jueves, 5 de agosto de 2021

Mitos del cielo de verano

3. Hércules

Se trata de una constelación muy extensa si bien sus estrellas son poco brillantes. En la Antigüedad también se la llamaba “El Arrodillado” por su forma. En la iconografía hermética se la figura como Hércules-Heracles blandiendo una maza, con la piel del león de Nemea enrollada en un brazo y apoyando un pie sobre la cabeza del Dragón.


Heracles es hijo de Zeus y de la mortal Alcmena, hija a su vez de Perseo. Al nacer, Hera envía dos serpientes para matar a Heracles pero éste, dotado de una fuerza prodigiosa, las estrangula. De joven es instruido en las artes de conducir carros, manejar el arco y tocar la lira. Habiendo liberado Tebas, su ciudad natal, del tirano Ergino, el rey Creonte le entrega en agradecimiento a su hija Mégara, con la cual se une y tiene hijos. Pero Heracles es enloquecido por Hera y mata a sus hijos en un rapto de locura. Cuando el héroe recupera la cordura, abandona la ciudad por consejo de la Pitia y emprende los trabajos que habrán de permitirle expiar su crimen.

Leemos en la Introducción a la Ciencia Sagrada de Federico González y colaboradores:

Esta figura, prototipo del héroe triunfante, es decir del hombre que a través de una serie de esfuerzos y aventuras logra “divinizarse”, o mejor, retornar a sus orígenes divinos (ya que es hijo de Zeus-Júpiter), es tal vez la más importante y ejemplificadora de la antigüedad greco-latina. Su simbólica incluye no sólo los doce famosos trabajos y pruebas que debe realizar a exigencias de Hera-Juno, la contra-parte femenina de Zeus-Júpiter (este último símbolo del espíritu fecundador), sino igualmente una serie de fabulosas victorias que corren parejas con sus nutridas flaquezas. Esta oposición entre las energías masculinas, celestes y espirituales, y las femeninas, terrestres y materiales, prefiguradas por la pareja olímpica Zeus-Hera (Júpiter-Juno para los romanos), marcará la vida de Heracles-Hércules, nacido humano, y el que por medio de los combates purificadores de toda su existencia es recibido en el Olimpo como el hijo preferido de su Padre celestial en razón del continuado sacrificio mediante el cual no sólo ha vencido a innumerables enemigos externos, sino que ha podido salir victorioso de los combates internos contra sus indefinidas tendencias hacia la densidad, reflejo de sus innumerables egos, antes de acceder al conocimiento y la paz, emblemas de la inmortalidad del alma y la vida eterna que finalmente logra por su espíritu combativo, sublimizado por la búsqueda constante del Espíritu y la Verdad, a través de un recorrido jalonado de errores, rectificaciones y logros.
Narrar los trabajos, hazañas y aventuras de este héroe llevaría por lo menos un volumen. Nos limitaremos a dar a los lectores algunos de los elementos de la rica simbólica de este personaje mítico, recordando que todos sus infortunios y caídas son provocados por Hera, imagen de sus impulsos destructores y descendentes, puesto que esta divinidad le maldijo por el hecho de ser hijo de su esposo Zeus (el espíritu ascendente), el que le fue infiel al procrear a Heracles fuera de su olímpico matrimonio, razón por la que el héroe humano debe ser objeto de su venganza y su nefasta influencia. Es importante recordar que el nombre Heracles significa “la gloria de Hera”. Señalaremos que todos estos “trabajos” o combates tienen el discurso de un poema continuado y se refieren a la purificación del espíritu gracias a la victoria sobre los oscuros impulsos “materiales”, es decir entre la oposición y la complementación de lo más sutil y lo más denso.
En sus primeras acciones Heracles domina al jabalí de Erimanto, vence al toro de Creta y ahoga al león de Nemea. Todos estos animales simbolizan a las fuerzas vivas de las pasiones, a las que el héroe debe imponerse sin negarlas, ya que debe enfrentarlas como obstáculos en su camino. Igualmente sojuzga a la reina de las amazonas, o sea a su parte pasiva y oscura, uno de sus egos inestables. También mata a la hidra de Lerna, imagen de esos egos serpentinos a los que es casi imposible cortar la cabeza, labor que se le facilita por haber anteriormente limpiado de estiércol las caballerizas de Augías. Luego se impondrá sobre el gigante Geriones y sobre Anteo y Diomedes, símbolos de la bestialidad y lo antiespiritual, y puede así cazar a los emisarios celestes, los pájaros del lago de Estinfalo, lo que le permitirá obtener viva a la cierva de los pies de bronce, imagen de la ligereza, levedad y rapidez. Finalmente llega al jardín de las Hespérides, donde obtiene el fruto áureo de sus esfuerzos, lo que le facilita dominar al perro-monstruo de tres cabezas, Cerbero, guardián del Tártaro (como el dragón en otras tradiciones), último de sus obstáculos en el camino de la reintegración al Sí Mismo.

