lunes, 21 de octubre de 2019

Una tierra pura

En cierta ocasión, un monje preguntó al Maestro chan Tung Shan:

— ¿Dónde debo ir para mantenerme apartado del calor en verano y del frío en invierno?

— Bueno –dijo el Maestro con un aire muy reflexivo–, lo mejor es que vayas a un lugar donde no haga calor en verano ni frío en invierno.

— ¿Cuál es ese lugar? –preguntó el monje.

— Es el lugar donde realmente es abrasador en verano y helador en invierno –fue la respuesta.

Alexander Holstein, 100 koans del Budismo Chan.




Colección Aleteo de Mercurio 3.
Entre el No Ser y El Ser. Antología para hamacados.
Selección de textos Marc García.
Fotografías de Lucrecia Herrera.
Editado por Libros del Innombrable, septiembre, 2017.



martes, 8 de octubre de 2019

Teatro, la vida es puro teatro

“Teatro, la vida es puro teatro”, tararea el estribillo del bolero contemporáneo. Por eso no podemos finalizar estos himnos sin dejar de evocar al gran Dioniso, dios multiforme, el de las mil máscaras, el que llega y trae el regocijo y el éxtasis, el que con su vino embriagador despierta el furor mistérico, el exceso desmedido, el encuentro con lo más oculto y desconocido. Unámonos a su cortejo dejando de lado el acomodo, el miedo a la muerte, la pereza y el prejuicio. Dioniso-Baco nos lleva a las puertas del abismo, a la contemplación del ámbito sin rostro de la deidad, al encuentro con nuestra verdadera esencia supracósmica, tal su cercanía al Dios Desconocido.
Líber, en tu desenfreno y pétreo silencio se resuelve toda paradoja. ¡Vino y música nos inunden y operen la transmutación alquímica del alma!


A Dioniso y sus ménades
Braman los montes, braman los valles,
¡Evohé, Evohé!, se oye clamar al tíaso.
Llega “el Libertador”, anunciado por sus ménades
que entre aulós y címbalos avanzan serpenteando
celebrando tu llegada entre vítores y alabanzas.
Te manifiestas glorioso desde el corazón de la Tierra,
evocando, Dimorfo, tu más sagrada estirpe
mientras escoltado por fieras avanza el ruidoso séquito
esgrimiendo los tirsos ornados de hiedra y parra.


Divina locura a la que invitan tus danzas,
que de puro entusiasmo contagian al orbe entero.
Acudimos sin demora a la cita tus iniciados
entonando exaltados ditirambos,
e integrados a tu séquito nos despojamos de ceñidores.
Confundidos entre tus ménades
se arquea sin control el cuerpo
describiendo extáticos giros
al perderse el vínculo que nos ata a los sentidos.
Del tirso penden los lazos que nos unen con lo divino
y se agitan como serpientes danzando en la algarabía.

Dios inmortal del vino que mana de los manantiales,
de él se embriaga el alma del mundo
para devolver a su Origen a las presas del olvido.
A lo lejos retumba el monte y silencioso queda el fértil valle
al acompasarse a tu corazón el mío.
Atrás quedan címbalos y flautas
cuando el Misterio te rapta y tu nombre borra por siempre
esfumándolo en la Nada.

Ya no importa quiénes fuimos;
se disuelven las ilusiones y renace lo verdadero,
y tendidos exhaustos sobre la fría hiedra
se abre nuestra mirada más allá de las estrellas.
De lo más negro de la noche del alma
surge el desgarrado clamor que libre te evoca,
Dioniso, Misterioso, invocando tu llegada.
¡Evohé!


Colección Aleteo de Mercurio 6.
Himnos del Agartha.
Textos del Ateneo del Agartha.
Ilustraciones de Ana Contreras.
Ed. Libros del Innombrable, Zaragoza, 2019.



domingo, 22 de septiembre de 2019

Teatro Sagrado

Las máscaras forman parte del teatro sagrado, íntimamente vinculado a los ritos dionisíacos, que ofrece la posibilidad, como dice la inscripción, de conocerse a sí mismo y de acceder a la Memoria original, de la que dan fe Melpómene y Talía, musas de la tragedia y la comedia respectivamente.


El Teatro es una de las artes tradicionales con las que realizar un trabajo de transmutación interna (1).

Generosa madre, el teatro nos brinda la activación de la memoria original sobre todo aquello que hemos olvidado, que no podemos recordar, y consolida paradójicamente nuestro núcleo central al que se llega en este caso por la anamnesis, la “reminiscencia” y también, como ya sabemos, por otras tantas vías tradicionales (2).

Imagen:
La tragedia y la comedia. Pintura sobre huevo de avestruz. Ana Contreras.

Notas:
1. Federico González Frías, Diccionario de Símbolos y Temas Misteriosos, entrada: “Teatro”.
2. Federico González Frías, Tres teatro Tres, “Adenda”.

