viernes, 20 de diciembre de 2024

El Teatro en el Renacimiento. 6. La Magia en la época Isabelina

Otro de los que no sucumben a la creencia de una pretendida exclusividad y predominio de lo masculino es Cornelio Agrippa, quien no sólo reconoce explícitamente el gran papel que le corresponde a la mujer en el concierto cósmico, sino que además destaca en el panorama esotérico renacentista por sus notables facultades como mago:

difícil encontrar reunidas en una sola persona y de manera tan manifiesta las oposiciones que signan el gran combate cósmico como sucede con este hombre, Agrippa, médico, estratega militar, alquimista, síndico y ante todo mago, que hizo realidad en su persona la máxima “concordancia y discordancia” de la que nos habla Nicolás de Cusa. Pocos como él escribieron tan abiertamente sobre la magia y la teúrgia y sus aplicaciones prácticas, aunque también y sobre todo espirituales, y al mismo tiempo, lo vemos criticando a todas las ciencias y saberes, que llegó a tildar de pura vanidad. Esta paradoja lo acompañó a lo largo de su vida y obra, y en realidad es reflejo de la constante tensión cósmica, que sólo el mundo moderno se empeña en negar, o en potenciar uno de sus aspectos en detrimento del otro, olvidando que ambos se conjugan en una danza permanente, tensión que igualmente se manifiesta en el alma del iniciado que decide encarnar la plenitud del ser (1).

Agrippa entre otras cosas, escribe De la nobleza y preexcelencia del sexo femenino (2), obra que gira en torno al origen, naturaleza y destino del hombre y la mujer, constituyéndose un entramado de ideas acerca de la preeminencia de la hembra sobre el varón. “Y lo hace con argumentos sorprendentes, extraídos de la Biblia, de las historias ejemplares de mujeres y de la propia etimología de las palabras” (3). Veamos un ejemplo en el que, citando a Bernardo, explica que la primera mujer lo fue también en ser tentada por el diablo, al ver éste su admirable belleza y entender “que era tal y como la había conocido ante la luz divina, cuando por encima de todos los ángeles ella gozaba de la conversación de Dios” (4). Esta ubicación elevada y profunda, la encontramos igualmente en los mitos de otras cosmogonías, empezando por las mesopotámicas. En esas historias podemos ver cómo la diosa Inanna, análoga a la Ishtar babilónica, la Astarté fenicia, la Isis egipcia, la Venus romana, y en fin, la Afrodita griega, etc., es exaltada a lo más alto e insondable de las jerarquías divinas, lo que acaso insinúa el valor de la matriz cósmica simbolizada por el sexo femenino, la Naturaleza misma. En la obra Genealogía de los dioses paganos (5) de Giovanni Bocaccio, la Naturaleza aparece representada en el Vestíbulo de la Eternidad, como guardiana de la “cueva de la vida inmensurable que de su vasto regazo suministra y retira los tiempos” (6). También hay una explicación acerca del decorado simbólico que enmarca la escena y ubica al espectador: “una serpiente abarca el antro en el que con plácido numen consume todas las cosas y continuamente se reviste de escamas y volviendo la boca devora su cola recorriendo nuevamente los orígenes en silencioso deslizamiento” (7).


(Continuará)

Notas:
1. Federico González y Mireia Valls. Presencia Viva de la Cábala II. “Enrique Cornelio Agrippa”. Ed. Libros del Innombrable, Zaragoza, 2013.
2. Enrique Cornelio Agrippa. De la nobleza y preexcelencia del sexo femenino. Ed. Índigo, Barcelona, 1999.
3. Federico González y Mireia Valls. Presencia Viva de la Cábala II. “Enrique Cornelio Agrippa”. Ed. Libros del Innombrable, Zaragoza, 2013.
4. Enrique Cornelio Agrippa. De la nobleza y preexcelencia del sexo femenino. Ed. Índigo, Barcelona, 1999.
5. Giovanni Boccaccio. Genealogía de los dioses paganos. Editora Nacional, Madrid, 1983.
6. Claudio Claudiano. Alabanzas de estilicón, II 424-435.
7. Ibid.

Imagen: 1. Theodor Galle. Grabado del Veridicus Christianus de Jan David, 1601.

Colección Aleteo de Mercurio 8.
Teatro Sagrado. El juego mágico de la memoria o el arte de percibir la teatralidad de la vida.
Carlos Alcolea.
Ed. Libros del Innombrable, Zaragoza, 2021.



jueves, 5 de diciembre de 2024

El Teatro en el Renacimiento. 5. La Magia en la época Isabelina

(Viene del capítulo anterior, donde se habla de la obra teatral Hamlet, el príncipe de Dinamarca, de William Shakespeare. En dicho capítulo, su protagonista enumera facetas perversas en todos los personajes que le circundan reconociéndolas en sí mismo).

Mal que le pese al género masculino, se ha de admitir que no anda errado con estas confesiones a su contraparte femenina personificada en la bella Ofelia, hecha a imagen y semejanza de las dos Venus: la uránica o celestial, —equivalente a la Sabiduría que se refleja en la Inteligencia y da lugar al Conocimiento como medio de proyección que se concreta en el mundo formal—, y la ctónica e infernal, a la que a continuación se referirá Hamlet con rotundidad, exponiendo aquellos aspectos invertidos en que se manifiesta la diosa del amor, acerca de lo cual existen abundantes referencias, como es el caso de Lilith en las mitologías mesopotámica y hebrea. Discurso insultante para una multitud en la vorágine de la confusión reinante, que es lo que precisamente encarna esta entidad sedienta de sangre.

La Naturaleza os dio una cara, y vosotras os fabricáis otra distinta. Andáis dando saltitos, os contoneáis, habláis ceceando, y motejáis a todo ser viviente, haciendo pasar vuestra liviandad por candidez (1).


El rigor con que denuncia la perfidia en el mal llamado sexo débil, quizá pueda ser tildado de ofensivo y discriminatorio de acuerdo a determinados prejuicios que enmarcan nuestra mentalidad actual. Cierto es que la obra está escrita en una época en que a la mujer se le complicarán cada vez más las cosas, con no pocas dificultades para acceder al conocimiento y casi nulas posibilidades de llevar una vida medianamente digna, puesto que en general se las ningunea, pero ello no quita para tener en cuenta la existencia de excepciones muy notables e influyentes a la hora de abrir nuevos espacios mentales, que no sólo no participan del embotamiento general, sino que, reconociendo una vinculación invisible con el origen, más allá de la individualidad, afrontan la igualdad por lo más alto, sin distinción de sexo. En este sentido, cabe considerar la afinada inteligencia que distingue a las féminas en las obras de Shakespeare, tal el caso de Porcia en El Mercader de Venecia, una encantadora representación de la Sabiduría, mientras que su reverso tenebroso sería Lady Macbeth.


(Continuará)

Notas:
1. William Shakespeare. Obras completas I. “Hamlet, Príncipe de Dinamarca”, Ed. Aguilar, Madrid, 2003.

Imágenes:
1. Johann Heinrich Füssli. ‘Falstaff descubierto en la cesta de la ropa’, inspirado en la obra Las alegres comadres de Windsor, 1792.
2. Edward Alcock. Portia y Shylock. El Mercader de Venecia, IV, I, 1778.
3. Ellen Terry como Lady Macbeth, 1889.

Colección Aleteo de Mercurio 8.
Teatro Sagrado. El juego mágico de la memoria o el arte de percibir la teatralidad de la vida.
Carlos Alcolea.
Ed. Libros del Innombrable, Zaragoza, 2021.