X. Robert Fludd (1574 – 1637)
Uno de los personajes clave ligado con la ciencia hermética (y de lo que devendrá en la ciencia moderna) es Robert Fludd (1), considerado también uno de los últimos maestros renacentistas tras el cual las ideas neoplatónicas, inflamadas por los versos de Marsilio Ficino y Pico della Mirandola en la Academia Florentina, se desarrollarán de forma subterránea en la historia de Occidente, siendo el método lógico-formal mecanicista asociado a Descartes el que gobernará en general el pensamiento occidental, incidiendo directamente en el nacimiento de la ciencia moderna.
En sus más de 2000 páginas publicadas, el autor muestra una amplitud de pensamiento que abarca la totalidad del cosmos, incluyendo desde la parte más alta ligada a la metafísica hasta la más baja vinculada a las intrigas individuales, pasando por las jerarquías divinas, la armonía musical, la simpatía entre el macrocosmos y el microcosmos, las artes y la medicina. Todo ello viviendo siempre al máximo de sus posibilidades. Miembro de una buena familia, participó de varios círculos intelectuales, viajó por toda Europa, fue protegido del rey y estableció amistad con sabios de distintas ramas de conocimiento de Occidente.
Robert Fludd nace en el seno de una familia noble (2) de doce hermanos en enero de 1573/4 en Milgate House, Kent, Inglaterra. Siguiendo lo que parece una constante en los autores presentados en este volumen, decide no seguir el camino familiar —que iba más por la abogacía y las leyes— y escoge irse a estudiar al St. John´s College de Oxford (3). Así, en 1592 es aceptado en la facultad de medicina (4). Es desde este momento que el joven de mente inquieta empieza a coleccionar libros herméticos, compilando el saber recogido a través de autores de distintas épocas y accediendo también de este modo a los diferentes métodos que cada una de las ciencias promueve para llegar al Conocimiento. Entre los autores que aparecen referenciados en sus obras y que más le influencian se encuentran grandes alquimistas, magos y teúrgos como Roger Bacon, Robert Grosseteste, Arnaldo de Vilanova, Paracelso, Cornelio Agrippa, Johannes Reuchlin y su discípulo Petrus Galatinus, Guillermo Postel, Nicolás de Cusa y Pico della Mirandola. También recurre a la traducción latina de Marsilio Ficino del Corpus Hermeticum y a los Oráculos Caldeos, que éste atribuía a Zoroastro. Entre los filósofos alejandrinos: Plotino, Jámblico y Synesius, discípulo de la directora de la Academia neoplatónica de Alejandría, Hipatia. También clásicos como Platón, Apuleyo, Heráclito, Empédocles, Pitágoras y los órficos. Y, finalmente, entre los medievales, Juan Escoto Erígena y Dionisio Areopagita. En fin, no es de extrañar que pudiera dar a luz una obra hermético-enciclopédica de tal envergadura con semejante compañía.
Tras finalizar sus estudios en julio de 1598 decidió embarcarse en el descubrimiento de la Europa continental, pues consideraba que la educación que había recibido en la universidad no era suficiente para sus amplios intereses intelectuales. Por lo que durante los siguientes seis años Fludd recorrería Francia, España, Italia y Alemania, donde establecería contactos con miembros clave de las distintas cortes (5). Una vez finalizado su periplo europeo, el joven científico retorna a Inglaterra y se postula como miembro del Colegio de Físicos donde establecerá lazos estrechos con William Harvey, Richard Andrews y Sir William Paddy —a quien dedicará su Medicina Catholica— empezando a ejercer como médico (6). El desempeño de su trabajo le proporcionó una fama inusitada, especialmente teniendo en cuenta que orillaba los remedios de la medicina aristotélica-galiana y por el contrario empleaba todo aquello que tuviera que ver con la magia natural como los ungüentos, las hierbas medicinales, los productos químicos o las preparaciones magnéticas diseñadas para operar a distancia (7). También se dice de él que usaba el canto para tratar enfermedades “psicológicas” y que leía tratados metafísicos a sus pacientes, lo cual no hace sino recordarnos la importancia de la Palabra como sanadora, presente en tantas tradiciones alrededor del globo.