Cuaderno Aleteo de Mercurio 4.
En el Taller Hermético, Notas y bocetos alquímicos.
Ana Contreras.
Ed. Libros del Innombrable, Zaragoza, 2018.



lunes, 9 de septiembre de 2019

Príncipes de la Paz

Todos los seres humanos actuamos, y los reyes no son una excepción. Su desempeño puede ser patético como el de los monarcas actuales, o bien estar imbuido de alguna comprensión de la Idea o faceta que a través de su actuar se simboliza, tal el caso de los grandes reyes cultores de reinos y ciudades de la Antigüedad mítica (los reyes David y Salomón, el rey Numa Pompilio de Roma, el rey Erecteo de Atenas, etc.). ¿Y qué Idea es esa? Hermes Trismegisto lo expresa así:

La virtud del rey, es más, el solo nombre de rey, confiere la paz. Pues el rey es llamado así porque se apoya con pie ligero sobre el poder supremo, y porque es dueño de la palabra que produce la paz, y porque ha nacido para llevarla sobre el dominio de los bárbaros; y por ello el solo nombre de rey es símbolo de paz (1).

Una paz que no es una ñoñería ni tampoco pasividad, sino la conciliación enérgica de opuestos aparentemente irreductibles por obra del Amor y del dios Hermes, patrón de todas las disoluciones, coagulaciones y transmutaciones. Una efectivización de la Unidad en todos los planos de la Existencia universal y por tanto en toda situación y coyuntura temporal.

Hoy en día sigue habiendo espacios que son gobernados cabalmente con arreglo a esta ley, aunque están ocultos y suelen ser extraordinariamente pequeños. Su territorio puede no ser más vasto de lo que ocupa una habitación, y las más de las veces hay un único habitante en ellos: aquél que por alguna afortunada circunstancia se ha dado cuenta de que está ungido como rey de sí mismo y asume conscientemente el papel que le ha correspondido en el gran Teatro del Universo, es decir, su Destino.

Debemos remontarnos hasta el Renacimiento isabelino y su proyección en la Europa central de finales del siglo XVI y principios del XVII para dar con reinos que aún estaban regidos por hombres y mujeres conscientes de su alta misión actoral como príncipes de la paz y guardianes de la Tradición de Hermes (2): Rodolfo II, Federico V del Palatinado... y, claro está, Isabel I, la “Reina Hada”, “Reina Virgen” y “Gloriana Regina”.


El reinado de más de 40 años de la reina Isabel (1558-1603) significó un resurgimiento de la Tradición Hermética al margen de las espesas sombras del rigorismo religioso que se cernían sobre las luces de la intelectualidad espiritual y habían acabado por asfixiarla completamente en el ámbito de la Contrarreforma. No es casual que las artes liberales floreciesen bajo la égida de esta “actriz cósmica”, ni que en su tiempo se compusiesen libre- tos teatrales que hoy continúan transportando nuestro pensamiento a planos más elevados del ser y proporcionándonos claves para el Conocimiento (3). Libretos que fueron representados con grandeza en su época y que todavía iluminan de vez en cuando los teatros de nuestras grises ciudades —siempre que el director no sucumba a la moda de manipular la pieza para darle ‘mayor actualidad’ e introducir una ‘tensión psicológica que mantenga el interés del espectador’, y deje que sean solamente la comprensión de los parlamentos por los actores y las acotaciones del autor en el texto quienes conformen el carácter de los personajes y el desarrollo de la trama—.

Imágen:
“Retrato arco iris” de Isabel I de Inglaterra, Isaac Oliver, 1600.

1. Hermes Trismegisto, Corpus Hermeticum, XVI- II.
2. “Se cree que el romance de Johann Valentín Andreae, Las bodas químicas de Christian Rosencreutz, refleja la corte de la princesa Isabel [Estuardo] y del elector palatino en Heidelberg, y que expresa en lenguaje mítico las aspiraciones rosacruces que los rodeaban”. (Frances A. Yates, Las últimas obras de Shakespeare; una nueva interpretación.)
3. “Pero nosotros somos espíritus de otra suerte: yo, muchas veces he jugado con el amor de la mañana, y, como un guardabosque, puedo andar por las selvas hasta que los pórticos de Oriente, todos encendidos de rojo, abriéndose sobre Neptuno, con hermosos fulgores felices, conviertan en amarillo oro sus verdes ondas saladas”. (William Shakespeare, Un sueño de la noche de San Juan.)

Colección Aleteo de Mercurio 1.
La Máscara Real y su Simbólica.
Mireia Valls y Marc García.
Ed. Libros del Innombrable, Zaragoza 2017.



martes, 20 de agosto de 2019

¿Quién es Venus?

Un último impulso apunta a la clave de bóveda, a la puerta estrecha que culmina los misterios del Amor, de los que nada más puede decirse salvo lo que Afrodita con su reaparición en el escenario de la cosmogonía vuelva a velar y revelar, a escribir con letras invisibles pero ardientes, atractivas, conformando un discurso indefinido e inagotable en sus múltiples manifestaciones.


