domingo, 5 de noviembre de 2023

Niebla

La niebla es la respiración contenida de la isla. Una humedad que la tierra y lo que en ella tiene raíz intentan devolver al cielo en forma de vapor acuoso aportándole calor; pero el aire frío y denso, además comprimido por la presión atmosférica, se resiste a que vuele a lo alto. En esta mañana brumosa de otoño, los paisajes se han difuminado y lo que ayer era un horizonte distante y diverso se esconde ahora tras el espeso tejido de gotas microscópicas que envuelve al caminante y promueve su concentración, pues apenas tiene donde mirar sino hacia su interior.

Todo se ha aquietado y resulta muy próximo, lo cercano es lo único que tiene forma. Lo cercano, y también un disco solar que se afirma como un débil foco de luz difusa en el techo abovedado de una caja cósmica que de repente se ha hecho pequeña. Como si a Gea la hubiese vuelto a penetrar Urano y estuviese apretándola en un abrazo de alcance gigantesco para disminuirla, a ella y a sus gérmenes, a fin de evitar que se sigan expandiendo a los cuatro vientos. Vientos que por cierto contribuyen decisivamente a este espectáculo de la Naturaleza con su abstención, de tal forma que cuando uno entrevé una ola en el mar se pregunta, sorprendido, en qué lejano país se habrá generado.

Una contracción necesaria para que las semillas se alimenten, las plantas beban y la vida siga su curso en los bosques tropicales y la laurisilva, así como hoy también en esta isla mediterránea. Hay árboles como el pino que atrapan a la humedad del aire con sus hojas aciculares y la precipitan gota a gota, regándose pacientemente a sí mismos.

Entra la brisa marina del mediodía y se desvanece esta tenue arquitectura edificada por los elementos. En el teatro del universo, esta breve obra a la que acabamos de asistir se termina levantando el telón. La niebla se ha disipado y todo adquiere profundidad, contorno y amplitud.


Imagen:
1. Paisaje con niebla, Campos.

Colección Aleteo de Mercurio 9.
Mallorca. Una mirada simbólica.
Mireia Valls y Marc García.
Ed. Libros del Innombrable, Zaragoza, 2022.



viernes, 20 de octubre de 2023

Y el mar, siempre el mar

Omnipresente, majestuoso, rodeando la isla por completo. A veces apacible y calmo, otras desatando su furia, peligroso, desafiante, indomable. Portador de pasajeros, lluvias y alimentos.

Para muchas culturas tradicionales es el símbolo de la sustancia primordial indiferenciada y del crisol de la vida. Sus aguas se equiparan al Alma del mundo, tanto a la psiqué agitada constantemente como al alma superior emparentada con la vida de los dioses.


Misterioso, profundo, signado por un movimiento continuo, refleja visualmente la música de las esferas a través de los ritmos de sus ondas. Escultor sagrado, con suavidad o con bravura pule todas las aristas, corroe metales y descompone organismos contribuyendo a sepultar y a regenerar la vida.

Cementerio de antiguas civilizaciones, en sus simas reposan templos y palacios, grandes tesoros, humanidades pasadas o por venir. Y en medio de su inmensidad, emerge siempre una isla, una tierra firme y virgen capaz de albergar un mundo nuevo.

O quizás la isla sea sólo un sueño. El sueño de la auténtica utopía que se aloja más allá del sol y las estrellas, más allá del mar y del cielo, más allá de este finito que llamamos universo.


Imágenes:
1. Caló des Borgit, Santanyí.
2. Playa de Can Pastilla, Palma.

Colección Aleteo de Mercurio 9.
Mallorca. Una mirada simbólica.
Mireia Valls y Marc García.
Ed. Libros del Innombrable, Zaragoza, 2022.



jueves, 5 de octubre de 2023

El centro de la isla

No hay periferia sin un centro preexistente. No hay isla sin un corazón que le de la vida. Y no es fácil encontrarlo, pues no se trata tanto de un lugar físico (aunque también lo haya) como de un estado de la conciencia.

