martes, 20 de enero de 2026

El libro hebreo de Enoch (8ª parte)

A modo de epílogo

Es muy extraño que nos haya tocado escribir estas últimas líneas en un instante del devenir en que se está vertiendo tanta sangre en Palestina. De los textos que hemos recordado aquí apenas queda memoria, y a lo sumo se logra aprehender sus sentidos literal y alegórico. Una lectura que resulta insuficiente para su plena comprensión (1) y que además arriesga alimentar en algunos la creencia de que la vida de los seres humanos es una pendejada de buenos contra malos o de malos contra buenos (las etiquetas de bueno y malo las pone cada cual discrecionalmente) en que los buenos creen que han de prevalecer sobre los malos porque ellos son buenos y los otros no, y los supuestos malos pretenden acabar con los presuntos buenos porque entienden que estos últimos son más malos que los considerados malos. Algo que, robando unas conocidas palabras a Shakespeare, no es más que una “historia contada por un necio, llena de ruido y furia, que nada significa” para aquel que consigue atisbar que vivimos para encantarnos con el recuerdo del Sí Mismo y entregarnos a él de este modo, o sea para serlo. Si somos lo que conocemos, con la contemplación de los lugares a los que Metatron y Rabí Ismael nos invitan y la revisita de esos paisajes con la imaginación activa podremos acceder a la vivencia de estados superiores de nuestro ser, y llegaremos a comprender verdaderamente que nuestro origen es nuestro destino. Absorbámonos en el silencio poderoso que se va a apoderar de nosotros tras la lectura de cada uno de los capítulos del Libro hebreo de Enoch, pues ello “es volver definitivamente a la Nada Primordial” (2).

Fin

Notas:
1. Desde la lectura alegórico-literal es imposible entender, por ejemplo, que el Israel que YHVH salva es el símbolo de una nación universal integrada por los iniciados de todas las tradiciones y tiempos, y que el Santo bendito sea es un aspecto del Uno, de un Principio generador único y común para todo el cosmos.
2. Federico González Frías. Diccionario de Símbolos y Temas Misteriosos. Entrada: “Silencio”, ibid.

Colección Aleteo de Mercurio 10.
La Cábala en el Corazón.
Ateneo del Agartha.
Ed. Libros del Innombrable, Zaragoza, 2025.



jueves, 8 de enero de 2026

El libro hebreo de Enoch (7 ª parte)

Visiones de Rabí Ismael sobre las alas de Metatron

En los ocho últimos capítulos del Libro hebreo de Enoch, Rabí Ismael transmite un conjunto de visiones a las que accede montado sobre las alas de Metatron (“yo fui con él y él me tomó de la mano, me izó sobre sus alas y me mostró...”). Son paisajes desde lo alto de planos elevados del Ser Universal que el Príncipe de la Faz puede recorrer libremente –como es propio de quien se cosmiza y deifica–, y cuya visión comparte libre y gratuitamente con aquel que, habiendo invocado al Principio y vacío de sí mismo, le han sido abiertas las puertas de los palacios del cielo de Aravot. En estos vuelos, Metatron enseña al rabino las letras grabadas en el Trono de gloria por las que el mundo, los cielos, los ángeles y la propia Merkaba han sido creados; las aguas superiores y el fuego, la nieve y el granizo de lo alto; las almas de los justos que han sido creados y han regresado a su origen y las de los que aún no han sido creados; el lugar a donde van a parar las almas de los malvados y las de los tibios; las almas de los “padres del mundo”, los patriarcas Abraham, Isaac y Jacob y los justos que han ascendido al cielo y oran ante el Santo bendito sea; el Velo celeste en el que están inscritas “todas las generaciones de las generaciones del mundo, todos los actos de las generaciones del mundo, pasadas o presentes, hasta el agotamiento de todas las generaciones”; los espíritus de las estrellas que aparecen cada noche en el firmamento; y las almas de los ángeles oficiantes abrasados por el fuego salido del meñique del Santo bendito sea, convertidas en brasas (1). La última de las visiones es la de la mano de Dios:

