sábado, 22 de febrero de 2020

La tropa délfica II

A Delos




Sometida al embate de las olas,
errante por el piélago,
flotante isla rocosa de aspecto desolado
y nombre odioso para los humanos,
sólo tú a Leto has acogido
encinta de mellizos divinos.


A tu voluntad no ha detenido
el temor que a otras tierras ha disuadido
(¡tremendo dios es el Flechador!),
y te ha bastado un juramento benéfico
para sumarte, confiada, a tu destino.
Cuenta el poeta que has sonreído
al ver la cara de Apolo viniendo sobre ti,
recién nacido...


Comarca dorada por el brillo primero del Sol,
áurea Delos,
morada de la Deidad,
se acabó ir dando tumbos sin rumbo
de aquí para allá.
Quieta ya para siempre en la geografía,
restituida en la Inmutabilidad
de donde has surgido,
en el Ser que siempre has sido.


Colección Aleteo de Mercurio 6.
Himnos del Agartha.
Textos del Ateneo del Agartha.
Ilustraciones de Ana Contreras.
Editado en abril del 2019 por Libros del Innombrable, Zaragoza.



miércoles, 5 de febrero de 2020

La tropa délfica I

“Hemos navegado hasta Delos, nos hemos amarrado a la palmera que nos ha alumbrado por segunda vez, y ahora, como hermanos en el espíritu vivimos instalados en la Delfos mítica, depositaria del oráculo que no ha enmudecido, pues, ¿acaso no oís el tañido de la lira del inmortal Apolo? ...”


A Leto




Hija de la Inteligencia y de su brillo,
el padre Zeus te penetra
y por su favor tu vientre engendra
al Sol y la Luna, luminares de los ciclos.

Llegada la hora del parto
se te niega la gracia de las madres.
¿Puede ser que no quepa espacio ni hora
para un nacimiento divino?

Te rechazan incontables islas y ciudades
hasta que te acoge la humilde Delos.
Mas Ilitía no acude retenida por Hera,
ardiente en celos.

De tus dolores son testigos
las nobles diosas que te acompañan,
quienes ingenian que Iris vuele
a por la comadrona sagrada.

Y por fin llega la hora feliz,
blanca y gozosa Leto.
Ya de rodillas, abrazada a la palmera
te dispones al alumbramiento,
y alumbras a la vez mi pensamiento.


Colección Aleteo de Mercurio 6.
Himnos del Agartha.
Textos del Ateneo del Agartha.
Ilustraciones de Ana Contreras.
Editado en abril del 2019 por Libros del Innombrable, Zaragoza.



martes, 21 de enero de 2020

Espejito, espejito

Queremos ahora detenernos un momento en el significado del espejo, aquél que la madrastra interpela una y otra vez obsesivamente. Ya hemos advertido el uso invertido que hace de este objeto —en sí mismo mágico—, porque su objetivo no es trascender la dualidad entre ella y su imagen, sino adular solamente su belleza exterior, individual, desconociendo que el espejo mágico debe ser utilizado con fines universales, no particulares, como un medio para comprender que todos los reflejos y las formas manifestadas son imágenes especulares de la Belleza, que en su esencia es una idea más allá de todas las concreciones, pero que las incluye a todas; es decir, la Belleza entendida como la proyección de la Unidad en todos los mundos informales y formales que finalmente materializan en la tierra. Para ahondar en el significado del espejo, queremos citar aquí el siguiente texto:




El espejo refleja nuestra imagen, aunque de modo invertido. Si bien los primeros espejos de la antigüedad son de metal es obvio que el primer espejo es el lago o el río, de aguas quietas, presente en el mito de Narciso que sólo es capaz de ver su imagen exterior. En este sentido los espejos serían enemigos del Sí Mismo y el Conocimiento, e incluso capaces de atrapar la imagen del que se mira en ellos, cautivo de su individualidad. Su utilización mágica seguramente deriva de que la ilusión es imagen de la realidad como la ciudad terrestre lo es de la ciudad celeste. Nunca es verdad lo que nos dicen los espejos. (...)
El espejo es siempre el otro, el que no es el que es, o el que lo sustituye en una constante interrelación de personajes, la danza del yo y el otro. El espejo es de por sí mágico –como ya se ha dicho– y se han utilizado siempre para actos relacionados con la visión y las deformaciones que ésta puede sufrir. Hay igualmente un espejo donde todo se ve, que es atributo de adivinos y chamanes. Por otra parte, y siendo que los símbolos deben necesariamente ser enseñados y aprendidos sin lo cual no pueden comprenderse, el iniciador o hierofante cumple siempre también una función especular donde el aprendiz pueda mirarse, o viceversa. Se debe volver sobre aquello de que la imagen que proyectan los espejos es invertida con respecto a lo que reflejan, como también lo son muchas analogías. ¿Soy o no soy? Se preguntan de forma indefinida los espejos, aunque todos ellos saben que son sólo un reflejo de un Principio al que conocen, pues se mira en ellos
(1).

