sábado, 19 de septiembre de 2026

Hermetismo y Ciencia

VIII. Johannes Kepler (1571 – 1630)


En verdad puedo decir que cuando recorro el bello orden con que lo uno deriva de una cosa y deviene otra con el pensamiento, es como si leyera una máxima divina escrita directamente en el mundo no con palabras, sino con objetos esenciales, que reza así: Hunde aquí tu entendimiento para comprender estos asuntos. Almanaque del año 1604. (1)

Un jueves 17 de diciembre de 1571 a las dos y media de la tarde en la ciudad alemana de Weil der Stadt, nace Johannes Kepler (2), un sietemesino destinado a cambiar el rumbo de la astronomía.

Kepler nace en el seno de una familia desestructurada con un padre siempre ausente y una madre que desaparece en un momento dado, totalmente falto de atenciones y cariño, siendo a él como primogénito al que le corresponde junto a sus abuelos hacerse cargo de sus tres hermanos (3).

Desde pequeño aprendió latín gracias a las escuelas que los duques de Württemberg implantaron en la región (4). Tiempo después ingresó en un seminario con el fin de prepararse para entrar en la Universidad de Tubinga y estudiar teología (5). Allí aprendió griego penetrando en la lectura de autores clásicos como Cicerón, Virgilio, Jenofonte y Demóstenes, además de profundizar en las enseñanzas del trívium y el cuadrivium propias de la época.


El muchacho era muy singular, introvertido, siempre vuelto hacia sí mismo, de gran sensibilidad e inquietud intelectual. Amante de la lectura, gustaba coleccionar los volúmenes que descubría por si en algún momento necesitaba echar mano de ellos. Otras ramas que el autor trabajó durante sus primeros años fueron la poesía y las representaciones teatrales, en las que se escenificaban tantos temas bíblicos como clásicos. Así, por ejemplo, en 1591 actuó en el papel de Miriam en la tragedia de San Juan Bautista en la plaza del mercado, lo que le provocó burlas de sus compañeros, llegando a caer enfermo días después. Algo, por otro lado, que no era raro dada su figura delicada, frágil y enjuta y la envidia que aquéllos sentían por sus logros académicos.

Conforme avanzaba en sus estudios, su pensamiento se iba volviendo más universal, profundizando con más ahínco en los temas que trataba, muchas veces desde ángulos sorpresivos.


Entre las referencias que se encuentran de sus primeros años universitarios encontramos a Nicolás de Cusa, a quien gustaba apodar divinus, el divino, y con quien compartía la visión geométrica del mundo. En cuanto a los griegos, se dedicó al estudio de todas las alusiones astronómicas y astrológicas de las obras de Homero junto con su profesor de griego, Martín Crusius, a quien tenía especial estima. El tiempo pasaba y el autor iba abrevando cada vez más en las especulaciones filosóficas derivadas del pensamiento pitagórico, platónico y neoplatónico de los autores que llegaban a sus manos.

Aunque fue Michael Mastlin quien marcaría la vida temprana de Kepler de forma definitiva. Docente de matemáticas y astronomía, introdujo la semilla copernicana en el corazón del joven estudiante. Si bien Mastlin había abrazado la teoría de Copérnico, sólo era en pequeños círculos de confianza donde la explicaba pues era totalmente imposible mostrarse favorable a ella de manera abierta si se quería mantener el orden con la facultad de teología y el respeto entre sus compañeros. Kepler, que ardía en su deseo por conocer, escribió acerca del estímulo que recibió del profesor.

Ya en la época en que, con atención, seguí las clases del muy ilustre maestro Michael Mastlin en Tubinga, caí en lo desacertada que es, desde muchos puntos de vista, la concepción hasta ahora válida de la lectura del mundo. A partir de ahí, quedé tan cautivado por Copérnico, a quien mi maestro aludía a menudo en sus enseñanzas, que no sólo defendí en repetidas veces sus opiniones en las discusiones con otros aspirantes, sino que además elaboré una concienzuda disputa dialéctica sobre la tesis de que el primer movimiento (el giro del cielo de las estrellas fijas) resulta de la rotación de la Tierra. Ya entonces me propuse atribuir también a la Tierra los movimientos del sol basándome en los argumentos matemáticos. Con ese objetivo fui recopilando poco a poco, en parte de las exposiciones de Mastlin, en parte de mí mismo, todas las ventajas que ofrece Copérnico frente a Tolomeo (6).

Cuando estaba a punto de concluir sus estudios teológicos en Tubinga fue llamado desde la escuela evangélica de Graz para ejercer de profesor de matemáticas en sustitución de Georg Stadius tras su muerte repentina. Es importante considerar que ejercer un ministerio eclesiástico proporcionaba más prestigio que ser profesor de matemáticas; aun así el joven pensador aceptó el puesto que le ofrecieron sobre el que años más tarde escribió:

Era Dios quien guiaba en secreto a los hombres hacia las distintas artes y ciencias a través de disposiciones externas, y con ello les comunicaba la verdad de que, como parte de su obra creadora, estos asuntos también participan de la providencia creadora (7).

(Continuará)

Notas:
1. Max Casper. Kepler. Ed. Acento, Madrid, 2003.
2. Lo llamaron Johannes, Juan, por coincidir con el día de san Juan apóstol.
3. El padre tenía un carácter marcial que lo llevó a múltiples guerras y enfrentamientos —“soldado corpulento, rudo y camorrista” en palabras del propio Kepler—, mientras que la madre tenía un carácter más mercurial. “En lo que respecta a su madre, parece haber sido una mujer curiosa. (…) Era ostensiblemente enérgica e inquieta, interesada por todo, cavilosa pero también una chismosa y una bocazas. Recolectaba hierbas y preparaba ungüentos alentada por su fe en los poderes y en las relaciones mágicas, como si viera a través de los objetos de la naturaleza”. De la abuela comenta: “muy inquieta, lista, embustera, diligente en asuntos religiosos, delgada, de naturaleza encendida, impulsiva, eterna maquinadora, envidiosa, hostil y rencorosa. Max Casper. Kepler. op. cit.
4. Éstas asumieron las funciones de las antiguas escuelas monásticas, decretando no sólo su estudio, sino que era necesario que los alumnos hablaran entre sí latín, que facilitó al autor la maestría en dicha lengua.
5. Johannes reconoció su vocación desde muy temprana edad, sabiéndose partícipe de un plan divino ordenado.
6. Max Casper. Kepler. ibid.
7. Ibid.

Imágenes:
1. Autor desconocido. Retrato de Johannes Kepler, 1620. Kepler Museum, Weil der Stadt.
2. Autor desconocido. Tubinga en la actualidad.
3. Autor desconocido. Fuente en el centro de Tubinga.

Colección Aleteo de Mercurio 11.
Hermetismo y Ciencia.
Alberto Pitarch.
Ed. Libros del Innombrable, Zaragoza, 2026.



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