Rabí Ismael dijo: Metatron me dijo:
Ven y te mostraré la mano derecha del Lugar, la que se ha retirado a causa de la ruina del Templo. De ella irradian toda suerte de brillos luminosos, por ella han sido creados 955 firmamentos
(2), y ni los serafines ni los ofanim tienen permiso para contemplarla antes del día de la salvación.
Yo fui con él, él me tomó de la mano, él me izó sobre sus alas y me la mostró con todo tipo de alabanzas, de júbilo y de elogio. Ninguna boca puede decir su alabanza y ningún ojo puede contemplarla a causa del exceso de su grandeza, de su alabanza, de su prestigio, de su gloria y de su belleza. Asimismo, todas las almas que merecen ver la dicha de Jerusalén están junto a ella y la glorifican, y la llaman a la clemencia diciendo tres veces cada día: “Despiértate, despiértate, revístenos de fuerza, brazo de YHVH”
(Is 51, 9). (…) En ese momento, el brazo derecho del Lugar se pone a llorar haciendo brotar y fluir cinco ríos de lágrimas desde sus cinco dedos, los que caen en medio del Gran Mar y hacen temblar el mundo entero, como se ha dicho: “La tierra se quiebra, se parte en trozos / la tierra estalla, vuela en pedazos / la tierra se tambalea, se tambalea por todos lados / la tierra vacila, vacila como alguien que está ebrio, / es sacudida como una choza” (Is 24, 19 y ss). Cinco veces, que corresponden a los cinco dedos de su gran diestra (3).


Cuando el Santo bendito sea constata que no hay ningún justo en la generación, que no hay ningún fiel en la tierra, que no hay justicia en las manos de los hijos del hombre, que no hay ningún hombre como Moisés ni suplicante como Samuel para pedir misericordia ante el Lugar para la salvación, para la redención, para que se manifieste su reino en el mundo, para que haga reaparecer su gran diestra ante él a fin de llevar a cabo una gran salvación de Israel, en seguida el Santo bendito sea se acuerda de su justicia y de su mérito, de su compasión y de su propia fidelidad, y salva para sí mismo su gran brazo (…). “Voy a salvar a mi brazo” (Is 63, 5). El Santo bendito sea dice en ese momento: En cuanto a mí, ¿hasta cuándo voy a esperar a los hijos del hombre para realizar la liberación de mi brazo por la justicia? Yo por mí mismo, y a causa de mi mérito y mi justicia, yo voy a salvar a mi brazo y salvaré con él a mis hijos de entre las naciones del mundo, como ha sido dicho: “En mi favor, en mi favor actuaré, pues cómo mi nombre sería profanado” (Is 48, 11).
Entonces el Santo bendito sea manifiesta al mundo su gran brazo y muestra a las naciones del mundo que su longitud es como la longitud del universo, que va de un extremo del mundo al otro, que su anchura es como la anchura del universo, que la belleza de su esplendor es como el resplandor de la luz del sol en su potencia en la estación de Tamouz (4). Inmediatamente después, Israel es redimido por él de su seno y aparece el Mesías, el cual hará subir a Jerusalén [a los israelitas] con gran alegría. Y desde los cuatro reinos del mundo, el reino de Israel comerá con el Mesías, y las naciones del mundo no comerán con ellos, pues se dice: “YHVH ha desnudado su santo brazo a los ojos de todos los pueblos, y todos los confines de la tierra verán la salvación de nuestro Dios” (Is 52, 10).
Y se ha dicho: “Sólo YHVH le guía, ningún dios extranjero con él” (Dt 32, 12). “YHVH será Rey sobre toda la tierra” (Za 14, 9) (5).

(Continuará)

Notas:
1. Charles Mopsik. Le Livre hébreu d’Hénoch ou Livre des Palais. Cap. 41-47, ibid.
2. Ver nota IX del texto correspondiente a la primera parte de esta serie de acápites.
3. Charles Mopsik. Le Livre hébreu d’Hénoch ou Livre des Palais. Cap. 48, ibid.
4. Tamouz o Tamuz es un mes de 29 días del calendario hebreo que se corresponde con los meses de junio-julio del calendario gregoriano.
5. Ibid.

Imagen:
1. La mano de Dios. Fresco de la iglesia de Sant Climent de Taüll, c. 1123. Museu Nacional d’Art de Catalunya, Barcelona.

Colección Aleteo de Mercurio 10.
La Cábala en el Corazón.
Ateneo del Agartha.
Ed. Libros del Innombrable, Zaragoza, 2025.