El viaje mítico comienza en el confín del bosque comunal de Lloret de Vistalegre. En la entrada sólo figura un mapa genérico mostrando los diversos puntos de interés de la zona: el aljibe, la capilla de Sant Francesc, los abrevaderos de las ovejas, la oculta cueva d’en Dainat y la piedra que uno anda buscando, la que señala el centro geográfico de Mallorca (1).


Ya dentro del recinto, se encuentran muchos caminitos y pocos indicadores, así es que se emprende la marcha un tanto a ciegas, pasando dos o tres veces por la misma encrucijada. Hasta que gracias a la firme voluntad, la paciencia y la perseverancia, el buscador se orienta siguiendo un dictado que surge de su interior.

En un claro del bosque, un rebaño de ovejas parece vigilar el acceso al recinto sacro. Pista falsa: el guardián pétreo del umbral aparece un poco más adelante, con un aspecto tan feroz que hace retroceder. Aunque acercándole sigilosamente unas galletas de cebada para apaciguarlo, como se hacía con el can Cerbero, uno logra distraerlo y dejarlo atrás.

Sorprende que nadie más, absolutamente nadie, se pasee hoy por estos parajes engalanados con la sencillez radiante de la madre Naturaleza y envueltos por el canto de innumerables aves. Así es la cosa: cerca del centro, sólo se habla el lenguaje de los pájaros, que es el propio de la vía simbólica (2).

Y de pronto, una señal.

Ahí está. En un lindero del camino, abierto y soleado, sobre un recinto de piedras doradas flanqueado por cuatro encinas y bajo un cielo en el que se ha trazado una cruz perfecta, el pequeño monolito que demarca el punto al que uno deseaba llegar. Lo abraza, y un profundo silencio lo embarga.


Notas:
1. También se dice que la cueva d’en Dainat o Damnat es el verdaderdo centro de la isla (título que por cierto se disputan otros lugares cercanos del Pla de Mallorca como el pozo de Llorac, la cueva d’en Perico o el pozo de Judí). Se trata de una cueva funeraria megalítica que data del II milenio a. C. cuyo topónimo parece provenir de un damnat o condenado por la iglesia por brujería que allí se refugió. Ver la interesante obra Les llegendes del centre del món, de Andreu Ramis. Ed. UIB, Palma, 2019.
2. Ver el acápite “La vía simbólica” de la Introducción a la Ciencia Sagrada, de Federico González y cols. Revista SYMBOLOS 25-26.

Imágenes:
1. Monolito en el bosque de Sa Comuna, Lloret de Vistalegre.
2. El centro de la isla.

Colección Aleteo de Mercurio 9.
Mallorca. Una mirada simbólica.
Mireia Valls y Marc García.
Ed. Libros del Innombrable, Zaragoza, 2022.



miércoles, 20 de septiembre de 2023

La Cova de Sant Martí, un centro oculto

Se dice que había un centro sagrado en nuestro mundo desde el que se irradiaba el Conocimiento y la Sabiduría a toda la humanidad en su edad de oro, antes de que la historia diese comienzo. Estaba en lo alto de una montaña a la vista de todos, pero llegaron tiempos oscuros y hubo de ocultarse en una caverna para preservar su función.

Ese centro subterráneo es un arquetipo que se reitera en muchos mitos y leyendas focalizados en puntos concretos de la geografía, los cuales simbolizan otras tantas protecciones de aquél: el Antro de las Ninfas griego o el romano de Cumas, o bien la cueva de Artà en la que discurre la epopeya de Nuredduna cantada por el poeta. Lugares que permanecen en la memoria colectiva si es que han sido reseñados en las guías de viajes como sitios que merece la pena visitar, o que por el contrario amenazan con caer en el olvido. La Cova de Sant Martí es un ejemplo de estos últimos (1).