Heracles regresa a su patria purificado de su delito de sangre y se casa con Deyanira, hija del rey Eneo. Cuenta el mito que el centauro Neso quiso violarla y que Heracles lo atravesó con una flecha. Neso, antes de morir, entrega a Deyanira una túnica envenenada con su sangre haciéndole creer que con ella podrá reavivar el amor de su esposo si éste algún día se debi- lita. Transcurrido el tiempo, Heracles se enamora de la hija del rey Éurito y se apodera de ella. Deyanira le ofrece entonces la túnica; Heracles se la pone y al instante es atacado por el violento veneno que la impregna. Devorado por atroces dolores, el héroe ordena levantar una pira en el monte Etna y se lanza sobre ella. Zeus lo saca de las llamas y lo conduce al Olimpo, donde le concede la inmortalidad.


Imágenes:
1. Hércules. Ludovico de Angulo, De figura seu imagine mundi tam astronomice quam historiographice. Lyon, 1456.
2. Hércules. Arato, Fenómenos. Manuscrito Aratea, Universidad de Leiden, c. 816.

Colección Aleteo de Mercurio 7.
Mitos del Cielo Estrellado.
Marc García.
Ed. Libros del Innombrable, Zaragoza, 2020.



miércoles, 21 de julio de 2021

Mitos del cielo de verano

2. La Corona Boreal

Se la divisa junto al Boyero y está situada entre dicha constelación y Hércules. Según Eratóstenes, esta pequeña diadema de 9 estrellas visibles a simple vista representa la corona con la que Ariadna, hija del rey Minos de Creta, se engalanó en su boda con Dioniso en la isla de Naxos. Se dice que Hefesto la hizo con oro fundido y con piedras preciosas de la India, que era un obsequio de las Horas y de Afrodita y que fue Dioniso quien la elevó a los cielos. Otra tradición cuenta que es el hilo de oro que permitió a Teseo salir del laberinto tras su victoria sobre el Minotauro.
Minos había derrotado a los atenienses y en las capitulaciones había impuesto la condición de que cada nueve años se transportaran a Creta siete muchachos y siete muchachas de Atenas elegidos al azar para introducirlos en el laberinto y ser devorados por su monstruoso hijastro, engendro de Pasifae tras ser montada por un toro blanco que Minos no había querido sacrificar al dios Poseidón. Se habían enviado ya dos contingentes de jóvenes a Creta y Teseo, hijo del rey Egeo, creyendo que podría aniquilar al Minotauro y librar de ese modo a la juventud ateniense del sorteo funesto, se ofrece a formar parte del tercer viaje. La nave llega a Creta y Ariadna, al ver a Teseo, concibe una gran pasión hacia el príncipe y le ofrece ayudarlo si él la desposa y la lleva consigo a Atenas. El príncipe accede y Ariadna ruega al arquitecto Dédalo que le revele la estructura del laberinto. Dédalo lo hace y le da un ovillo áureo con el que, si uno lo desenrolla a medida que se interna en el laberinto y lo resigue en sentido inverso, puede encontrar la salida. Ariadna entrega el ovillo a Teseo y el príncipe consigue aniquilar al Minotauro y retornar triunfante. Teseo embarca a Ariadna y a los jóvenes que le acompañaban en su nave y pone rumbo a Atenas. Al llegar a la altura de la isla de Naxos (también llamada Día), el navío fondea y los amantes saltan a tierra. Ariadna se queda dormida y al despertar ve que la nave ha partido sin ella. Dioniso acude entonces en su carro tirado por panteras y su bullicioso cortejo, y fascinado por la belleza de la joven, la seduce y la convence para que se case con él.
La constelación de la Corona Boreal contiene un racimo de 400 galaxias situadas a más de 1.000 millones de años luz de la Tierra.


