viernes, 19 de diciembre de 2025

El libro hebreo de Enoch (6 ª parte)

En la hora de la triple alabanza

Hay una hora en que los miles de miles de miríadas de ángeles de las alturas proclaman la alabanza del Principio en lo invisible (explica Metatron que son “496.000 miríadas de campamentos en la altura de Aravot y cada campamento cuenta con 496.000 ángeles”). Lo llaman Santo porque es sagrado e inviolable (1) y repiten tres veces esa palabra porque es triple en su Unidad, pues contiene en su seno a la Dualidad primordial que impregna a toda la manifestación. Cuando llega la hora de decir “Santo”,

un viento de tempestad surge de delante del Santo bendito sea y cae sobre los campamentos de la Shekinah, y una gran tormenta se levanta en medio de ellos como se ha dicho: “He aquí el huracán de YHVH, el furor se ha desencadenado, la tempestad causa estragos” (Jer 30, 23).
Enseguida los miles de miles [de miríadas de ángeles de
Aravot] se convierten en chispas, los miles de miles se convierten en antorchas, los miles de miles se convierten en brasas ardientes, los miles de miles se convierten en llamas, los miles de miles se convierten en machos, los miles de miles se convierten en hembras, los miles de miles se convierten en vientos, los miles de miles se convierten en fuego ardiente, los miles de miles se convierten en una llama, los miles de miles se convierten en chispas, los miles de miles se convierten en hachmalim de luz (2) hasta que aceptan el yugo del reino del Elevado y Exaltado, el Formador de todos, con terror, miedo, estremecimiento, sudor, gruñidos, tiritera, pavor y temblor. E inmediatamente los devuelve a su primer estado. Todo ello con el fin de que el temor de su Rey esté ante ellos en todo instante de modo que concentren su corazón para decir el canto en cada momento (...)” (3).

Cuando los ángeles oficiantes desean decir el canto, el Río de Fuego crece en varios miles de miles de miríadas de miríadas de potencias de vigores de fuego y fluye y pasa por debajo del Trono de gloria, por entre los campamentos de los ángeles oficiantes y de las cohortes de Aravot. Todos los ángeles oficiantes descienden en primer lugar al Río de Fuego y se zambullen en el fuego del Río de Fuego, después hunden su lengua y su boca siete veces en el Río de Fuego, seguidamente salen y se revisten con restos de blasón y restos de hachmal, y se disponen en cuatro filas cara al Trono de gloria en cada firmamento (4).


La pronunciación por parte de los ángeles oficiantes de la Qedoucha, la oración del Trisagion o triple “Santo”, provoca una sacudida de alcance cósmico en la que “todas las columnas de los firmamentos y su base vacilan, los portales de los palacios de Aravot tiemblan, los cimientos del universo y de Chehaquim son sacudidos, las cámaras de Ma’on y las cámaras de Makhon se retuercen, y todas las armonías de Raqia, las estrellas y las constelaciones se alarman. El orbe del sol y el orbe de la luna se apartan precipitadamente de sus circuitos y corren hacia atrás 12.000 parasanges queriendo arrojarse del cielo a causa del estruendo de la voz [de los ángeles], de su encanto, de la vibración de su potencia y de las chispas y los relámpagos que salen de su boca (...). Hasta que el Príncipe del mundo (5) les grita y les dice: inmovilizaos en vuestros lugares, no temáis nada pues los ángeles oficiantes entonan el canto ante el Santo bendito sea como se ha dicho: ‘Cuando todas las estrellas de la mañana cantaban alegremente y los hijos de Dios hacían resonar sus aclamaciones’ (Job 38, 7)” (6).

Cuando los ángeles oficiantes dicen “Santo”,

todos los nombres expresados, grabados por una pluma de llama sobre el Trono de gloria, emprenden el vuelo como águilas, provistos de dieciséis alas, y rodean y circundan al Santo bendito sea por los cuatro lados del Lugar de la gloria de su Shekinah. Los ángeles del ejército, los oficiales de llama, los ofanim de valentía, los querubines de la Shekinah, los santos vivientes, los serafines, los ér’elim, los tapsarim (7), las cohortes de llamas, las legiones [de fuego] devorador, los órdenes flambeantes, los ejércitos de llamas, los santos príncipes ornados de coronas, vestidos de realeza, cubiertos de gloria, rodeados de belleza, engalanados de magnificencia, ceñidos de majestad caen sobre sus caras tres veces y dicen: Bendito es el nombre de la gloria de su reino por siempre jamás (8).

