jueves, 5 de diciembre de 2019

Blanca como la nieve, negra como la caoba

¡Ojalá tuviera yo una hija tan blanca como la nieve, tan roja como la sangre y tan negra como la madera del marco! Poco después [la reina] tuvo una hijita tan blanca como la nieve, tan roja como la sangre y de cabellos tan negros como la caoba, y por eso la llamó Blancanieves (1).

Queremos dar aquí algunos apuntes sobre el simbolismo de los colores, teniendo en cuenta que cada color, como cada símbolo, puede tener múltiples significados sin que éstos sean contradictorios entre sí. En particular nos interesan los tres que se destacan en este cuento, el rojo, el blanco y el negro y para ello recurrimos al libro del Tarot de Federico González, en cuyas páginas leemos lo siguiente:

Rojo. Color de la sangre, de la pasión, el amor y el corazón, constituye el fluido y fuego vital. Es el color cálido por excelencia. Blanco. Es el color de la pureza indeterminada, de la manifestación esencial expresada por la ausencia. De él proceden los demás colores a través del prisma de la atmósfera, y en él se sintetizan. Negro. En su sentido inferior el negro es el color de luto, muerte, envejecimiento y dolor. En su sentido más alto es el que precede al blanco, y del que éste extrae su razón. Si el blanco manifiesta al Ser, el negro expresa el No-Ser, o la inmanifestación. Es la muerte que antecede al nacimiento (2).
(…)

Sintetizando, estos tres colores tienen una simbólica cosmogónica y reflejan el camino que el Ser realiza de arriba abajo, pero al mismo tiempo expresan, como veremos en el próximo acápite, las etapas de la iniciación u obra alquímica, que se cumple de abajo a arriba y va del negro de la putrefacción, pasando por el blanco de la purificación, el rojo de la plena realización y la absorción final en el Negro absoluto.

(continuará)



Notas:
1. Grimm, Jacob y Wilhelm, Cuentos de niños y del hogar, vol. I y II. Ed. Anaya, Madrid, 1985.
2. González, Federico, Tarot. mtm editores, Barcelona, 2008.

Cuaderno Aleteo de Mercurio 5.
Cuentos Tradicionales, Símbolo e iniciación.
Textos de Margherita Mangini.
Ilustraciones de Ana Contreras.
Editado por Libros del Innombrable, noviembre, 2018.



domingo, 1 de diciembre de 2019

Sobre la Deidad supraesencial y misteriosa

Por eso, de ninguna manera debe uno atreverse a hablar ni a pensar nada sobre la Deidad supraesencial y misteriosa fuera de lo que nos ha sido divinamente revelado por las Sagradas Escrituras. En efecto, conocer su supraesencia excede nuestra razón, conocimiento y naturaleza. Tenemos que contar con un conocimiento supraesencial para podernos elevar hacia las alturas, y en la medida que nos lo permita el rayo luminoso de la palabra de Dios, acercarnos a tan altos resplandores con la prudencia y piedad que corresponde a lo divino.

Pues, efectivamente, si hay que dar crédito a la sapientísima y veracísima teología, lo divino se le descubre a cada alma en la medida de su propia capacidad. Y se puede ver la Bondad divina, que con justicia salvadora reparte su infinitud de modo admirable entre las cosas limitadas.

Dionisio Areopagita, Los nombres de Dios.




Colección Aleteo de Mercurio 3.
Entre el No Ser y El Ser. Antología para hamacados.
Selección de textos Marc García.
Fotografías de Lucrecia Herrera.
Editado por Libros del Innombrable, septiembre, 2017.



miércoles, 6 de noviembre de 2019

“Dios es aquel a quien la mente conoce tan sólo en la ignorancia”

El alma no conoce nada a no ser aquello de lo que pueda recibir la idea, y compararla con el modelo que guarda en sí misma. De hecho, el alma tiene tan sólo el modelo de aquello que ha fluido al ser a partir de la primera causa y a través de ella misma.

De modo que el alma no tendrá conocimiento de aquello que se halla por encima de ella misma y, por lo tanto, tampoco lo tendrá de la primera causa. Pero cuando haya contemplado toda la ciencia de las demás cosas, extrayendo de éstas la primera causa e intuyendo su oposición a la nada, el alma obtendrá, de este modo, todo el conocimiento que pueda conseguir.

Y en esto consiste el verdadero ignorar: saber aquello que Dios no es, y no saber aquello que es.

Anónimo medieval, El libro de los veinticuatro filósofos.




Colección Aleteo de Mercurio 3.
Entre el No Ser y El Ser. Antología para hamacados.
Selección de textos Marc García.
Fotografías de Lucrecia Herrera.
Editado por Libros del Innombrable, septiembre, 2017.



lunes, 21 de octubre de 2019

Una tierra pura

En cierta ocasión, un monje preguntó al Maestro chan Tung Shan:

— ¿Dónde debo ir para mantenerme apartado del calor en verano y del frío en invierno?