Situada entre el monte homónimo y Es Llac Gran de Alcúdia, la Cova es una gran dolina a cuyo nivel inferior se accede mediante una escalera de piedra empinada. En él se configura un amplio espacio cuyo centro está jalonado por un pozo –hoy en día cegado y coronado por una cruz–, al cual se abren tres cavernas que albergan respectivamente, al norte, un recinto semiaterrado del que se sabe muy poco (2); al este, una capilla dedicada a San Martín de Tours; y al suroeste, un edículo con una clave de bóveda en la que se ve a San Jorge matando al dragón, presidido por un retablo antiguo con el mismo motivo y que está muy deteriorado por la acción del agua y de los vándalos.


Según la historiografía oficial, la Cova aparece citada en documentos del siglo XIII y se hipotetiza, dada la proximidad de la ciudad romana de Pollentia (de la que Pollença toma su nombre) y a la vista de ciertos detalles arquitectónicos de la escalera de acceso a la sima, que pudo existir en ella, durante los primeros siglos de nuestra era, un culto cristiano primitivo semejante al que se realizaba en las catacumbas de Roma. También hay quien dice que podría haberse tratado de un lugar en que los monjes templarios realizaban sus ritos.

Lo cierto es que quien se sumerge en silencio y sin ideas preconcebidas en este espacio envuelto por la piedra y el cielo (lo cual no es fácil porque el recinto está cerrado al público) percibe que hay una historia arcana de este centro espiritual del que esa piedra y ese cielo han sido testigos. Un acontecer del que quizás no se podría reseñar ningún hecho temporal destacado porque puede que no lo haya habido. Una metahistoria protagonizada por el Misterio y la emanación de un Ser Universal de su entraña, de una oquedad primordial de la que brota permanentemente la Luz.


Notas:
1. La Cova estuvo a punto de desaparecer en el siglo pasado convertida en un pedregal en el que se vertían las rocas extraídas de los terrenos cercanos tras roturarlos o excavarlos. En verdad, habría quedado definitivamente sepultada de no haber sido por unas oportunas intervenciones arqueológicas.
2. José Antonio Encinas, en su intrigante libro Lluganaika. La magia trascendente en Mallorca. Ed. Miquel Font, Palma, 1987, aporta una cartografía de este recinto y documenta la existencia de inscripciones epigráficas parecidas a marcas de canteros en la galería semiaterrada, más allá de una laguna interior.

Imágenes:
1. La Cova de Sant Martí, Alcúdia.
2. La capilla de San Martín de Tours.
3. La capilla de San Jorge.

Colección Aleteo de Mercurio 9.
Mallorca. Una mirada simbólica.
Mireia Valls y Marc García.
Ed. Libros del Innombrable, Zaragoza, 2022.



martes, 5 de septiembre de 2023

La Festa des Vermar

Si ha llegado el tiempo de la vendimia, hay que dirigirse a Binissalem para gozar de la Festa des Vermar.


Las chirimías preceden la llegada de los gigantes vendimiadores, risueños y de gentil mirada, a la cabeza de una procesión de autoridades civiles y militares a la que siguen coros y bandas que interpretan canciones populares. Engalanados, se dirigen a la iglesia de Santa María donde son recibidos por el párroco y otros sacerdotes prestos a celebrar el oficio religioso. Todo ello conforme a un protocolo que a uno quizá se le antoje un tanto rígido, pues en nuestros tiempos ya casi no se recuerda la razón de ser y la esencia de los ritos tradicionales que el folklore atesora.

Por inercia, uno se uniría a la comitiva ceremonial. Pero puede que al girar la vista, en un instante fugaz, su interés sea raptado por otro gigante que espera detrás de unas rejas, quieto, callado y con la mirada un tanto extraviada, a que el sol decline para que se muestre la otra cara de la fiesta.

En el momento adecuado y bajo sus auspicios, se dará la señal para que empiece a correr un vino que alegrará los corazones y abrirá la mente a otras realidades.

¡Claro, es Baco! El Dioniso de los griegos, el dios del vino y del teatro, de la danza desenfrenada, de la orgía, las rupturas de nivel y la rotura de los moldes. Los romanos lo llamaron también Líber o Libertador, promotor del furor mistérico que abisma en lo desconocido e iniciador en los ritos de conocimiento. Su llegada arrastra a las almas hartas de lo establecido y ávidas por emprender el vuelo a otros espacios más reales que los que perciben limitadamente los sentidos.