Lo curioso de este autor es que hasta ese momento todavía no había publicado ninguna obra. Tomaba notas, estudiaba, establecía relaciones, contemplaba e investigaba constantemente en su laboratorio alquímico (8), pero ni una letra publicada de su puño. El tiempo iba transcurriendo, su fama e influencia iba aumentando y con ellas sus círculos de amistades, que bien se pueden resumir en tres. En primer lugar, aquellas que rodeaban a John Thornborough (1551-1641), obispo de Worcester y su castillo en Hartlebury cuyos contemporáneos describían como “un retiro apolíneo, una biblioteca viva, una academia floreciente o una abadía para creyentes” (9). Fludd dejó escrito sobre el obispo “mi singular amigo, el más prominente en escrutar rigurosamente los misterios de la naturaleza donde reside la verdadera luz del mundo y el tesoro de tesoros” (10). El segundo círculo se nucleaba en torno a Robert Bruce Cotton (1571-1623) y su conocida biblioteca (11), donde también se reunían anticuarios y otros estudiosos de la ciencia hermética entre los cuales destacan Francis Bacon, Ben Johnson y John Dee, del que se dice adquirió parte de su biblioteca tras su muerte. Finalmente, el tercer círculo estaba formado por los compañeros de la Escuela de Físicos de Londres, doctores y físicos como los ya nombrados Sir William Paddy y William Harvey.
El retrato que emerge del joven científico, teniendo en cuenta sus amistades e intereses, es el de un reputado doctor en medicina que empleaba al mismo tiempo las ciencias herméticas como soporte del desarrollo intelectual de sí mismo, como herramienta y pieza fundamental para restablecer el orden cósmico a través de la comprensión de las ideas, y finalmente para adentrarse en el ámbito metafísico. Asimismo, también gozaba de un gran reconocimiento social-intelectual en la Inglaterra de entonces; reputación que, como toda proyección social, no sólo le reportó interesantes amistades, sino igualmente detractores.
En 1614 y 1615 se publican los dos manifiestos rosacruces en Kassel —la Fama Fraternitatis y la Confessio— causando un gran revuelo entre los ámbitos intelectuales del momento, incluidas distintas cortes. Aunque nos ocuparemos del tema rosacruz en el siguiente capitulo, digamos que los autores de los manifiestos, miembros de la fraternidad de la Rosa Cruz, apostaban por una reforma universal basada en valores cristianos y en traer al presente la sabiduría de la antigüedad. Los manifiestos alcanzaron rápidamente una gran popularidad, aunque como era de esperar en una Europa enmarañada por las guerras religiosas, no todo fueron simpatías. Los manifiestos levantaron ampollas en una parte de la población. Entre los detractores, uno de los más destacados fue Andreas Libavius (1540-1616), químico luterano alemán que atacó a la fraternidad argumentando que los manifiestos patrocinaban el uso de la magia diabólica, la herejía y la sedición, todo lo cual quedó recogido en su Analysis of the Confession of the Fraternity of the Rosy Cross (Frankfurt, 1615). La aparición de este libreto fue el hecho que provocó que Robert Fludd, a sus cuarenta años de edad y tras más de veinte años de investigación intelectual, práctica alquímica y medicina natural sin ninguna obra impresa, decidiera publicar su primer escrito: Apologia Compendiaria, un brevísimo texto en el que defiende la reforma universal de los rosacruces y que un año más tarde ampliará en Tractatus apologeticus integratem Societatis de Rosea Cruce defendens (12). Fludd argumentaba que la magia, la astrología y la cábala son artes y que si se las sabe emplear, se puede llegar mediante ellas en última instancia al ámbito ontológico y metafísico. Al mismo tiempo, lamenta el deplorable estado de las enseñanzas universitarias, demasiado ligadas a la superficialidad aristotélica-galénica y que olvidan la esencia que permanece oculta detrás de cada fenómeno, la cual, según argumenta Fludd, tiene naturaleza musical.