— Bueno –dijo el Maestro con un aire muy reflexivo–, lo mejor es que vayas a un lugar donde no haga calor en verano ni frío en invierno.

— ¿Cuál es ese lugar? –preguntó el monje.

— Es el lugar donde realmente es abrasador en verano y helador en invierno –fue la respuesta.

Alexander Holstein, 100 koans del Budismo Chan.




Colección Aleteo de Mercurio 3.
Entre el No Ser y El Ser. Antología para hamacados.
Selección de textos Marc García.
Fotografías de Lucrecia Herrera.
Editado por Libros del Innombrable, septiembre, 2017.



martes, 8 de octubre de 2019

Teatro, la vida es puro teatro

“Teatro, la vida es puro teatro”, tararea el estribillo del bolero contemporáneo. Por eso no podemos finalizar estos himnos sin dejar de evocar al gran Dioniso, dios multiforme, el de las mil máscaras, el que llega y trae el regocijo y el éxtasis, el que con su vino embriagador despierta el furor mistérico, el exceso desmedido, el encuentro con lo más oculto y desconocido. Unámonos a su cortejo dejando de lado el acomodo, el miedo a la muerte, la pereza y el prejuicio. Dioniso-Baco nos lleva a las puertas del abismo, a la contemplación del ámbito sin rostro de la deidad, al encuentro con nuestra verdadera esencia supracósmica, tal su cercanía al Dios Desconocido.
Líber, en tu desenfreno y pétreo silencio se resuelve toda paradoja. ¡Vino y música nos inunden y operen la transmutación alquímica del alma!


A Dioniso y sus ménades
Braman los montes, braman los valles,
¡Evohé, Evohé!, se oye clamar al tíaso.
Llega “el Libertador”, anunciado por sus ménades
que entre aulós y címbalos avanzan serpenteando
celebrando tu llegada entre vítores y alabanzas.
Te manifiestas glorioso desde el corazón de la Tierra,
evocando, Dimorfo, tu más sagrada estirpe
mientras escoltado por fieras avanza el ruidoso séquito
esgrimiendo los tirsos ornados de hiedra y parra.


Divina locura a la que invitan tus danzas,
que de puro entusiasmo contagian al orbe entero.
Acudimos sin demora a la cita tus iniciados
entonando exaltados ditirambos,
e integrados a tu séquito nos despojamos de ceñidores.
Confundidos entre tus ménades
se arquea sin control el cuerpo
describiendo extáticos giros
al perderse el vínculo que nos ata a los sentidos.
Del tirso penden los lazos que nos unen con lo divino
y se agitan como serpientes danzando en la algarabía.

Dios inmortal del vino que mana de los manantiales,
de él se embriaga el alma del mundo
para devolver a su Origen a las presas del olvido.
A lo lejos retumba el monte y silencioso queda el fértil valle
al acompasarse a tu corazón el mío.
Atrás quedan címbalos y flautas
cuando el Misterio te rapta y tu nombre borra por siempre
esfumándolo en la Nada.

Ya no importa quiénes fuimos;
se disuelven las ilusiones y renace lo verdadero,
y tendidos exhaustos sobre la fría hiedra
se abre nuestra mirada más allá de las estrellas.
De lo más negro de la noche del alma
surge el desgarrado clamor que libre te evoca,
Dioniso, Misterioso, invocando tu llegada.
¡Evohé!


Colección Aleteo de Mercurio 6.
Himnos del Agartha.
Textos del Ateneo del Agartha.
Ilustraciones de Ana Contreras.
Ed. Libros del Innombrable, Zaragoza, 2019.



domingo, 22 de septiembre de 2019

Teatro Sagrado

Las máscaras forman parte del teatro sagrado, íntimamente vinculado a los ritos dionisíacos, que ofrece la posibilidad, como dice la inscripción, de conocerse a sí mismo y de acceder a la Memoria original, de la que dan fe Melpómene y Talía, musas de la tragedia y la comedia respectivamente.


El Teatro es una de las artes tradicionales con las que realizar un trabajo de transmutación interna (1).

Generosa madre, el teatro nos brinda la activación de la memoria original sobre todo aquello que hemos olvidado, que no podemos recordar, y consolida paradójicamente nuestro núcleo central al que se llega en este caso por la anamnesis, la “reminiscencia” y también, como ya sabemos, por otras tantas vías tradicionales (2).

Imagen:
La tragedia y la comedia. Pintura sobre huevo de avestruz. Ana Contreras.