Sí, el vino es un vehículo idóneo para estas aperturas, según se ha atestiguado en el Mediterráneo por milenios. En Mallorca hace siglos que se produce, no sin dificultades y altibajos. Muchas zonas del Raiguer, del llano central de la isla y de la sierra están llenas de viñedos, y en septiembre entregan un fruto dulce y jugoso del cual, por medio de una sutil alquimia, se destila un líquido espirituoso análogo a la sangre. Como conjunción del agua y del fuego (la lluvia, hoy auxiliada por el riego, y la luz y el calor del sol), al vino se lo reconoce “como un elemento simbólico y activo en la búsqueda del Conocimiento y el éxtasis” (1), motivo por el cual interviene en los ritos sagrados de numerosas culturas aledañas al Mare Nostrum.

Por otra parte, la embriaguez no era censurada en las sociedades antiguas, sino considerada como un estado facilitador de la visión y la profecía. “La frase latina –en Roma se lo bebía mezclado con agua y especies, como los griegos– in vino veritas ha tenido enormes repercusiones en Occidente” (2). Claro que sin contar con las claves o el soporte de una enseñanza tradicional, la embriaguez llega a producir los efectos contrarios y puede encadenar a los que la padecen a infiernos sin salida.

Dejémonos penetrar por el furor mistérico promovido por Dioniso, del cual se nos dice que es el “estado que precede a cualquier generación” y “el rapto y aspiración del ánima hacia su principio” (3). Busquemos al dios alegre y a la vez terrible entre los viñedos y brindemos porque su arrebato nos alcance.


Notas:
1. Federico González Frías, Diccionario de Símbolos y Temas Misteriosos, entrada “Vino”. Ed. Libros del Innombrable, Zaragoza, 2013.
2. Ibid.
3. Ibid., entrada “Furor”.

Imágenes:
1. Un viñedo de Binissalem.
2. El gigante Baco en la Festa des Vermar.
3. Los frutos de la vid.

Colección Aleteo de Mercurio 9.
Mallorca. Una mirada simbólica.
Mireia Valls y Marc García.
Ed. Libros del Innombrable, Zaragoza, 2022.



domingo, 20 de agosto de 2023

Es momento de recolectar

Se acerca el final del verano y es hora de recoger frutos. Tras el estío, la vida del campo está en plena ebullición y la tierra, muy generosa en esta isla, provee de delicias como los higos, las almendras, las uvas y las más variadas hortalizas.

En Mallorca hay más de doscientas variedades de higo, tal como acredita el magnífico higueral de la finca de Son Mut Nou (Llucmajor). Cada primer sábado de septiembre se celebra la Festa des Sequer en Lloret de Vistalegre y en ella se exponen higos de la más variada condición. También se ofrecen a la degustación del visitante preparados de incontables maneras, a cuál más delicada y sabrosa.


En las culturas mediterráneas, el higo es un fruto consagrado a Venus, la diosa de la belleza y el amor, y a Dioniso, el dios nacido dos veces iniciador en los misterios. Es símbolo de fertilidad y de goce. También decían los antiguos que si el higo procedía de una higuera negra, tenía relación con Saturno, con lo más primordial, con la ancianidad y la muerte, pero que si provenía de una higuera blanca, estaba vinculado con Zeus. Así se aúna en este fruto lo más arcaico y cercano a la edad de oro de la humanidad (Cronos-Saturno), el espíritu benéfico y fecundador de Júpiter, la locura y el desenfreno de Dioniso-Baco y la pasión amorosa de Afrodita.