La publicación de los textos apologéticos de Fludd fue utilizada por sus enemigos, quienes llevaron el asunto hasta el regente Jacobo I de Inglaterra. Una audiencia en el castillo del rey fue suficiente para que el autor se pudiera defender de las acusaciones que se habían hecho contra él, aprovechando además la ocasión para explicar su concepción del cosmos, sus interrelaciones, la armonía musical y la metafísica. Todo lo cual produjo un encandilamiento tal del rey que desde ese momento pasó de acusado a protegido suyo, por lo que le otorgó varias dotes y su compromiso como su patrón.
(Continuará)
Notas:
1. Las cursivas que aparecen en las citas del autor se han mantenido siguiendo el original traducido al francés de la mano de François Fabre en 2015.
2. Su padre fue tesorero de guerra de la armada de Isabel I.
3. Durante el siglo XVI tanto Oxford como Cambridge sufren un profundo cambio en su estructura pasando de instituciones eclesiásticas (bajo el dominio tanto del papado como del rey) a centros de educación humanista donde, aparte de incluir las siete artes liberales heredadas de Roma y los ejercicios lógico-aristotélicos de la Edad Media, se empieza a estudiar latín, retórica, griego y filosofía con el fin de poder comprender mejor a los clásicos. Enrique VIII dotó a ambas universidades de las cátedras de griego y hebreo, a lo que seguiría la revisión curricular de Eduardo VI, más centrada en el humanismo y que se mantendría intacta en los reinados de María e Isabel.
4. “Era muy inusual haber estudiado medicina en Oxford. En el periodo de treinta años que va desde 1571 hasta el 1600, sólo se graduaron 50 alumnos, de los cuales 35 tenían la licencia para practicarla, tan sólo uno por año”. William Huffman. Robert Fludd and The End of the Renaissance. Independently published, USA, 2019.
5. Entre sus viajes, destacar la estancia en la corte de Federico IV (1574-1610), Príncipe Elector del Palatinado, así como también su visita a la corte del Príncipe Mauricio de Hesse-Kassel (1572-1632), gran promotor del ideario renacentista cuyo padre, también amante de las ciencias herméticas, estableció correspondencia con Tycho Brahe además de con la reina Isabel de Inglaterra y recibió la visita de John Dee en 1584-1585. En Kassel conoció a Michael Maier, el físico personal del Príncipe, y en esta misma ciudad fue precisamente donde se publicaron los dos primeros manifiestos rosacruces.
6. Sus tratamientos incluían aquellos derivados de la magia simpática, aunque no se negaba a administrar los galianos.
7. William Huffman. Robert Fludd and The End of the Renaissance. Independently published, USA, 2019.
8. El autor defendía que gracias a los experimentos con trigo fue capaz de penetrar el origen y las dinámicas del universo. Por otro lado existen registros que confirman que en uno de sus viajes por Francia Robert Fludd contrató un ayudante técnico para instalarle un laboratorio en casa.
9. William Huffman. Robert Fludd and The End of the Renaissance, op. cit.
10. Ibid.
11. Se dice que era la biblioteca más grande de la Inglaterra de entonces. A este personaje le nombra en Medicina Catholica, llamándole “amico meo singulari”.
12. Ambos tratados fueron publicados en Leiden por Godfrez Basson, hijo de Thomas Basson. Inglés afincado en Leiden e interesado en los temas esotéricos, fue al mismo tiempo el responsable de la edición de Thanus, de Alexandre Dicsone, discípulo inglés de Giordano Bruno que siguió escribiendo sobre el arte de la memoria y cuyas obras han sido recientemente editadas por Paul Ferguson (Ed. Lewis Masonic, 2020).
1. Las cursivas que aparecen en las citas del autor se han mantenido siguiendo el original traducido al francés de la mano de François Fabre en 2015.