Notas:
1. Federico González Frías, Diccionario de Símbolos y Temas Misteriosos, entrada: “Teatro”.
2. Federico González Frías, Tres teatro Tres, “Adenda”.

Cuaderno Aleteo de Mercurio 4.
En el Taller Hermético, Notas y bocetos alquímicos.
Ana Contreras.
Ed. Libros del Innombrable, Zaragoza, 2018.



lunes, 9 de septiembre de 2019

Príncipes de la Paz

Todos los seres humanos actuamos, y los reyes no son una excepción. Su desempeño puede ser patético como el de los monarcas actuales, o bien estar imbuido de alguna comprensión de la Idea o faceta que a través de su actuar se simboliza, tal el caso de los grandes reyes cultores de reinos y ciudades de la Antigüedad mítica (los reyes David y Salomón, el rey Numa Pompilio de Roma, el rey Erecteo de Atenas, etc.). ¿Y qué Idea es esa? Hermes Trismegisto lo expresa así:

La virtud del rey, es más, el solo nombre de rey, confiere la paz. Pues el rey es llamado así porque se apoya con pie ligero sobre el poder supremo, y porque es dueño de la palabra que produce la paz, y porque ha nacido para llevarla sobre el dominio de los bárbaros; y por ello el solo nombre de rey es símbolo de paz (1).

Una paz que no es una ñoñería ni tampoco pasividad, sino la conciliación enérgica de opuestos aparentemente irreductibles por obra del Amor y del dios Hermes, patrón de todas las disoluciones, coagulaciones y transmutaciones. Una efectivización de la Unidad en todos los planos de la Existencia universal y por tanto en toda situación y coyuntura temporal.

Hoy en día sigue habiendo espacios que son gobernados cabalmente con arreglo a esta ley, aunque están ocultos y suelen ser extraordinariamente pequeños. Su territorio puede no ser más vasto de lo que ocupa una habitación, y las más de las veces hay un único habitante en ellos: aquél que por alguna afortunada circunstancia se ha dado cuenta de que está ungido como rey de sí mismo y asume conscientemente el papel que le ha correspondido en el gran Teatro del Universo, es decir, su Destino.

Debemos remontarnos hasta el Renacimiento isabelino y su proyección en la Europa central de finales del siglo XVI y principios del XVII para dar con reinos que aún estaban regidos por hombres y mujeres conscientes de su alta misión actoral como príncipes de la paz y guardianes de la Tradición de Hermes (2): Rodolfo II, Federico V del Palatinado... y, claro está, Isabel I, la “Reina Hada”, “Reina Virgen” y “Gloriana Regina”.


El reinado de más de 40 años de la reina Isabel (1558-1603) significó un resurgimiento de la Tradición Hermética al margen de las espesas sombras del rigorismo religioso que se cernían sobre las luces de la intelectualidad espiritual y habían acabado por asfixiarla completamente en el ámbito de la Contrarreforma. No es casual que las artes liberales floreciesen bajo la égida de esta “actriz cósmica”, ni que en su tiempo se compusiesen libre- tos teatrales que hoy continúan transportando nuestro pensamiento a planos más elevados del ser y proporcionándonos claves para el Conocimiento (3). Libretos que fueron representados con grandeza en su época y que todavía iluminan de vez en cuando los teatros de nuestras grises ciudades —siempre que el director no sucumba a la moda de manipular la pieza para darle ‘mayor actualidad’ e introducir una ‘tensión psicológica que mantenga el interés del espectador’, y deje que sean solamente la comprensión de los parlamentos por los actores y las acotaciones del autor en el texto quienes conformen el carácter de los personajes y el desarrollo de la trama—.

Imágen:
“Retrato arco iris” de Isabel I de Inglaterra, Isaac Oliver, 1600.

1. Hermes Trismegisto, Corpus Hermeticum, XVI- II.
2. “Se cree que el romance de Johann Valentín Andreae, Las bodas químicas de Christian Rosencreutz, refleja la corte de la princesa Isabel [Estuardo] y del elector palatino en Heidelberg, y que expresa en lenguaje mítico las aspiraciones rosacruces que los rodeaban”. (Frances A. Yates, Las últimas obras de Shakespeare; una nueva interpretación.)
3. “Pero nosotros somos espíritus de otra suerte: yo, muchas veces he jugado con el amor de la mañana, y, como un guardabosque, puedo andar por las selvas hasta que los pórticos de Oriente, todos encendidos de rojo, abriéndose sobre Neptuno, con hermosos fulgores felices, conviertan en amarillo oro sus verdes ondas saladas”. (William Shakespeare, Un sueño de la noche de San Juan.)

Colección Aleteo de Mercurio 1.
La Máscara Real y su Simbólica.
Mireia Valls y Marc García.
Ed. Libros del Innombrable, Zaragoza 2017.