Imagen:
La Corona Boreal. Cayo Julio Higino, Poeticon Astronomicon. Venecia, 1485.

Colección Aleteo de Mercurio 7.
Mitos del Cielo Estrellado.
Marc García.
Ed. Libros del Innombrable, Zaragoza, 2020.



miércoles, 7 de julio de 2021

Mitos del cielo de verano

1. El Boyero

Arato lo denomina Artofílace (=“guardián de osos”), nombre que alude a la faceta del Boyero (=“pastor de bueyes”) como perseguidor de las Osas Mayor y Menor alrededor del polo norte celeste.
Arturo, la estrella más brillante de la constelación, es de color amarillo y muy fácilmente visible en el cielo de las noches de verano. En la Antigüedad se la consideraba un presagio de tormentas, aunque la Astrología siempre la ha tenido por un astro benéfico. Arturo está situado en la rodilla del Boyero.
La tradición también identifica al Boyero con el ateniense Icario, padre de Erígone. Cuenta el mito que Dioniso reveló a Icario el secreto de la elaboración del vino y que éste obsequió la bebida a unos labradores. Éstos la bebieron hasta embriagarse, y creyendo haber sido envenenados, mataron a Icario y quemaron su cuerpo. Erígone, con la ayuda de su perra Maira, buscó la tumba de Icario y tras descubrirla, apesadumbrada, se ahorcó. Zeus (o según otras leyendas, Dioniso) elevó a los cielos a Icario como el Boyero, a Erígone como Virgo y a Maira como la estrella Procyon del Can Menor (según otras versiones, como la constelación Canes Venatici).
Virgo se sitúa a los pies del Boyero, quien extiende su mano hacia el rabo de la Osa Mayor.


Imagen:
El Boyero. Fio degli Uberti, Il Dittamondo. Versión anotada por Andrea Morena da Lodi e ilustrada por el Maître des Vitae Imperatorum. Manuscrito de la Biblioteca Nacional de Francia, Milán, 1447.

Colección Aleteo de Mercurio 7.
Mitos del Cielo Estrellado. 
Marc García.
Ed. Libros del Innombrable, Zaragoza, 2020.



sábado, 19 de junio de 2021

La Máscara Real y su Simbólica

4. La Comitiva de la Aurora y El Carro del Sol

El paso de la oscuridad de la noche al derroche de luz del día viene anunciado por la Aurora; y aquí llega ella, como una lozana amazona, precediendo al sol y trayendo consigo los colores y las luces, las cuatro estaciones y los 12 signos del zodíaco, las Musas y los Vates a los que las cantoras de la Cosmogonía inspiran, amenizado todo el conjunto por el baile circular de las Tres Gracias y por Anfión, Arión y Lino, tres personajes míticos vinculados de algún modo con Apolo por ser cantores, músicos, inventores del ritmo y la melodía, e incluso del tercero se dice que fijó definitivamente los caracteres del alfabeto fenicio.


Es obvio que a través del desfile de todas estas deidades se está presentando al amplisímo campo de la mitología y de las artes liberales como el depositario de las enseñanzas cosmogónicas, ocupando un lugar principal la astronomía, la música y la aritmética.


