadas y cercanas, o sea, a través de rostros conocidos y mediante las necesidades básicas materiales como la salud, el alimento y la enfermedad, o las psicológicas como el sentirse querido, el chantaje emocional, el amor carnal, el ansia de éxito, etc.).
4. Galileo representaba el prestigio científico de los Médici, lo cual le salvó del fatal destino de muchos otros contrarios a la opinión de la Iglesia de entonces, encabezados por Giordano Bruno. El joven científico fue únicamente amonestado e invitado a retractarse pasados unos años.
Imágenes:
1. Justus Sustermans. Retrato de Galileo Galilei, 1635. Galleria Uffizi, Florencia.
2. Giuseppe Bertini. Galileo Galilei mostrando al Dogo de Venecia cómo utilizar el telescopio, 1858. Salla Bertini, Villa Andrea Ponti, Varese.
3. Joseph-Nicolas Robert-Fleury. Galileo ante el Santo Oficio, 1847.
1. Justus Sustermans. Retrato de Galileo Galilei, 1635. Galleria Uffizi, Florencia.
2. Giuseppe Bertini. Galileo Galilei mostrando al Dogo de Venecia cómo utilizar el telescopio, 1858. Salla Bertini, Villa Andrea Ponti, Varese.
3. Joseph-Nicolas Robert-Fleury. Galileo ante el Santo Oficio, 1847.
Colección Aleteo de Mercurio 11.
Hermetismo y Ciencia.
Alberto Pitarch.
Ed. Libros del Innombrable, Zaragoza, 2026.
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Alberto Pitarch.
Ed. Libros del Innombrable, Zaragoza, 2026.


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