2. Su padre fue tesorero de guerra de la armada de Isabel I.
3. Durante el siglo XVI tanto Oxford como Cambridge sufren un profundo cambio en su estructura pasando de instituciones eclesiásticas (bajo el dominio tanto del papado como del rey) a centros de educación humanista donde, aparte de incluir las siete artes liberales heredadas de Roma y los ejercicios lógico-aristotélicos de la Edad Media, se empieza a estudiar latín, retórica, griego y filosofía con el fin de poder comprender mejor a los clásicos. Enrique VIII dotó a ambas universidades de las cátedras de griego y hebreo, a lo que seguiría la revisión curricular de Eduardo VI, más centrada en el humanismo y que se mantendría intacta en los reinados de María e Isabel.
4. “Era muy inusual haber estudiado medicina en Oxford. En el periodo de treinta años que va desde 1571 hasta el 1600, sólo se graduaron 50 alumnos, de los cuales 35 tenían la licencia para practicarla, tan sólo uno por año”. William Huffman. Robert Fludd and The End of the Renaissance. Independently published, USA, 2019.
5. Entre sus viajes, destacar la estancia en la corte de Federico IV (1574-1610), Príncipe Elector del Palatinado, así como también su visita a la corte del Príncipe Mauricio de Hesse-Kassel (1572-1632), gran promotor del ideario renacentista cuyo padre, también amante de las ciencias herméticas, estableció correspondencia con Tycho Brahe además de con la reina Isabel de Inglaterra y recibió la visita de John Dee en 1584-1585. En Kassel conoció a Michael Maier, el físico personal del Príncipe, y en esta misma ciudad fue precisamente donde se publicaron los dos primeros manifiestos rosacruces.
6. Sus tratamientos incluían aquellos derivados de la magia simpática, aunque no se negaba a administrar los galianos.
7. William Huffman. Robert Fludd and The End of the Renaissance. Independently published, USA, 2019.
8. El autor defendía que gracias a los experimentos con trigo fue capaz de penetrar el origen y las dinámicas del universo. Por otro lado existen registros que confirman que en uno de sus viajes por Francia Robert Fludd contrató un ayudante técnico para instalarle un laboratorio en casa.
9. William Huffman. Robert Fludd and The End of the Renaissance, op. cit.
10. Ibid.
11. Se dice que era la biblioteca más grande de la Inglaterra de entonces. A este personaje le nombra en Medicina Catholica, llamándole “amico meo singulari”.
12. Ambos tratados fueron publicados en Leiden por Godfrez Basson, hijo de Thomas Basson. Inglés afincado en Leiden e interesado en los temas esotéricos, fue al mismo tiempo el responsable de la edición de Thanus, de Alexandre Dicsone, discípulo inglés de Giordano Bruno que siguió escribiendo sobre el arte de la memoria y cuyas obras han sido recientemente editadas por Paul Ferguson (Ed. Lewis Masonic, 2020).
Imágenes:
1. Retrato de Robert Fludd. Wellcome Library, London. Wellcome Images images@ wellcome.ac.uk http://wellcomei-mages.org
2. David Loggan. St John's College. Oxford, 1675. University of Melbourne.
3. Robert Fludd. Magnus opus: Utriusque cosmi majoris scilicet et minoris metaphysica, physica, atque technica historia, & c., Oppenheim and Frankfort, 1617–1624.
4. Robert Fludd. De Musica Mundana, 1618.
1. Retrato de Robert Fludd. Wellcome Library, London. Wellcome Images images@ wellcome.ac.uk http://wellcomei-mages.org
2. David Loggan. St John's College. Oxford, 1675. University of Melbourne.
3. Robert Fludd. Magnus opus: Utriusque cosmi majoris scilicet et minoris metaphysica, physica, atque technica historia, & c., Oppenheim and Frankfort, 1617–1624.
4. Robert Fludd. De Musica Mundana, 1618.
Colección Aleteo de Mercurio 11.
Hermetismo y Ciencia.
Alberto Pitarch.
Ed. Libros del Innombrable, Zaragoza, 2026.
Hermetismo y Ciencia.
Alberto Pitarch.
Ed. Libros del Innombrable, Zaragoza, 2026.




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