Apolo, el que gobierna el carro de las nueve Musas, el que tañe la lira que le ha regalado Hermes, el que conoce las íntimas proporciones que regulan los ciclos cósmicos, las eras, los tiempos, las circunstancias y hasta los acontecimientos concretos, los módulos de todas las construcciones geométricas, ya sean arquitecturas, jardines, partituras, objetos, etc., comparece ahora con su carro dorado inundando toda la escena con su luz y su brillo y señalando el eje directo que une la tierra, la luna, él mismo y la estrella Polar. Su padre Júpiter le sucede acompañado de Juno y las aves que los simbolizan, o sea el águila y el pavo real respectivamente, la pareja olímpica por excelencia, más dos deidades muy antiguas, preolímpicas, que son Astrea y Temis, las que remontan a un tiempo más primordial de esta humanidad. La primera, hija de Júpiter y la propia Temis, es diosa de la justicia y símbolo de la virtud que regía en la Edad de Oro, y fue transformada posteriormente en la constelación de Virgo. Temis, a su vez, es hija de Gea y Urano, diosa del orden y la justicia y se habla de sus dones proféticos. Al fondo de la escena, otro carro rebosante de flores y frutos, transporta a tres diosas de la vegetación que son Vetumno, Pomona y Flora. Cada una tiene sus atribuciones y ejemplifica un aspecto del alma del mundo, visto como un inmenso vergel en el que florecen todas las posibilidades, las que sometidas a la rueda de las mutaciones y revoluciones testifican la vida de un cosmos vivo, significativo y revelador de un Misterio subyacente en cualquiera de sus rincones o comarcas.

Imágenes:
1. Grabado de la Comitiva de la Aurora.
2. Grabado del Carro del Sol.

Colección Aleteo de Mercurio 1.
La Máscara Real y su Simbólica.
Mireia Valls.
Marc García.
Ed. Libros del Innombrable, Zaragoza, 2017.



sábado, 5 de junio de 2021

La Máscara Real y su Simbólica

3. El Carro de Eolo

¿Quién contempla hoy en día el firmamento no como algo ajeno a nuestra vida sino como el depositario de las claves del Universo y del pequeño cosmos que somos todos y cada uno de nosotros?


¡Mucha atención! Tres carros majestuosos irrumpen con Eolo, Marte y Venus y Cinthia. Eolo, el Señor de los vientos que vivía sobre la isla flotante de Eolia tenía seis hijos y seis hijas desposados entre sí, y se dice que Zeus le otorgó el poder de controlar las corrientes de aire, apresándolas o liberándolas a su antojo. Estos flujos invisibles desatan tan pronto tempestades que arrasan lo que encuentran a su paso, como suaves brisas benéficas portadoras de mensajes y diversidad de gérmenes. A veces facilitan los viajes y otras los malogran, o interrumpen, por lo que siempre se debe estar atento a escuchar por dónde te lleva la corriente; decidir si hay que dejarse fluir, luchar o detenerse, y en todo caso siempre jugar a conjugar los opuestos, tal cual la conjunción que Venus y Marte simboliza. El Amor y la Guerra parten de un punto superior del que emana su aparente polarización y la alianza de estas dos deidades mantiene el delicado equilibrio de las tensas fuerzas universales. Tras los dos amantes, la casta Cinthia –cuyo nombre en griego es el gentilicio de Kynthos que significa “Del monte Kynthos, diosa de la Luna”– cierra este primer grupo de carros celestes. El astro de los crecimientos y decrecimientos, el más cercano a la tierra, el que signa los flujos y reflujos de las aguas e ilumina en medio de la negra noche, abre su puerta a una esfera más alta del firmamento, dando paso a aquella deidad que anuncia la llegada de su hermano gemelo, es decir, Apolo.

Imagen:
Grabado del Carro de Eolo.

Colección Aleteo de Mercurio 1.
La Máscara Real y su Simbólica.
Mireia Valls.
Marc García.
Ed. Libros del Innombrable, Zaragoza, 2017.