Nota:
1. González Frías, Federico, Diccionario de Símbolos y Temas Misteriosos (entrada: Espejo). Ed. Libros del Innombrable, Zaragoza, 2013.

Cuaderno Aleteo de Mercurio 5.
Cuentos Tradicionales, Símbolo e iniciación.
Textos de Margherita Mangini.
Ilustraciones de Ana Contreras.
Editado por Libros del Innombrable, noviembre, 2018.



martes, 7 de enero de 2020

La mujer malvada

En muchos cuentos populares aparece a menudo un personaje análogo al de la madrastra de Blancanieves: la mujer malvada. Puede ser reina, ogra, madrastra, suegra, bruja, o varias de estas cosas a la vez, pero en esencia se trata de una misma energía, o de un aspecto de ella. Hablamos de la cara oscura de la energía femenina, tan bien descrita en el comentario a la lámina número tres de los Arcanos Mayores contenido en el libro del Tarot de Federico González, donde se enuncian los aspectos invertidos de esta carta y por tanto de esta energía o corriente cósmica:

Falta de inteligencia y de gracia
Aparentar lo que no se es
Vulgaridad - Grosería - Caprichos
Coquetería - Cursilería
Dificultad de dar formas - Falta
de nobleza - Mal gusto
Inestabilidad - Exageración
Falsos brillos y éxitos
Impuntualidad – Improvisación
(1).




(...) Este personaje, invertido, es el que dificulta el camino del protagonista, el que le hace la vida imposible porque se deja cegar por sus pasiones. Tiene ciertos poderes mágicos u objetos de poder, que, sin embargo, no le otorgan el verdadero poder ya que, en vez de ponerlos al servicio de la Unidad y el Amor, los utiliza con fines particulares, separando y obstaculizando la unión, por lo que su alcance es corto. Es aquella corriente que tira para abajo, que es un impedimento en el camino de Conocimiento, que no quiere que el alma vuele libre. Es aquella mujer que quiere ocupar un lugar que ya no le corresponde, que no quiere dejar los privilegios, que es

arrastrada por unas energías compulsivas que la pierden por los recovecos del alma inferior, tan llena de deseos, obsesiones, emociones, fobias y anhelos que de no recibir el soplo del alma superior y del Espíritu conducen a un callejón sin salida. Diversos peligros y trampas acechan constantemente a la maga: lo más vil, empero, es traicionar el fin último de sus búsquedas y operaciones, que es el de la realización metafísica, sustituyéndolo por la satisfacción de pasiones o deseos demasiado humanos que además nunca llegan a saciarse. La posesión, en cualquiera de sus formas, es otro de los grandes escollos; el afán por ser dueño del otro, el pretender manejar los hilos de la vida propia o de los semejantes, el acaparar poder, saber, dinero, prestigio o fama; es decir, la ignorante ceguera de la individualidad prepotente y soberbia que se cree demasiado a sí misma e intenta suplantar al Yo único y supraindividual que no es propiedad de nadie (2).

(continuará).

Notas:
1. González, Federico, Tarot. mtm editores, Barcelona, 2008.
2. Mireia Valls, Las diosas se revelan, Colección Aleteo de Mercurio 2, Ed. Libros del Innombrable, Zaragoza, 2017.

Cuaderno Aleteo de Mercurio 5.
Cuentos Tradicionales, Símbolo e iniciación.
Textos de Margherita Mangini.
Ilustraciones de Ana Contreras.
Editado por Libros del Innombrable, noviembre, 2018.



jueves, 19 de diciembre de 2019

Y la reina murió

Ahora quizás podamos comprender por qué Blancanieves se llama así. Ella es el fruto de una idea arquetípica. Su madre la reina lo ve todo en una sola imagen, dentro de un enmarcado en el que aparecen los tres colores que hemos nombrado. Ve en un instante lo que era, es y será. Ve el proceso cosmogónico completo. Y esta visión se hace efectiva, de manera que la criatura que se encarna en su vientre nacerá portando potencialmente en sí misma todo el recorrido que deberá realizar para completar la obra alquímica, lo cual, se sepa o no, cualquier ser humano trae consigo por el hecho de ser hombre, aunque no todos despiertan a su aprehensión.