Pero cuando los ángeles oficiantes no pronuncian el “Santo” según el orden apropiado,

un fuego devorador surge del meñique del Santo bendito sea, cae sobre sus filas, se divide en 496.000 miríadas de partes correspondientes a los cuatro campamentos de los ángeles y los devora de golpe, como se ha dicho: “Un fuego le precede cuando marcha, devorando a todos los enemigos de su entorno” (Sal 97, 3). Inmediatamente el Santo bendito sea abre su boca y, pronunciando una palabra, crea a otros en su lugar, nuevos y semejantes a ellos. Cada uno se levanta ante el Trono de la gloria y dice “Santo”, como se ha dicho: “Nuevos cada mañana, grande es tu confianza” (Lm 3, 23) (9).

(Continuará)

Notas:
1. Acepción de la palabra “santo” en el Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua.
2. Los hachmalim son un orden de ángeles centelleantes.
3. Charles Mopsik. Le Livre hébreu d’Hénoch ou Livre des Palais. Cap. 35, vv. 1, 5-6, ibid.
4. Charles Mopsik. Le Livre hébreu d’Hénoch ou Livre des Palais. Cap. 36, vv. 1-2, ibid.
5. Ver nota V del texto correspondiente a la quinta parte de esta serie de acápites.
6. Charles Mopsik. Le Livre hébreu d’Hénoch ou Livre des Palais. Cap. 38, vv. 1-3, ibid.
7. Los ér’elim y los tapsarim son altas órdenes de ángeles.
8. Charles Mopsik. Le Livre hébreu d’Hénoch ou Livre des Palais. Cap. 39, vv. 1-2, ibid.
9. Charles Mopsik. Le Livre hébreu d’Hénoch ou Livre des Palais. Cap. 40, vv. 3-4, ibid.

Imagen:
1. Ríos de fuego del volcán Kilauea. El Correo, 8 de junio de 2023.

Colección Aleteo de Mercurio 10.
La Cábala en el Corazón.
Ateneo del Agartha.
Ed. Libros del Innombrable, Zaragoza, 2025.



sábado, 6 de diciembre de 2025

El libro hebreo de Enoch (5 ª parte)

El tribunal y el juicio a la humanidad en el cielo de Aravot

Metatron enseña a Rabí Ismael que un “príncipe más exaltado que todos los príncipes, más maravilloso que todos los oficiantes” y que está por encima de todos los órdenes angélicos lleva “la cartera de los escritos en cuyo interior se halla el Libro de las memorias”, volumen en el que están consignados los hechos de la vida de todos los seres humanos. Es Dadveriel YHVH, el “príncipe de los archivos” cuyo nombre quiere decir “que de cada palabra que emana de él, sin excepción, se crea un ángel”. Dadveriel YHVH “identifica los sellos de la cartera, la abre y coge los libros que deposita en las manos del Santo bendito sea, y el Santo bendito sea los toma y los coloca en su presencia ante los escribas para que sean leídos en el gran Tribunal situado en la altura del firmamento de Aravot, ante la Familia de lo alto” (1). En un recinto frente al Trono de gloria, mirando al Santo bendito sea, se encuentran “cuatro grandes príncipes, llamados Vigilantes y Santos, más elevados, más glorificados, más temibles, más queridos, más fascinantes, más nobles, más grandes que todos los hijos de las alturas”. El esplendor del lugar en que se hallan “es parecido al del Trono de gloria” y el de su figura “se parece al resplandor de la Shekinah”, a tal punto que “ni los serafines, que son los más grandes de entre los hijos de las alturas, los pueden contemplar”. Son dos Vigilantes y dos Santos, y “cada uno de ellos posee setenta nombres correspondientes a las setenta lenguas que hay en el mundo (2) y que dependen del nombre del Santo bendito sea”. Éste “no hace nada en su mundo antes de dialogar con ellos, y a continuación actúa” (3).