jueves, 20 de mayo de 2021

La Máscara Real y su Simbólica

2. La Comitiva de Cupido

El perro ladrador anuncia la llegada de Cupido en el siguiente grabado; Eros, uno de los dioses primordiales surgidos al mismo tiempo que Gea y Urano, el promotor de todas las uniones y alianzas humanas y suprahumanas comparece como un niño al que sigue una ordenada comitiva: pastores Idálicos, Ninfas Acidalias, Tracios y Ninfas de Venus ¿qué novedades traéis de tan lejanas tierras y tiempos tan pretéritos? Vuestros rostros graves y las miradas al cielo guardan enseñanzas antiquísimas que han llegado a nuestros días merced a la larga cadena de transmisión que conforma esta comitiva: soldados espartanos y espartanas, luchadores natos, ancestros de nuestra cultura junto con los fusileros de montaña, o sea aquellos componentes del ejército regular de Cataluña que los toman como modelo; y detrás nada menos que la Hidra de Lerna cabalgada por Hércules que la sujeta pues sabe del inmenso poder de esta fiera para reproducir sus cabezas y dificultar la salida victoriosa del héroe que fundó Barcelona cuando regresó de recoger las manzanas del Jardín de las Hespérides, allá en la mítica Atlántida, continente del que los occidentales heredamos muchos de sus conocimientos depositados en la civilización del Antiguo Egipto y que luego sus sabios transmitieron por toda la cuenca del Mediterráneo. Aquí estáis también representados, capitaneados por Hespero a caballo, el hermano de Atlas y padre de Hesperis, que unida a su tío Atlas, el más conocido rey de la Atlántida, alumbró a las Hespérides, en número de siete, las jóvenes doncellas convertidas en estrellas conservadoras simbólicas de una Sabiduría Perenne que se transmite de ciclo en ciclo cósmico sin alterar su esencia.


Por eso, tras Hespero sigue la larga comitiva de los Hesperios Astronómicos, sosteniendo toda suerte de instrumentos para observar el cielo, para escrutar sus revoluciones, los módulos y proporciones que se expresan a través del movimiento de los astros, que revelan unas leyes invariables y presentan al dios Tiempo como la imagen móvil de la eternidad. Cerrando la comitiva, hombres y mujeres personificando los meses lunares y sus mutaciones, los astros y las estrellas portan antorchas luminosas que difunden la luz por el firmamento y la derraman sobre la tierra, recordando que la astronomía es una de las ciencias o artes liberales que transmite a los hombres las claves para descifrar el código con el que está signado el Cosmos entero. Perdido en el horizonte, sobre un puente, se erige la estatua de un ser gigantesco, de espaldas a todo el desfile y con una mano levantada señalando hacia arriba.

Imagen:
Grabado de la Comitiva de Cupido.

Colección Aleteo de Mercurio 1.
La Máscara Real y su Simbólica.
Mireia Valls.
Marc García.
Ed. Libros del Innombrable, Zaragoza, 2017.



miércoles, 5 de mayo de 2021

La Máscara Real y su Simbólica

1. La Comitiva de Hermes-Mercurio

Damos vuelta a la página y comparece de nuevo Mercurio, montado ahora a caballo y acompañado de sus 4 Genios y una graciosa y bulliciosa comitiva, señoreando él en medio de la danza ecuestre, portando su ostentoso caduceo, mientras los Genios muestran en alto una esfera terrestre, otra celeste, herramientas agrícolas y un mástil y un timón de velero.


Comienza el viaje que unirá el cielo con la tierra y viceversa; los aparejos, las herramientas y los vehículos están preparados y dispuestos para ser entregados a los artistas y artesanos. Dos pajes en sendos extremos de la escena marcan los límites del evento y vigilan las esquinas, mientras unos vientos favorables y unas auras apacibles bailan alegremente; más retirados, cerca de un mar en el que se levanta una gran ola, los vientos furiosos y las tempestades se mantienen contenidos por una atmósfera benéfica que impregna todo el conjunto. Mensajes de otros mundos vuelan por el invisible aire, la aparente agitación presagia un gran acontecimiento, Hermes trae buenas nuevas... Todo está preparado para recibir al Monarca, al Rey del Mundo, a ese estado interno del alma que el iniciado reconoce como la plena realización del estado humano. Por eso se dice que aquél que se conoce a sí mismo es capaz de gobernarse y gobernar al mundo, no desde el exterior, sino por una fuerza interna que poco desea ni busca acerca de glorias y victorias mundanas y sí de conquistas celestes. Investida de las alas de Hermes, el alma recupera su vuelo y se eleva verticalmente a las altas esferas del intelecto.

Imagen:
Grabado de la Comitiva de Hermes-Mercurio.

Colección Aleteo de Mercurio 1.
La Máscara Real y su Simbólica.
Mireia Valls.
Marc García.
Ed. Libros del Innombrable, Zaragoza, 2017.