¿Quién es éste que aparece ahora con la diosa siempre joven y lozana retozando por los bosques y los montes con su cortejo frenético? Es Dioniso, el privado de razón, el libertador, el que rompe las cadenas de los sentidos y atrae hacia sí a un séquito de mujeres poseídas por el furor mistérico. ¡Poderosa unión la de Venus y Baco en el alma del iniciado! Tiene la fuerza de la imantación, de jalar a sus adeptos hacia el misterio inefable gracias al franqueo de todos los límites. Las Ménades son arrancadas de su vida ordenada y al oír el son de los címbalos y las siringas abandonan su seguridad, su existencia circunscrita al rito cíclico de la vida y se lanzan durante las fiestas dionisíacas al desenfreno, al canto y la danza extenuante que desgarra los corsés de la mente, abriendo filones desde las profundidades del abismo hasta el punto más elevado del zenit. El grito, explosión de vida y de muerte, encamina el alma al altar del sacrificio. El delirio báquico no es una demencia patológica de la mente, sino un delirio intelectual que aúna la aniquilación total y el éxtasis de la liberación. Las poseídas por el dios son unas locas de amor por el conocimiento de lo que es más que humano. Han visto la máscara que porta el dios y desean fundirse con la nada vertiginosa de su otro lado inexistente. La vida de los dioses no se puede alcanzar rodando por la periferia de la rueda. Hay que atravesar murallas invisibles, círculos concéntricos guiados por Amor. Dejarse raptar por el furor dionisíaco y venusino.

El hijo de esta pareja inesperada es un ser deforme con un miembro viril siempre erecto, símbolo del eje del mundo que derrama sus semillas a toda la creación, deidad rústica de la fecundidad y los jardines, de la rueda de la vida en constante regeneración, Príapo. Con la llegada de la primavera esparce los gérmenes que la diosa, infatigable, se encargará de distribuir, religar y devolver a su origen increado.

Terminamos tal cual comenzamos, preguntándonos una vez más ¿quién es Venus?


Imágenes:
1. Abraham Janssens, Venus y Baco con Ceres.
2. Eustache Le Sueur, Venus duerme entre las nubes.

Cuaderno Aleteo de Mercurio 2.
Las Diosas se Revelan.
Mireia Valls con la colaboración de Lucrecia Herrera.
Editado por Libros del Innombrable, mayo, 2017.



lunes, 5 de agosto de 2019

El artífice de todo, la Sabiduría, me lo enseñó

Fue él quien me concedió un conocimiento verdadero de los seres,
para conocer la estructura del mundo y la actividad de los elementos,
el principio, el fin y el medio de los tiempos,
los cambios de los solsticios y la sucesión de las estaciones,
los ciclos del año y la posición de las estrellas,
la naturaleza de los animales y los instintos de las fieras,
el poder de los espíritus y los pensamientos de los hombres,
las variedades de las plantas y las virtudes de las raíces.
Cuanto está oculto y cuanto se ve, todo lo conocí,
porque el artífice de todo, la Sabiduría, me lo enseñó.


Del Libro de la Sabiduría de Salomón.

Colección Aleteo de Mercurio 3.
Entre el No Ser y El Ser. Antología para hamacados.
Selección de textos Marc García.
Fotografías de Lucrecia Herrera.
Editado por Libros del Innombrable, septiembre, 2017.



sábado, 20 de julio de 2019

Sabiduría y Amor


Finalizamos esta invocación a la diosa con la continuación del himno que le dedicara Proclo, que la adoptó como su guía y protectora mientras estuvo a la cabeza de la Academia neoplatónica de Atenas:

Escúchame, tú que irradias una luz pura de tu rostro;
dame un puerto feliz a mí, errante en la tierra,
da a mi alma de tus sacras palabras luz pura,
sabiduría y amor; infunde en mi amor una fuerza
tan grande y de tal clase que me saque
de nuevo de las cavidades terrestres rumbo al Olimpo hasta la morada de tu padre.

Y si una infausta vicisitud de mi vida me domina
—pues sé que soy atormentado ya de un lado ya de otro, por muchas
acciones impías, que cometí con ánimo insensato—,
sé propicia, dulce consejera, salvadora de mortales, y no dejes que
sea presa y botín para las horrendas Vengadoras
postrado en tierra, porque suplico ser tuyo.
Da a mis miembros una salud firme e indemne,
y aleja la multitud de odiosas enfermedades que consumen la carne,
sí, suplico, reina, y con tu mano divina
haz cesar toda desgracia de negros dolores.
Da a mi vida, en su travesía, vientos en calma,
hijos, matrimonio, gloria, felicidad, gozo amable,
persuasión, charla de amigos, espíritu sutil,
fuerza contra los enemigos, sitio de preferencia entre el pueblo.
Escucha, escucha, reina; llego a ti invocando con abundantes plegarias,
por imperiosa necesidad; y tú presta oído favorable (1).

1. Proclo, “A Atenea, muy prudente”, (extracto).

Imagen:
Richard Cosway, Minerva y Cupido.

Cuaderno Aleteo de Mercurio 2.
Las Diosas se Revelan.
Mireia Valls con la colaboración de Lucrecia Herrera.
Editado por Libros del Innombrable, mayo, 2017.