Como en todo nacimiento, tiene que haber simultáneamente una muerte. Para regenerarse, se debe morir a un estado ya caduco. Separarse del Origen es doloroso, pero hay dolor y alegría a la vez, pues comienza un viaje. Descendida esa Idea arquetípica en la tierra, ahora le toca hacer el camino de retorno a su Origen, camino no exento de obstáculos y dificultades de todo tipo, que no son otra cosa que pruebas iniciáticas. A cada uno se le presentan de una manera distinta, pero su función es la misma: pulir el alma, prepararla para el encuentro consigo misma, con su Principio.




(…) Comienza así su peregrinaje: negro, blanco y rojo, ahora a la inversa, de la tierra hacia el cielo.

(continuará).

Cuaderno Aleteo de Mercurio 5.
Cuentos Tradicionales, Símbolo e iniciación.
Textos de Margherita Mangini.
Ilustraciones de Ana Contreras.
Editado por Libros del Innombrable, noviembre, 2018.



jueves, 5 de diciembre de 2019

Blanca como la nieve, negra como la caoba

¡Ojalá tuviera yo una hija tan blanca como la nieve, tan roja como la sangre y tan negra como la madera del marco! Poco después [la reina] tuvo una hijita tan blanca como la nieve, tan roja como la sangre y de cabellos tan negros como la caoba, y por eso la llamó Blancanieves (1).

Queremos dar aquí algunos apuntes sobre el simbolismo de los colores, teniendo en cuenta que cada color, como cada símbolo, puede tener múltiples significados sin que éstos sean contradictorios entre sí. En particular nos interesan los tres que se destacan en este cuento, el rojo, el blanco y el negro y para ello recurrimos al libro del Tarot de Federico González, en cuyas páginas leemos lo siguiente:

Rojo. Color de la sangre, de la pasión, el amor y el corazón, constituye el fluido y fuego vital. Es el color cálido por excelencia. Blanco. Es el color de la pureza indeterminada, de la manifestación esencial expresada por la ausencia. De él proceden los demás colores a través del prisma de la atmósfera, y en él se sintetizan. Negro. En su sentido inferior el negro es el color de luto, muerte, envejecimiento y dolor. En su sentido más alto es el que precede al blanco, y del que éste extrae su razón. Si el blanco manifiesta al Ser, el negro expresa el No-Ser, o la inmanifestación. Es la muerte que antecede al nacimiento (2).
(…)

Sintetizando, estos tres colores tienen una simbólica cosmogónica y reflejan el camino que el Ser realiza de arriba abajo, pero al mismo tiempo expresan, como veremos en el próximo acápite, las etapas de la iniciación u obra alquímica, que se cumple de abajo a arriba y va del negro de la putrefacción, pasando por el blanco de la purificación, el rojo de la plena realización y la absorción final en el Negro absoluto.

(continuará)



Notas:
1. Grimm, Jacob y Wilhelm, Cuentos de niños y del hogar, vol. I y II. Ed. Anaya, Madrid, 1985.
2. González, Federico, Tarot. mtm editores, Barcelona, 2008.

Cuaderno Aleteo de Mercurio 5.
Cuentos Tradicionales, Símbolo e iniciación.
Textos de Margherita Mangini.
Ilustraciones de Ana Contreras.
Editado por Libros del Innombrable, noviembre, 2018.



domingo, 1 de diciembre de 2019

Sobre la Deidad supraesencial y misteriosa

Por eso, de ninguna manera debe uno atreverse a hablar ni a pensar nada sobre la Deidad supraesencial y misteriosa fuera de lo que nos ha sido divinamente revelado por las Sagradas Escrituras. En efecto, conocer su supraesencia excede nuestra razón, conocimiento y naturaleza. Tenemos que contar con un conocimiento supraesencial para podernos elevar hacia las alturas, y en la medida que nos lo permita el rayo luminoso de la palabra de Dios, acercarnos a tan altos resplandores con la prudencia y piedad que corresponde a lo divino.

Pues, efectivamente, si hay que dar crédito a la sapientísima y veracísima teología, lo divino se le descubre a cada alma en la medida de su propia capacidad. Y se puede ver la Bondad divina, que con justicia salvadora reparte su infinitud de modo admirable entre las cosas limitadas.

Dionisio Areopagita, Los nombres de Dios.




Colección Aleteo de Mercurio 3.
Entre el No Ser y El Ser. Antología para hamacados.
Selección de textos Marc García.
Fotografías de Lucrecia Herrera.
Editado por Libros del Innombrable, septiembre, 2017.