Y prosigue Metatron:

Cada día sin excepción, cuando el Santo bendito sea está sentado sobre el Trono del juicio para juzgar al mundo entero y los libros de los vivos y los libros de los muertos están abiertos ante él, todos los hijos de las alturas permanecen erguidos en su presencia con terror, espanto, miedo, estremecimiento. Cuando el Santo bendito sea se sienta para juzgar sobre el Trono del juicio, su vestido es blanco como la nieve, la cabellera de su cabeza es como de pura lana, su manto es todo él como una luz radiante. Está completamente cubierto de justicia como si fuese una coraza. Los Vigilantes y los Santos están de pie ante él como los oficiales de justicia ante el juez. Debaten cada causa en particular y concluyen sobre el asunto que ha sido juzgado ante el Santo bendito sea tal como se ha dicho: “De un decreto de los Vigilantes procede esta sentencia y de una orden de los Santos esta decisión” (Dan 4, 14) (...) (4).
Cuando el gran Tribunal se sienta en la altura del firmamento de Aravot, ninguna criatura del mundo tiene la palabra a excepción de los grandes príncipes llamados YHVH por el nombre del Santo bendito sea. ¿Cuántos príncipes hay? Los setenta y dos príncipes de los reinos existentes en el mundo, sin contar el Príncipe del mundo (5) que habla en favor del mundo ante el Santo bendito sea cada día a la hora en que el libro que consigna todos los actos del mundo se abre (...) (6).

Acompañan también al Santo bendito sea en el juicio, a la derecha del Trono, la Justicia y los “ángeles de compasión”; a la izquierda, la Fidelidad y los “ángeles de paz”; y frente a él, la Verdad. Hay un escriba a los pies del Trono y un querubín por encima del sitial. Los “ángeles de destrucción” se levantan a la llamada del Altísimo y “los serafines de gloria rodean al Trono como muros, muros de relámpagos, los ofanim los envuelven como antorchas dispuestas en torno al Trono de gloria, y nubes de fuego y nubes de llamas las flanquean a derecha e izquierda” (7). Cuando el Santo bendito sea abre el libro, “mitad fuego, mitad llamas”,

[los ángeles de destrucción] se retiran de su presencia al instante para ejecutar el juicio sobre los malvados y la espada [de YHVH] es extraída de su vaina, espada cuyo resplandor irradia como el relámpago y se propaga de un extremo al otro del mundo, como se ha dicho: “Por el fuego YHVH entra en juicio, y por su espada contra toda carne” (Is 66, 16). Todos los habitantes del mundo se atemorizan y estremecen ante él cuando divisan su espada afilada como el relámpago [radiando] de un confín al otro del mundo y los rayos y las chispas que de ella brotan, tan numerosos como las estrellas del firmamento, como ha sido dicho: “Cuando habré afilado mi espada fulgurante” (Dt 32, 41) (8).

(Continuará)

Notas:
1. Charles Mopsik. Le Livre hébreu d’Hénoch ou Livre des Palais. Cap. 27, vv. 1-3, ibid.
2. Ver nota VI del texto correspondiente a la cuarta parte de esta serie de acápites. Charles Mopsik. Le Livre hébreu d’Hénoch ou Livre des Palais. Cap. 17, nota 11, ibid.
3. Charles Mopsik. Le Livre hébreu d’Hénoch ou Livre des Palais. Cap. 28, vv. 1-4; 29, 1-2, ibid.
4. Charles Mopsik. Le Livre hébreu d’Hénoch ou Livre des Palais. Cap. 28, vv. 5-8, ibid. En el Libro hebreo de Enoch no se habla de un juicio final único al término del ciclo de existencia de la humanidad presente sino de un juicio diario, permanente.
5. La identidad de este “Príncipe del mundo”, título que el cristianismo usa con un significado muy distinto al que aquí tiene, fue motivo de controversia en la literatura judaica del medioevo. El Zohar lo identifica con Metatron y esta asimilación, según observa Gershom Scholem, está avalada por las atribuciones que Metatron posee en el Libro hebreo de Enoch. Ver Charles Mopsik. Le Livre hébreu d’Hénoch ou Livre des Palais. Cap. 30, nota 4, ibid.
6. Charles Mopsik. Le Livre hébreu d’Hénoch ou Livre des Palais. Cap. 30, v. 1-2, ibid.
7. Charles Mopsik. Le Livre hébreu d’Hénoch ou Livre des Palais. Cap. 31, v. 1; 33, vv. 1-3, ibid.
8. Charles Mopsik. Le Livre hébreu d’Hénoch ou Livre des Palais. Cap. 32, v. 1-2, vv. 1-3, ibid.

Colección Aleteo de Mercurio 10.
La Cábala en el Corazón.
Ateneo del Agartha.
Ed. Libros del Innombrable, Zaragoza, 2025.