“Bendita sea la generación, benditos los frutos de la tierra” (1) que ponen a los seres humanos en contacto con las entidades numinosas por medio de la ingesta de esa fruta, en apariencia austera pero cuyo interior es carne viva. Una comunión que une al conocedor y lo conocido a través de un intermediario vegetal que es así mismo portador de una leche con la que antaño se procuraba la subida del líquido análogo a los pechos de las madres que habían de amamantar a los recién nacidos. Cuestiones como éstas, que hoy son vistas como supersticiones o infantilismo, constituían prácticas de magia simpática con las que se sacralizaba la vida.

Nada que ver, pues, con el carácter maléfico que ha atribuido el judeocristianismo a la higuera, con cuyas hojas se dice que el primer hombre y la primera mujer se confeccionaron unos cinturones para tapar su desnudez. Quizás ya llegó la hora de soltar esos ceñidores del pensamiento para retornar a la virginidad del origen.


Notas:
1. Federico González, Noche de Brujas. Auto Sacramental en dos actos. Ed. SYMBOLOS, Barcelona, 2007.

Imágenes:
1. Frutos maduros de una higuera.
2. Exposición de higos en la Festa des Sequer, Lloret de Vistalegre.

Colección Aleteo de Mercurio 9.
Mallorca. Una mirada simbólica.
Mireia Valls y Marc García.
Ed. Libros del Innombrable, Zaragoza, 2022.



viernes, 4 de agosto de 2023

Finis Terrae

En el canto IV de la Odisea, Homero pone en boca del rey Menelao el relato de un vaticinio que ha recibido de Proteo, “el veraz anciano del mar”:

A ti no te está fijado por la divinidad, oh Menelao criado por Zeus, morir en Argos criadora de caballos y enfrentarte con el destino, sino que los inmortales te enviarán a la llanura elísea y a los límites de la tierra en donde está el rubio Radamantis; precisamente aquí tienen los hombres su modo de vida: no hay nieve, ni en efecto un fuerte invierno, ni lluvia nunca, sino que siempre Océano permite las ráfagas del Céfiro que sopla suavemente para refrescar a los hombres (1).


La idea de un finis terrae o demarcación del mundo más allá de la cual se encuentran los Campos Elíseos, la Isla de los Bienaventurados o el Paraíso celeste —todas ellas designaciones análogas del estado que alcanzan las almas que se liberan definitivamente de la rueda del devenir— es compartida por muchas tradiciones y se vincula simbólicamente al Occidente, esto es, al extremo occidental del espacio conocido o habitado. Cuentan las leyendas del Camino de Santiago que fue Décimo Junio Bruto, el general romano que dirigió la conquista de Galicia, quien dio el nombre de finis terrae a su extremo occidental (aún hoy en día llamado Cabo Finisterre), y que hizo retroceder a sus tropas cuando desde este punto vio ponerse en el mar al sol y a su resplandor disiparse en las aguas. Se dice también que en la antigüedad los celtas erigieron en Finisterre un ara solis sobre el que veneraban al sol poniente.

El finis terrae de la isla de Mallorca se encuentra en la Punta Blanca, un pequeño saliente rocoso de la costa próximo al pueblo de Sant Elm (San Telmo), perteneciente al municipio de Andratx, desde el que se pueden contemplar unas bellísimas puestas de sol. Pero ¿el azar? ha querido que más allá de ese confín de la tierra more un dragón que asemeja una isla. Es Sa Dragonera.

¿Y cómo conseguir que esa fiera protectora de la Tierra de los Vivos le franquee a uno el paso? Pues no hay otra que exponerse a su fuego alquímico y dejar que calcine, hasta el último vestigio, el estado humano condicionado que se desea abandonar para poder renacer en espíritu y “vivir de arriba” definitivamente. Allí, en la comarca invisible hacia la que dirigimos nuestra nave.


Notas:
1. Homero, Odisea, canto IV. Ed. Gredos, Madrid, 1982.

Imágenes:
1. Puesta de sol sobre Sa Dragonera.
2. Mosaico de azulejos alusivo al desembarco del rey Jaime I en Mallorca. Sant Elm.

Colección Aleteo de Mercurio 9.
Mallorca. Una mirada simbólica.
Mireia Valls y Marc García.
Ed. Libros del Innombrable, Zaragoza, 2022.